Lun. Ago 2nd, 2021

La misión imposible de privatizar las mastodónticas industrias de la República Democrática Alemana lastra la equiparación de las dos Alemanias 30 años después,

Toneladas de maquinaria pesada, palés y bovinas habitan una de las imponentes fábricas de ladrillo rojo de Kirow, a las afueras de Leipzig. Cuesta creer que esta empresa fuera adquirida por un marco alemán a principios de los noventa y haya acabado siendo líder mundial en el mercado de grúas ferroviarias. En el oeste del país, Kirow sería un clásico ejemplo de esas industrias hiper especializadas alemanas que conquistan el mundo. Aquí, en el Este, constituye toda una rareza. Porque con la caída del muro y la reunificación alemana, de la que ahora se cumplen 30 años, la ruinosa economía planificada tuvo que adaptarse de la noche a la mañana al capitalismo global en un proceso de turboprivatización muy traumático, que sembró de cadáveres industriales el este del país, puso a millones de trabajadores en la calle y que no ha acabado aún de digerirse. “Aquello fue misión imposible. Fue muy muy doloroso”, recuerda ahora Ludwig Koehne, el dueño de Kirow, quien trabajó durante los primeros años de la reunificación en la Treuhand, la institución encargada de privatizar las grandes empresas de la República Democrática Alemana (RDA). Comprender ese proceso económico resulta fundamental para entender la Alemania reunificada y los traumas que parte de su población todavía arrastra.

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