Dom. Feb 28th, 2021

«¿¡Tú también me vas a preguntar por el Candy Crush!?», suelta Celia Villalobos con su habitual desparpajo. La que fuera política del PP durante más de tres décadas recibe a ABC en una jornada en la que tiene agendadas 15 entrevistas, en plena promoción de su libro de memorias «La política apasionada».

Prefiero preguntarle por las vacas locas y el hueso de cerdo. Desde su experiencia como exministra de Sanidad, ¿cómo ve la gestión de la pandemia y qué aconsejaría ahora?

Un ministro sigue al final las indicaciones de sus técnicos. Tenían que haber iniciado las medidas antes. Creo que al Gobierno le dio vértigo, porque tiene un coste político, y permitir lo que pasó el 8 de marzo fue un error. Pero yo en ese tema no tengo nada que decir, salvo compadecer al ministro.

Usted dice que sufrió un linchamiento brutal cuando recomendó hacer caldo con hueso de cerdo, y…

Sí, hueso de jamón, todo el mundo lo entendió. Las maris, o sea las amas de casa, lo entendieron divinamente.

¿Y se solidariza con Isabel Díaz Ayuso por el linchamiento que sufre?

Sí, y con el ministro de Sanidad también. Me parece muy duro. El problema es que se han centrado en Madrid, está siendo salvaje, pero yo creo que a ellos les está faltando habilidad.

¿Quién tiene la culpa de lo que pasa en Madrid, Ayuso o Sánchez?

Lo que pasa en Madrid es lo que pasa en el resto de España. Es que ya estoy harta de Madrid. En Castilla-La Mancha hay cinco pueblos cerrados a cal y canto. Es que en Aragón o Navarra hay pueblos enteros cerrados. Es que en Extremadura está Badajoz. Lo que pasa es que Madrid es muy grande y estamos todos aquí. Hay una evasión por parte del presidente del Gobierno: ahora ustedes apáñense como puedan. Pero dame los instrumentos, guapo, para poder hacerlo.

Usted entró en Alianza Popular en 1983. ¿Por qué eligió ese partido, algo antiguo para sus ideas?

Por eso, para modernizarlo.

¿No se habría sentido más cómoda en otros partidos?

Es que yo creo que hoy el centro-derecha es mucho más moderno que la izquierda y más progresista, en cuanto confía más en el avance personal y la solución de los problemas reales de los ciudadanos, no en su manipulación. Me sentí cómoda, todo lo cómoda que se puede sentir una en un partido político.

Verstrynge le preguntó qué hacía una chica como usted en un sitio como ese.

Es tan verdad eso como lo que me dijo Fraga, que fue quien me hizo diputada. A Fraga le tengo respeto y cariño. Me dijo: yo no comparto con usted muchísimas cosas que defiende pero la quiero de diputada en el Congreso. Eso demuestra su grandeza.

¿Esa grandeza falta ahora?

Sí, en la política en general.

Dice en su libro que el PP ha ido hacia atrás en los últimos tiempos.

El libro se escribió cuando yo me fui. Ganó el congreso un discurso terrorífico, de Pablo, muy para el corazón, pero con muy poco sentido de lo que yo he defendido siempre, que el PP es un partido de centro-derecha, y la única forma de ganar unas elecciones para el centro-derecha es estar en el centro. Es necesario centrar el partido para ganar, y eso es lo que hicieron Aznar y Rajoy.

¿Y lo está consiguiendo Casado?

No sé, no creo que sea un tema de declaraciones, es mucho más profundo. Ha tenido algunos dirigentes que sus mensajes no eran de conciliación, sino de enfrentamiento.

¿Se refiere a Cayetana Álvarez de Toledo?

Entre otras, pero yo ya no opino. Le deseo mucha suerte porque soy votante del PP y mis años en el partido no los voy a olvidar.

En Masterchef dijo el otro día: «¡Por primera vez en mi vida quiero que ganen los rojos!». No digo más.

(Risas) Fue una frase, llevaba el delantal del equipo rojo y me estaban gastando bromas. No iba más lejos.

Alguna vez le han hecho ofertas de otros partidos. Se habló de Ciudadanos. ¿Se lo llegó a plantear?

No, nunca. Jamás.

