Sáb. Feb 27th, 2021

 , A pocos metros del Parque de los Patricios, un agente del Ministerio de Educación porteño toca la puerta de la primera casa de su recorrido matutino y espera, junto a otros dos, ser atendido. Es un PH antiguo y tiene los vidrios de la ventana rotos. Adentro viven dos familias, pero a pesar de que golpea la puerta con reiteración, nadie contesta. Ante la insistencia, el comerciante del local de al lado se asoma, abre la puerta del hogar y llama por su nombre a Javier, de 42 años, uno de los padres de familia, hasta que aparece.

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