Lun. Mar 1st, 2021

Ante el Mundial, el murciano, que busca su segundo arcoíris, subraya la dureza del circuito y la fortaleza del belga Van Aert,

Cuando tenía pelo, hace unos años ya, Valverde tenía un Ferrari, y le gustaba hablar de motores y de velocidad y qué prestaciones, y cuando llega a Imola lo hace en bicicleta, tiene 40 años y un implante, y rueda por el asfalto nuevo, nuevo, liso, liso, del circuito de Fórmula 1 bautizado Enzo y Dino Ferrari, y pasa— en el sentido de las agujas del reloj, al revés que los motores— la variante Villeneuve y la variante Tamburello, que ya no son curvas sino chicanes, y a la derecha deja los monumentos a Gilles Villeneuve, que en Imola disputó su último GP, y fue traicionado, y de Ayrton Senna, allí muerto un Primero de Mayo, y dice que sí, que siente una ilusión especial por rodar ahí. “Por lo que representa, claro”, dice. “Y también me encanta por la seguridad que ofrece para el final la pista tan ancha…”

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