Lun. Jun 21st, 2021

Las cosas nunca han sido fáciles para Jimmy Butler, y quizá por eso el escolta sacó a relucir su mejor versión cuando nadie esperaba ya nada de los Heat en las finales de la NBA. Con el equipo contra la cuerdas y sin dos de sus mejores jugadores –lesionados Dragic y Adebayo–, Butler emergió con un triple doble histórico (40 puntos, 13 rebotes y 11 asistencias) con el que dio la primera victoria a la franquicia de Miami, que hoy (3.00 horas, Movistar+) buscará igualar la lucha por el anillo ante los todopoderosos Lakers de LeBron James.

«Nunca tuve nada. Mi niñez me hizo duro, me hizo entender cómo debo tratar a la gente». Así se refería hace años Butler a su infancia, marcada por el temprano abandono de su padre. Un mazazo para el joven Jimmy, que poco después veía cómo su madre le echaba de casa para siempre. «No me gusta tu aspecto, vete». Repudiado sin explicación, el adolescente pasó las semanas buscando refugio en las calles y en las casas de sus amigos. Un nómada doméstico que iba de cama en cama anhelando un hogar que tardó meses en llegar.

El destino quiso que una tarde conociera a Jordan Leslie –que después llegó a jugar en la NFL–, un joven con el que trabó una fuerte amistad tras un concurso de triples callejero. Leslie le invitó a su casa, donde terminó siendo uno más. El octavo «hijo» para Michelle Lambert, a la que Butler considera su madre. La que lloró el día que los Bulls le eligieron en el puesto 30 del draft de 2011. Aquella elección tardía era una prueba más para el jugador, que por entonces se había acostumbrado a pasar desapercibido para los grandes equipos.

De hecho, a pesar de sus números en el instituto, ninguna gran universidad le echó el ojo. Tuvo que pasar un año en la modesta Tyler Junior College, en Texas antes de que que las grandes le ofrecieran una beca de estudios. Luchar contra todo y contra todos. Una filosofía de vida que aún mantiene.

En la NBA también le costó ganarse la confianza de los técnicos. De hecho, en Chicago no fue un titular fijo hasta su cuarta temporada, cuando explotó de manera definitiva hasta ser elegido el jugador más mejorado de la temporada. Aun así, su falta de sintonía con la directiva hizo que los Bulls le traspasaran en 2017 a Minnesota. Otra vez nómada, con problemas internos en el vestuario tanto en los Timberwolves como en los Sixers hasta que aterrizó el pasado verano en Miami. Allí encontró un equipo hecho a su medida, al que ha sabido liderar hasta llevarlo a la final. Un hito impensable para un conjunto que el año pasado ni siquiera se clasificó para los playoffs.

En Orlando, los Heat han barrido a los Pacers, han eliminado a los Bucks del MVP Antetokounmpo y se han deshecho de los Celtics para ganar la conferencia Este. Un periplo brillante que los Lakers habían sepultado tras ganar los dos primeros partidos de la final. En medio del desconcierto, Butler asumió el mando el domingo para suplir las bajas de Dragic y Adebayo y alimentar la esperanza de la franquicia de Miami. El escolta lo hizo a lo grande, logrando un triple doble con 40 puntos, algo que solo Jerry West y LeBron James habían conseguido antes en una serie final. Actuación histórica que impulsa a unos Heat alicaídos que volverán a soñar con el anillo si igualan la eliminatoria hoy en el cuarto partido de la final.

Amigo de Neymar y amante del cine y el café
Si algo le ha enseñado la vida a Jimmy Butler es lealtad. Por eso, es muy amigo de sus amigos, entre los que se cuenta Neymar. El escolta se enamoró de su juego durante los Juegos de Río 2016 y desde entonces forjaron una amistad sincera que se cultiva de vez en cuando a uno y otro lado del Atlántico. Es fácil ver a Butler viajar a París para ver en acción al brasileño y viceversa. De hecho, al jugador se le ha visto llegar en más de una ocasión a los partidos de playoffs luciendo la camiseta de Neymar del PSG.

También en la burbuja, Butler ha puesto en marcha su propio “negocio”, pues se ha dedicado a “vender” a sus compañeros tazas de café a precio de oro (20 dólares por barba). Una forma más de hacer vestuario.

