Vie. Abr 16th, 2021

Las medidas más seguras contra la propagación del virus implican un parón de la actividad económica,

Algunos gobernantes no acaban de entender cuál es su función en la sociedad. Les hemos puesto ahí para servirnos y ellos deciden que, en vez de eso, prefieren utilizar su cargo para hacer política barata o politiquerío, ladrido y tentetieso, intoxicación de masas, mentira disfrazada de nada. El espectáculo que ayer nos ofreció Madrid eleva esa tendencia política al grado de paroxismo. No se puede ser equidistante en este caso. La postura del ministro de Sanidad, Salvador Illa, que defiende la restricción de la movilidad en toda la capital y una recomendación de confinamiento en casa, está basada en la mejor ciencia disponible. La tenacidad de la presidenta regional, Isabel Díaz-Ayuso, en evitar esas medidas drásticas y sustituirlas por un laberinto de barrios y zonas sanitarias que ni los vecinos saben interpretar, solo pueden deberse a la presión irracional de las fuerzas económicas y a las directrices politiqueras de Génova, que no ceja en su empeño de aprovechar la pandemia para recuperar parte del chorro de votos que ha perdido por el extremo derecho de su espectro.

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