Vie. Jul 23rd, 2021

La historia de estas tierras, y de las comunidades negras de la cuenca del río Cacarica, en Colombia, es una historia de violencia y despojo, pero también de heroica defensa de la vida, la paz, el territorio y la identidad afrocolombiana,

La violencia racial no es exclusiva de los Estados Unidos. En Colombia también se discrimina y asesina a su gente negra. Lo saben bien las comunidades afrocolombianas que, en los límites con Panamá, habitan la cuenca del río Cacarica del Chocó, una de las regiones con mayor biodiversidad del planeta. El viaje desde el puerto de Turbo, en la vecina región de Antioquia, toma cerca de tres horas en lancha hasta allí. Hay que cruzar primero el Golfo de Urabá y, tras media hora de viaje por el mar Caribe, adentrarse por el majestuoso río Atrato, luego remontar el río Cacarica y proseguir después por caños marinos cubiertos de un manto de helechos y juncos que dificultan la navegación. Como en buena parte del Chocó, las carreteras aquí son totalmente fluviales. Una gran valla donde se lee: “Zona Humanitaria Nueva Esperanza en Dios, territorio exclusivo de la población civil”, advierte de la llegada.

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