Mié. Mar 3rd, 2021

Ni cinco días ha sido capaz el Gobierno de Sánchez de mantener la lealtad con el Ejecutivo madrileño, presidido por Díaz Ayuso. Cuando Sánchez acudió el pasado lunes a la Puerta del Sol, lo hizo revestido de una apariencia pacífica y amistosa destinada a los incautos. Solo eso, una apariencia. A partir de ese mismo día, el PSOE atacó las medidas pactadas por ambos gobiernos, incluso se sumó a una convocatoria contra Díaz Ayuso, de la que luego se descolgó entre las descalificaciones de una cada día más inefable Adriana Lastra. Y ayer, mientras el viceconsejero de Sanidad y la directora general de Salud Pública del Gobierno madrileño informaban sobre las nuevas medidas de restricción en Madrid, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, daba una sorpresiva rueda de prensa desde La Moncloa exigiendo restricciones para toda la capital. Las autoridades madrileñas desconocían que Illa fuera a comparecer a la misma hora y con ese mensaje crítico. Con este proceder, el Gobierno de Sánchez sitúa las relaciones con Madrid donde le gusta, en el conflicto que necesita para desviar hacia esta comunidad autónoma las miradas de la opinión pública.

Todo gobierno incompetente y destructivo necesita una cortina de humo, y los socialistas han encontrado en Madrid la que necesitan para mantener movilizada a la izquierda y tapar el desastre de su gestión. Encaja la tramposa rueda de prensa de Illa con la urgencia en tapar el clamor creciente contra la forma con la que el Gobierno lleva encarando la crisis desde marzo pasado. Un clamor al que se sumó el jueves pasado el informe de la prestigiosa revista científica «The Lancet», que pone a España como ejemplo perfecto de torpeza en la dirección de un país frente a la pandemia de Covid-19. Que Madrid vive una situación preocupante, es algo indiscutible. Pero en el discurso del Gobierno de Sánchez sobre Madrid no hay una preocupación sincera por la salud pública, sino por aprovecharse políticamente del temor de los ciudadanos. Si hubiera una preocupación sincera, el Ejecutivo de Sánchez habría atendido antes las peticiones de Díaz Ayuso, en vez de ver desde la barrera el incremento de contagios, hospitalizaciones y muertes.,
Ni cinco días ha sido capaz el Gobierno de Sánchez de mantener la lealtad con el Ejecutivo madrileño, presidido por Díaz Ayuso. Cuando Sánchez acudió el pasado lunes a la Puerta del Sol, lo hizo revestido de una apariencia pacífica y amistosa destinada a los incautos. Solo eso, una apariencia. A partir de ese mismo día, el PSOE atacó las medidas pactadas por ambos gobiernos, incluso se sumó a una convocatoria contra Díaz Ayuso, de la que luego se descolgó entre las descalificaciones de una cada día más inefable Adriana Lastra. Y ayer, mientras el viceconsejero de Sanidad y la directora general de Salud Pública del Gobierno madrileño informaban sobre las nuevas medidas de restricción en Madrid, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, daba una sorpresiva rueda de prensa desde La Moncloa exigiendo restricciones para toda la capital. Las autoridades madrileñas desconocían que Illa fuera a comparecer a la misma hora y con ese mensaje crítico. Con este proceder, el Gobierno de Sánchez sitúa las relaciones con Madrid donde le gusta, en el conflicto que necesita para desviar hacia esta comunidad autónoma las miradas de la opinión pública.

Todo gobierno incompetente y destructivo necesita una cortina de humo, y los socialistas han encontrado en Madrid la que necesitan para mantener movilizada a la izquierda y tapar el desastre de su gestión. Encaja la tramposa rueda de prensa de Illa con la urgencia en tapar el clamor creciente contra la forma con la que el Gobierno lleva encarando la crisis desde marzo pasado. Un clamor al que se sumó el jueves pasado el informe de la prestigiosa revista científica «The Lancet», que pone a España como ejemplo perfecto de torpeza en la dirección de un país frente a la pandemia de Covid-19. Que Madrid vive una situación preocupante, es algo indiscutible. Pero en el discurso del Gobierno de Sánchez sobre Madrid no hay una preocupación sincera por la salud pública, sino por aprovecharse políticamente del temor de los ciudadanos. Si hubiera una preocupación sincera, el Ejecutivo de Sánchez habría atendido antes las peticiones de Díaz Ayuso, en vez de ver desde la barrera el incremento de contagios, hospitalizaciones y muertes.

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