¿Ni siquiera cuando se fue un tanto rebotada con el PP?

Jamás. Yo soy leal a mi partido y voto al PP.

¿En las últimas elecciones también?

Yo voto al PP. ¡Yo soy del PP, jolines! A mí las traiciones internas no me gustan.

Pero dejó la política por sentirse incompatible con el nuevo PP.

Yo no estaba en el equipo de Pablo. A mí me llamó para pedirme que le apoyara y le dije que esperase y no se desgastara, porque venían momentos complicados. Pero él decidió dar el paso, y yo no lo voté, apoyé a Soraya.

¿Qué le falta al PP para volver a ser primero en las encuestas con lo que está cayendo?

Eso que se lo pregunte Pablo Casado a su asesor.

Usted tiene al «Asesor», con mayúscula, en casa. Su marido, Pedro Arriola. ¿Cómo lo ve él?

No lo ve, no se ocupa de ese tema. Sigue interesado por la política, pero del PP… Para mí que pasa.

¿En qué momento se torció su relación con Aznar?

Yo he adorado a José María Aznar, pero ahora no le entiendo. A partir del 2004 no he tenido más relación con él. Qué pasa ahora con Aznar, no lo sé.

En su libro habla especialmente bien de una mujer, Fátima Báñez.

Es una gran política y una gran mujer, es la única con la que podría decir: si tú me dices ven, lo dejo todo.

¿Le inquieta la operación Kitchen?

Me alucina la actitud del secretario de Estado, cómo se prestó a algo ilegal.

¿Puede desgastar este escándalo a Casado?

¿Y qué culpa tiene Pablo Casado de esto? ¡Como la que tengo yo!

¿Tiene alguna duda sobre Rajoy?

Ninguna.

El PP no se desprende del estigma de la corrupción.

Esto de la corrupción del PP… ¡Jolines! Que somos más de 800.000 militantes. A la derecha no se le perdona nada y a la izquierda, todo.

Acaba la entrevista y no hemos hablado del «Candy Crush».

¡Todos con el Candy Crush! ¡Pero nadie me pregunta por la vez que ETA intentó matarme!,
«¿¡Tú también me vas a preguntar por el Candy Crush!?», suelta Celia Villalobos con su habitual desparpajo. La que fuera política del PP durante más de tres décadas recibe a ABC en una jornada en la que tiene agendadas 15 entrevistas, en plena promoción de su libro de memorias «La política apasionada».

Prefiero preguntarle por las vacas locas y el hueso de cerdo. Desde su experiencia como exministra de Sanidad, ¿cómo ve la gestión de la pandemia y qué aconsejaría ahora?

Un ministro sigue al final las indicaciones de sus técnicos. Tenían que haber iniciado las medidas antes. Creo que al Gobierno le dio vértigo, porque tiene un coste político, y permitir lo que pasó el 8 de marzo fue un error. Pero yo en ese tema no tengo nada que decir, salvo compadecer al ministro.

Usted dice que sufrió un linchamiento brutal cuando recomendó hacer caldo con hueso de cerdo, y…

Sí, hueso de jamón, todo el mundo lo entendió. Las maris, o sea las amas de casa, lo entendieron divinamente.

¿Y se solidariza con Isabel Díaz Ayuso por el linchamiento que sufre?

Sí, y con el ministro de Sanidad también. Me parece muy duro. El problema es que se han centrado en Madrid, está siendo salvaje, pero yo creo que a ellos les está faltando habilidad.

¿Quién tiene la culpa de lo que pasa en Madrid, Ayuso o Sánchez?

Lo que pasa en Madrid es lo que pasa en el resto de España. Es que ya estoy harta de Madrid. En Castilla-La Mancha hay cinco pueblos cerrados a cal y canto. Es que en Aragón o Navarra hay pueblos enteros cerrados. Es que en Extremadura está Badajoz. Lo que pasa es que Madrid es muy grande y estamos todos aquí. Hay una evasión por parte del presidente del Gobierno: ahora ustedes apáñense como puedan. Pero dame los instrumentos, guapo, para poder hacerlo.

Usted entró en Alianza Popular en 1983. ¿Por qué eligió ese partido, algo antiguo para sus ideas?

