Lun. Jun 21st, 2021

Cuando vi el testimonio de la enfermera de 43 años en ABC tuve una reacción de emoción indescriptible. Su historia es mi historia, poco más o menos. Yo soy médico, Jefe de Servicio y con años de experiencia muy activa en primera línea asistencial, además de investigadora y docente.

El 25 de marzo, tres días después que la enfermera, tuve que confinarme por una PCR positiva. Un cuadro “leve”, con apenas fiebre. Me compré un pulsioxímetro por si acaso, había visto tantas evoluciones fatales sin apenas síntomas…

Pero no, yo no tuve neumonía, aunque sí una postración, cefalea, diarrea y dolorimiento general extremos. Yo siempre he sido fuerte y me he creído indestructible, así que a los doce días, eufórica de que la PCR hubiese negativizado, y aunque muy cansada, me reincorporé, ¡porque todos hacíamos falta!

No podía con mi alma. Comencé con bradicardias, bradiarritmias muy lentas. Me ahogaba. Soy delgada, y aún así perdí siete kilos, cuatro de masa muscular. No me tenía de pie y las arritmias lentas, alternando con taquiarritmias y crisis de hipertensión, me llevaron a una situación incompatible con el trabajo, por lo que tuve que darme de baja.

Durante meses me he encontrado mal y confusa por no saber qué me pasaba. El curso clínico ha sido por brotes alternando mejorías en las que he sido todo lo activa que he podido en todos los sentidos, con situaciones de nuevo muy sintomáticas e invalidantes. Tanto, que a finales de julio tuve que ingresar en la Unidad Coronaria y me implantaron un marcapasos por la extrema bradicardia. En los brotes el Dímero D se eleva, y encima los anticuerpos para el SARS-COVID negativos repetidamente.

Para mí, como médico, lo peor ha sido no entender qué me pasaba. ¿Por qué de repente los dolores, o crisis de vértigo o parestesias, y sobre todo, el cansancio? Mis colegas me decían: “paciencia, estamos viendo cuadros prolongados como el tuyo”. Pero esa respuesta me dejaba muchos interrogantes.

La primera explicación que me ayudó a entender vino desde la cardiología: probablemente el virus ha producido una desmielinización de tu sistema parasimpático. Un alivio comprender algo, pero, ¿y los otros síntomas?.

Afortunadamente, ahora, casi seis meses después, mi ritmo cardíaco está mucho mejor y voy incorporándome poco a poco al trabajo. Pero sigo luchando por saber cuál es la fisiopatología de lo que me pasa, para ponerle remedio. No sé si son secuelas o persistencia de la enfermedad. No sé si mi inmunidad, que nunca hizo anticuerpos, no ha podido liberarse del todo del virus y hay pequeños reservorios o restos virales que siguen provocando fenómenos pro inflamatorios.

Tengo que dar las gracias a los cardiólogos, a los amigos que han estado a mi lado, a mi médico de familia que me ha protegido de mis ansias de volver a trabajar enseguida y al maravilloso testimonio de María Eugenia que me ayuda a seguir buscando hasta que todos estemos recuperados al cien por cien.

* Clotilde Vázquez Martínez vive en Madrid.

Si tú también quieres compartir tu testimonio sobre cómo estás viviendo la situación provocada por el coronavirus puedes hacerlo escribiendo a [email protected]

Debes indicarnos tu nombre completo, DNI y lugar de residencia. Seleccionaremos las historias más representativas para publicarlas en ABC.es,
Cuando vi el testimonio de la enfermera de 43 años en ABC tuve una reacción de emoción indescriptible. Su historia es mi historia, poco más o menos. Yo soy médico, Jefe de Servicio y con años de experiencia muy activa en primera línea asistencial, además de investigadora y docente.

El 25 de marzo, tres días después que la enfermera, tuve que confinarme por una PCR positiva. Un cuadro “leve”, con apenas fiebre. Me compré un pulsioxímetro por si acaso, había visto tantas evoluciones fatales sin apenas síntomas…

Pero no, yo no tuve neumonía, aunque sí una postración, cefalea, diarrea y dolorimiento general extremos. Yo siempre he sido fuerte y me he creído indestructible, así que a los doce días, eufórica de que la PCR hubiese negativizado, y aunque muy cansada, me reincorporé, ¡porque todos hacíamos falta!

No podía con mi alma. Comencé con bradicardias, bradiarritmias muy lentas. Me ahogaba. Soy delgada, y aún así perdí siete kilos, cuatro de masa muscular. No me tenía de pie y las arritmias lentas, alternando con taquiarritmias y crisis de hipertensión, me llevaron a una situación incompatible con el trabajo, por lo que tuve que darme de baja.

Durante meses me he encontrado mal y confusa por no saber qué me pasaba. El curso clínico ha sido por brotes alternando mejorías en las que he sido todo lo activa que he podido en todos los sentidos, con situaciones de nuevo muy sintomáticas e invalidantes. Tanto, que a finales de julio tuve que ingresar en la Unidad Coronaria y me implantaron un marcapasos por la extrema bradicardia. En los brotes el Dímero D se eleva, y encima los anticuerpos para el SARS-COVID negativos repetidamente.

Para mí, como médico, lo peor ha sido no entender qué me pasaba. ¿Por qué de repente los dolores, o crisis de vértigo o parestesias, y sobre todo, el cansancio? Mis colegas me decían: “paciencia, estamos viendo cuadros prolongados como el tuyo”. Pero esa respuesta me dejaba muchos interrogantes.

La primera explicación que me ayudó a entender vino desde la cardiología: probablemente el virus ha producido una desmielinización de tu sistema parasimpático. Un alivio comprender algo, pero, ¿y los otros síntomas?.

Afortunadamente, ahora, casi seis meses después, mi ritmo cardíaco está mucho mejor y voy incorporándome poco a poco al trabajo. Pero sigo luchando por saber cuál es la fisiopatología de lo que me pasa, para ponerle remedio. No sé si son secuelas o persistencia de la enfermedad. No sé si mi inmunidad, que nunca hizo anticuerpos, no ha podido liberarse del todo del virus y hay pequeños reservorios o restos virales que siguen provocando fenómenos pro inflamatorios.

Tengo que dar las gracias a los cardiólogos, a los amigos que han estado a mi lado, a mi médico de familia que me ha protegido de mis ansias de volver a trabajar enseguida y al maravilloso testimonio de María Eugenia que me ayuda a seguir buscando hasta que todos estemos recuperados al cien por cien.

* Clotilde Vázquez Martínez vive en Madrid.

Si tú también quieres compartir tu testimonio sobre cómo estás viviendo la situación provocada por el coronavirus puedes hacerlo escribiendo a [email protected]

Debes indicarnos tu nombre completo, DNI y lugar de residencia. Seleccionaremos las historias más representativas para publicarlas en ABC.es

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