Lun. Mar 8th, 2021

La Concha de Oro a la georgiana ‘Beginning’, añadidos los premios a la mejor dirección, guion y actriz, me descoloca hasta extremos hilarantes,

Esta edición tan meritoria del festival de San Sebastián ha sido clausurada con una bonita, luminosa y trágica película. Es El olvido que seremos, dirigida por Fernando Trueba y que adapta una novela de Héctor Abad Faciolince que todavía no he leído, de la que hablan con estremecimiento todos los que lo han hecho. A Fernando le gustaba mucho, como a todos los que no son frígidos emocionales, la memorable película de Robert Mulligan Matar a un ruiseñor. La protagonizaba un hombre bueno, justo, firme, tolerante, valiente, racional, defensor de los derechos de los débiles, con sabiduría vital. Y de la entrañable relación que mantenía con sus hijos. Me recuerda al protagonista de El olvido que seremos. Trueba habla de la felicidad familiar, de la alegría de vivir, de que todo dios se sienta querido y acompañado. Y de la pérdida, de que la muerte, por enfermedad o asesinato, reclame su maldita cuota de inconsolable dolor. Es alentador que alguien siga hablando de los buenos sentimientos, tan devaluados ellos. Javier Cámara hace una creación magistral de ese personaje conmovedor, de alguien que no quiere ni puede renunciar a exponerse al peligro que implica defender a los menesterosos, pedir justicia, buscar soluciones, un tipo honesto, incomprable y humanista al que la derecha consideraba un subversivo y la izquierda radical un aliado del fascismo. Es una película que expresa muy bien variados sentimientos, que contagia en algunos momentos auténtica emoción.

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