Sáb. May 8th, 2021

Joe Biden ha dicho en Florida que «Maduro es un dictador». Lo que para algunos es una obviedad, para otros (basta mirar el Gobierno de España) resulta una apreciación equivocada. El demócrata, para sostener su palabra, añadió, «lo conozco». Algunas de sus fotografías, tan contento, con el presidente de Venezuela que ni España ni la UE reconocen pero negocian de facto con él, estaban listas en forma de reproche.

Florida, refugio preferente –y residencia– de cubanos y venezolanos exiliados, es el bastión electoral más codiciado para Biden si quiere llegar a la Presidencia. Lo sabe él y lo sabe el inquilino de esa Casa Blanca medicalizada.

Los sondeos insisten en un triunfo de Biden en torno a los diez puntos pero, el paciente de Covid 19 más famoso –y odiado– del mundo, confía en revertirlo con una imagen que suene a… «super Trump». El 3 de noviembre veremos si el republicano logra esa resurrección en las urnas.

Menos tiempo tenemos para que se celebren las elecciones de Bolivia (18 de octubre). La retirada de Janine Áñez, la presidenta interina que traicionó su palabra al presentarse, ayudó a despejar el camino de Carlos Mesa para evitar un posible triunfo en primera vuelta de Luis Arce, el testaferro electoral de Evo Morales. La permanencia, sin posibilidades, de la candidatura de Luis Fernando, «el macho» Camacho, podría evitar ese balotaje y que Bolivia volviera a entrar en una etapa de desconcierto, confusión y revueltas. Los otros candidatos efímeros, incluido el expresidente Tuto Quiroga, deberían aplicarse el cuento de la retirada de Áñez si quieren consolidar una democracia potable.

Si cambiamos de convocatoria y pensamos en otras para este año, se imponen, por la vergüenza ajena, las legislativas de Venezuela (6 de diciembre), las del dictador que ahora reconoce Biden. Las municipales (15 de noviembre) de Brasil no es que estén para lanzar cohetes pero pondrán a prueba la salud en las urnas de Bolsonaro, el «super Trump» sudamericano.

Las únicas urnas, de lo que queda de año, que se abrirán sin candidato al que votar, son las del 25 de octubre en Chile. El «plebiscito» a la Constitución, dejará a esta «candidata», tal cual está o la convertirá en papel mojado. Eso, como en todo, si la pandemia lo permite.,
Joe Biden ha dicho en Florida que «Maduro es un dictador». Lo que para algunos es una obviedad, para otros (basta mirar el Gobierno de España) resulta una apreciación equivocada. El demócrata, para sostener su palabra, añadió, «lo conozco». Algunas de sus fotografías, tan contento, con el presidente de Venezuela que ni España ni la UE reconocen pero negocian de facto con él, estaban listas en forma de reproche.

Florida, refugio preferente –y residencia– de cubanos y venezolanos exiliados, es el bastión electoral más codiciado para Biden si quiere llegar a la Presidencia. Lo sabe él y lo sabe el inquilino de esa Casa Blanca medicalizada.

Los sondeos insisten en un triunfo de Biden en torno a los diez puntos pero, el paciente de Covid 19 más famoso –y odiado– del mundo, confía en revertirlo con una imagen que suene a… «super Trump». El 3 de noviembre veremos si el republicano logra esa resurrección en las urnas.

Menos tiempo tenemos para que se celebren las elecciones de Bolivia (18 de octubre). La retirada de Janine Áñez, la presidenta interina que traicionó su palabra al presentarse, ayudó a despejar el camino de Carlos Mesa para evitar un posible triunfo en primera vuelta de Luis Arce, el testaferro electoral de Evo Morales. La permanencia, sin posibilidades, de la candidatura de Luis Fernando, «el macho» Camacho, podría evitar ese balotaje y que Bolivia volviera a entrar en una etapa de desconcierto, confusión y revueltas. Los otros candidatos efímeros, incluido el expresidente Tuto Quiroga, deberían aplicarse el cuento de la retirada de Áñez si quieren consolidar una democracia potable.

Si cambiamos de convocatoria y pensamos en otras para este año, se imponen, por la vergüenza ajena, las legislativas de Venezuela (6 de diciembre), las del dictador que ahora reconoce Biden. Las municipales (15 de noviembre) de Brasil no es que estén para lanzar cohetes pero pondrán a prueba la salud en las urnas de Bolsonaro, el «super Trump» sudamericano.

Las únicas urnas, de lo que queda de año, que se abrirán sin candidato al que votar, son las del 25 de octubre en Chile. El «plebiscito» a la Constitución, dejará a esta «candidata», tal cual está o la convertirá en papel mojado. Eso, como en todo, si la pandemia lo permite.

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