Dom. Ago 1st, 2021

La apuesta de Erdogan por militarizar la política exterior para proteger los intereses económicos y la influencia del país euroasiático pone en alerta a sus socios de la UE y EE UU,

Si hace una década Turquía era aplaudida en las cancillerías occidentales por su política de “cero problemas con los vecinos”, en los últimos años el país euroasiático ha comenzado a traerles de cabeza. Choques con Francia en las aguas de Libia; despliegue de fragatas en aguas de Grecia y Chipre; intervenciones militares contra los aliados de EE UU y Rusia en Siria; ocupación de montañas y desfiladeros en el norte de Irak; implicación en la contienda por el Alto Karabaj; conflictos con Egipto, Israel, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí. ¿Qué hacer con un país que es uno de los miembros más antiguos de la OTAN, pero parece haberse transformado en el chico malo del vecindario? Desde luego, los discursos del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, no ayudan a calmar los ánimos: “La nuestra es una civilización de conquista. Estamos dispuestos a lo que haga falta desde el punto de vista político, económico y militar. Así que invitamos a nuestros interlocutores a mantenerse apartados y no cometer errores que puedan significar su destrucción”, dijo a finales del pasado agosto.

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