Lun. Jun 21st, 2021

Emmanuel Macron presenta este viernes su estrategia y proyecto gubernamental para combatir el «separatismo» islamista, que es una manera amable para hablar, luchar judicial y policialmente contra el islam político y el islam «radical», fórmulas académicas para analizar la ascensión de un temible islamismo francés.

Acompañado de sus ministros del Interior (Gérald Darmanin), Justicia (Éric Dupong-Moretti) y Educación (Jean-Michel Blanquear) Macron se ha desplazado a una ciudad emblemática de la «banlieue», los suburbios de París, Mureaux (Yvelines), para presentar las «grandes líneas» de un proyecto de Ley que debiera estar redactado a finales de año, para ser discutido a lo largo del primer semestre en la Asamblea Nacional (AN).

Macron comenzó a denunciar el «separatismo» (cultural y religioso) hace un año. Prometió un proyecto de Ley el verano pasado. Y los distintos ministerios de su gobierno llevan varios meses desmenuzando un rosario de cuestiones jurídicas de relativa complejidad.

El proyecto presentado por el presidente de la República se propone «regular» este tipo de «actividades»:

-Prohibir los lugares de culto en las empresas, estaciones y aeropuertos.

-Control «más estricto» de asociaciones «culturales» convertidas en centros de adoctrinamiento religioso.

-Protección de la infancia «adoctrinada» por «profesores» y / o predicadores que violan las normas más elementales de la escuela pública.

-Prohibición y castigo de los certificados de virginidad, ofrecidos por un número desconocido de médicos de una ética profesional desconocida.

-Lucha contra la poligamía.

-Control y penalización de «agentes» religiosos que imponen sus «criterios» en los transportes públicos en materia de relaciones hombre / mujer y manera de vestir.

Esas y otras medidas están en el corazón de un proyecto legislativo complejo y sin precedentes, en Francia, que tendrá dos dimensiones, «defensiva» y «ofensiva».

En el terreno «defensivo”, el proyecto macroniano aspira a imponer los principios mismos de la matriz nacional «libertad», «igualdad» y «fraternidad» / «emancipación».

En el terreno «ofensivo», el proyecto de Ley en curso de redacción deberá proponer una batería de recursos judiciales y policiales, de la más «urgente aplicación».

Esperado, desde hace meses, el proyecto de lucha contra el secesionismo religioso, cultural, es recibido con prudencia y cautela.

Candidato a la presidencia de la República, el 2017, Macron solo denunciaba al «comunitarismo», sin entrar en «detalles». Dos años más tarde, comenzó a denunciar el «secesionismo cultural». Para terminar aceptando la crisis multicultural de fondo: en el islam francés, la religión de 5 o 6 millones de franceses de confesión musulmana, cohabitan malamente una organizaciones (controladas por países como Marruecos y Argelia) que dialogan y aceptan las instituciones francesas, y unas organizaciones que llevan años viviendo en la «periferia» institucional de Francia, estimando que su religión (el islam integrista, político, yihadista, con frecuencia) «está por encima” y es «más importante» que las instituciones del Estado.

Hay una «guerra civil» larvada e inconfesable entre musulmanes franceses de distinta obediencia. Y, al mismo tiempo, el islam radical, se ha transformado en un cáncer nacional que Macron cree combatir denunciando el «separatismo religioso».,
Emmanuel Macron presenta este viernes su estrategia y proyecto gubernamental para combatir el «separatismo» islamista, que es una manera amable para hablar, luchar judicial y policialmente contra el islam político y el islam «radical», fórmulas académicas para analizar la ascensión de un temible islamismo francés.

Acompañado de sus ministros del Interior (Gérald Darmanin), Justicia (Éric Dupong-Moretti) y Educación (Jean-Michel Blanquear) Macron se ha desplazado a una ciudad emblemática de la «banlieue», los suburbios de París, Mureaux (Yvelines), para presentar las «grandes líneas» de un proyecto de Ley que debiera estar redactado a finales de año, para ser discutido a lo largo del primer semestre en la Asamblea Nacional (AN).

Macron comenzó a denunciar el «separatismo» (cultural y religioso) hace un año. Prometió un proyecto de Ley el verano pasado. Y los distintos ministerios de su gobierno llevan varios meses desmenuzando un rosario de cuestiones jurídicas de relativa complejidad.

El proyecto presentado por el presidente de la República se propone «regular» este tipo de «actividades»:

-Prohibir los lugares de culto en las empresas, estaciones y aeropuertos.

-Control «más estricto» de asociaciones «culturales» convertidas en centros de adoctrinamiento religioso.

-Protección de la infancia «adoctrinada» por «profesores» y / o predicadores que violan las normas más elementales de la escuela pública.

-Prohibición y castigo de los certificados de virginidad, ofrecidos por un número desconocido de médicos de una ética profesional desconocida.

-Lucha contra la poligamía.

-Control y penalización de «agentes» religiosos que imponen sus «criterios» en los transportes públicos en materia de relaciones hombre / mujer y manera de vestir.

Esas y otras medidas están en el corazón de un proyecto legislativo complejo y sin precedentes, en Francia, que tendrá dos dimensiones, «defensiva» y «ofensiva».

En el terreno «defensivo”, el proyecto macroniano aspira a imponer los principios mismos de la matriz nacional «libertad», «igualdad» y «fraternidad» / «emancipación».

En el terreno «ofensivo», el proyecto de Ley en curso de redacción deberá proponer una batería de recursos judiciales y policiales, de la más «urgente aplicación».

Esperado, desde hace meses, el proyecto de lucha contra el secesionismo religioso, cultural, es recibido con prudencia y cautela.

Candidato a la presidencia de la República, el 2017, Macron solo denunciaba al «comunitarismo», sin entrar en «detalles». Dos años más tarde, comenzó a denunciar el «secesionismo cultural». Para terminar aceptando la crisis multicultural de fondo: en el islam francés, la religión de 5 o 6 millones de franceses de confesión musulmana, cohabitan malamente una organizaciones (controladas por países como Marruecos y Argelia) que dialogan y aceptan las instituciones francesas, y unas organizaciones que llevan años viviendo en la «periferia» institucional de Francia, estimando que su religión (el islam integrista, político, yihadista, con frecuencia) «está por encima” y es «más importante» que las instituciones del Estado.

Hay una «guerra civil» larvada e inconfesable entre musulmanes franceses de distinta obediencia. Y, al mismo tiempo, el islam radical, se ha transformado en un cáncer nacional que Macron cree combatir denunciando el «separatismo religioso».

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