Por eso, para modernizarlo.

¿No se habría sentido más cómoda en otros partidos?

Es que yo creo que hoy el centro-derecha es mucho más moderno que la izquierda y más progresista, en cuanto confía más en el avance personal y la solución de los problemas reales de los ciudadanos, no en su manipulación. Me sentí cómoda, todo lo cómoda que se puede sentir una en un partido político.

Verstrynge le preguntó qué hacía una chica como usted en un sitio como ese.

Es tan verdad eso como lo que me dijo Fraga, que fue quien me hizo diputada. A Fraga le tengo respeto y cariño. Me dijo: yo no comparto con usted muchísimas cosas que defiende pero la quiero de diputada en el Congreso. Eso demuestra su grandeza.

¿Esa grandeza falta ahora?

Sí, en la política en general.

Dice en su libro que el PP ha ido hacia atrás en los últimos tiempos.

El libro se escribió cuando yo me fui. Ganó el congreso un discurso terrorífico, de Pablo, muy para el corazón, pero con muy poco sentido de lo que yo he defendido siempre, que el PP es un partido de centro-derecha, y la única forma de ganar unas elecciones para el centro-derecha es estar en el centro. Es necesario centrar el partido para ganar, y eso es lo que hicieron Aznar y Rajoy.

¿Y lo está consiguiendo Casado?

No sé, no creo que sea un tema de declaraciones, es mucho más profundo. Ha tenido algunos dirigentes que sus mensajes no eran de conciliación, sino de enfrentamiento.

¿Se refiere a Cayetana Álvarez de Toledo?

Entre otras, pero yo ya no opino. Le deseo mucha suerte porque soy votante del PP y mis años en el partido no los voy a olvidar.

En Masterchef dijo el otro día: «¡Por primera vez en mi vida quiero que ganen los rojos!». No digo más.

(Risas) Fue una frase, llevaba el delantal del equipo rojo y me estaban gastando bromas. No iba más lejos.

Alguna vez le han hecho ofertas de otros partidos. Se habló de Ciudadanos. ¿Se lo llegó a plantear?

No, nunca. Jamás.

¿Ni siquiera cuando se fue un tanto rebotada con el PP?

Jamás. Yo soy leal a mi partido y voto al PP.

¿En las últimas elecciones también?

Yo voto al PP. ¡Yo soy del PP, jolines! A mí las traiciones internas no me gustan.

Pero dejó la política por sentirse incompatible con el nuevo PP.

Yo no estaba en el equipo de Pablo. A mí me llamó para pedirme que le apoyara y le dije que esperase y no se desgastara, porque venían momentos complicados. Pero él decidió dar el paso, y yo no lo voté, apoyé a Soraya.

¿Qué le falta al PP para volver a ser primero en las encuestas con lo que está cayendo?

Eso que se lo pregunte Pablo Casado a su asesor.

Usted tiene al «Asesor», con mayúscula, en casa. Su marido, Pedro Arriola. ¿Cómo lo ve él?

No lo ve, no se ocupa de ese tema. Sigue interesado por la política, pero del PP… Para mí que pasa.

¿En qué momento se torció su relación con Aznar?

Yo he adorado a José María Aznar, pero ahora no le entiendo. A partir del 2004 no he tenido más relación con él. Qué pasa ahora con Aznar, no lo sé.

En su libro habla especialmente bien de una mujer, Fátima Báñez.

Es una gran política y una gran mujer, es la única con la que podría decir: si tú me dices ven, lo dejo todo.

¿Le inquieta la operación Kitchen?

Me alucina la actitud del secretario de Estado, cómo se prestó a algo ilegal.

¿Puede desgastar este escándalo a Casado?

¿Y qué culpa tiene Pablo Casado de esto? ¡Como la que tengo yo!

¿Tiene alguna duda sobre Rajoy?

Ninguna.

El PP no se desprende del estigma de la corrupción.

Esto de la corrupción del PP… ¡Jolines! Que somos más de 800.000 militantes. A la derecha no se le perdona nada y a la izquierda, todo.

Acaba la entrevista y no hemos hablado del «Candy Crush».

¡Todos con el Candy Crush! ¡Pero nadie me pregunta por la vez que ETA intentó matarme!

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