Fuera de la cancha, Butler es un amante del cine, al que dedica muchas horas. Es muy amigo de Mark Wahlberg, al que conoció durante el rodaje de la película Transformers en Chicago.,
Las cosas nunca han sido fáciles para Jimmy Butler, y quizá por eso el escolta sacó a relucir su mejor versión cuando nadie esperaba ya nada de los Heat en las finales de la NBA. Con el equipo contra la cuerdas y sin dos de sus mejores jugadores –lesionados Dragic y Adebayo–, Butler emergió con un triple doble histórico (40 puntos, 13 rebotes y 11 asistencias) con el que dio la primera victoria a la franquicia de Miami, que hoy (3.00 horas, Movistar+) buscará igualar la lucha por el anillo ante los todopoderosos Lakers de LeBron James.

«Nunca tuve nada. Mi niñez me hizo duro, me hizo entender cómo debo tratar a la gente». Así se refería hace años Butler a su infancia, marcada por el temprano abandono de su padre. Un mazazo para el joven Jimmy, que poco después veía cómo su madre le echaba de casa para siempre. «No me gusta tu aspecto, vete». Repudiado sin explicación, el adolescente pasó las semanas buscando refugio en las calles y en las casas de sus amigos. Un nómada doméstico que iba de cama en cama anhelando un hogar que tardó meses en llegar.

El destino quiso que una tarde conociera a Jordan Leslie –que después llegó a jugar en la NFL–, un joven con el que trabó una fuerte amistad tras un concurso de triples callejero. Leslie le invitó a su casa, donde terminó siendo uno más. El octavo «hijo» para Michelle Lambert, a la que Butler considera su madre. La que lloró el día que los Bulls le eligieron en el puesto 30 del draft de 2011. Aquella elección tardía era una prueba más para el jugador, que por entonces se había acostumbrado a pasar desapercibido para los grandes equipos.

De hecho, a pesar de sus números en el instituto, ninguna gran universidad le echó el ojo. Tuvo que pasar un año en la modesta Tyler Junior College, en Texas antes de que que las grandes le ofrecieran una beca de estudios. Luchar contra todo y contra todos. Una filosofía de vida que aún mantiene.

En la NBA también le costó ganarse la confianza de los técnicos. De hecho, en Chicago no fue un titular fijo hasta su cuarta temporada, cuando explotó de manera definitiva hasta ser elegido el jugador más mejorado de la temporada. Aun así, su falta de sintonía con la directiva hizo que los Bulls le traspasaran en 2017 a Minnesota. Otra vez nómada, con problemas internos en el vestuario tanto en los Timberwolves como en los Sixers hasta que aterrizó el pasado verano en Miami. Allí encontró un equipo hecho a su medida, al que ha sabido liderar hasta llevarlo a la final. Un hito impensable para un conjunto que el año pasado ni siquiera se clasificó para los playoffs.

En Orlando, los Heat han barrido a los Pacers, han eliminado a los Bucks del MVP Antetokounmpo y se han deshecho de los Celtics para ganar la conferencia Este. Un periplo brillante que los Lakers habían sepultado tras ganar los dos primeros partidos de la final. En medio del desconcierto, Butler asumió el mando el domingo para suplir las bajas de Dragic y Adebayo y alimentar la esperanza de la franquicia de Miami. El escolta lo hizo a lo grande, logrando un triple doble con 40 puntos, algo que solo Jerry West y LeBron James habían conseguido antes en una serie final. Actuación histórica que impulsa a unos Heat alicaídos que volverán a soñar con el anillo si igualan la eliminatoria hoy en el cuarto partido de la final.

Amigo de Neymar y amante del cine y el café
Si algo le ha enseñado la vida a Jimmy Butler es lealtad. Por eso, es muy amigo de sus amigos, entre los que se cuenta Neymar. El escolta se enamoró de su juego durante los Juegos de Río 2016 y desde entonces forjaron una amistad sincera que se cultiva de vez en cuando a uno y otro lado del Atlántico. Es fácil ver a Butler viajar a París para ver en acción al brasileño y viceversa. De hecho, al jugador se le ha visto llegar en más de una ocasión a los partidos de playoffs luciendo la camiseta de Neymar del PSG.

También en la burbuja, Butler ha puesto en marcha su propio “negocio”, pues se ha dedicado a “vender” a sus compañeros tazas de café a precio de oro (20 dólares por barba). Una forma más de hacer vestuario.

Fuera de la cancha, Butler es un amante del cine, al que dedica muchas horas. Es muy amigo de Mark Wahlberg, al que conoció durante el rodaje de la película Transformers en Chicago.

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