Dom. Ago 1st, 2021

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la primera dama, Melania, han dado positivo por Covid-19. La noticia, que ha llegado como una bomba y puede marcar este mes clave antes de las elecciones presidenciales del 3 de noviembre, se ha conocido durante la madrugdada del viernes. En este año, la pandemia se ha convertido en el telón de fondo de la Casa Blanca, gestionada por el presidente de una manera muchas voces han criticado.

Era 22 de enero. Donald Trump estaba en el foro de Davos. Preocupantes noticias llegaban ese día desde China: un hombre de 69 años de Wuhan era la segunda persona oficialmente muerta por una extraña pulmonía vírica de la que se habían contagiado 400 personas. El presidente estadounidense sabía que la situación era mucho peor de lo que dejaba entrever el régimen comunista chino. En un aparte con periodistas, Trump dijo: «Todo bajo control».

Han pasado ocho meses. El presidente ha pasado de decir que el Covid era como una gripe común a describirlo como «una plaga». Y EE.UU. se ha convertido en el primer país del mundo en infecciones, 7,3 millones, y de fallecimientos, 208.000 hasta la fecha.

Un libro del prestigioso periodista Bob Woodward reveló recientemente unas incendiarias declaraciones efectuadas por Trump en el curso de 18 entrevistas, todas ellas grabadas, que revelan que el presidente minimizó conscientemente el riesgo del virus, con la intención, dice él, de no provocar miedo. El 19 de marzo, el presidente le dijo al periodista: «Siempre he querido minimizar [el virus], y lo sigo haciendo porque no quiero generar pánico». Aquel día había habido 4.000 nuevos casos.

La primera víctima en EE.UU. falleció el 29 de febrero. Ese mismo día, en la Casa Blanca, Trump dijo: «Lo estamos haciendo muy bien. Nuestro país está preparado para cualquier circunstancia». Dos semanas después había ya 40 muertes y en una conferencia de prensa, el presidente dijo una frase que le persigue hasta la campaña electoral.

Preguntado por si asumiría alguna responsabilidad si la pandemia quedaba descontrolada, Trump dijo: «No, no asumo en absoluto ninguna responsabilidad, porque se dio un conjunto de circunstancias y se heredamos unas reglas, regulaciones y especificaciones de una época diferente».

Lo cierto es que a pesar de que en público intentó restar importancia al virus y ha defendido hasta el final que la situación estaba bajo control, en privado Trump admitía la gravedad de la pandemia, según queda patente en las grabaciones de Woodward. Muy temprano, el 7 de febrero, el presidente le dijo al periodista: «Es más mortífero incluso que la peor gripe. Es mortal».

Cierre de fronteras
Muestra de que era consciente de la gravedad del virus, Trump cerró las fronteras a ciudadanos extranjeros procedentes de China el 31 de enero. Después amplió la medida a Corea e Irán. Y finalmente acabó incluyendo a los 26 países en la zona de libre circulación de la llamada área Schengen: Austria, Bélgica, República Checa, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Francia, Alemania, Grecia, Hungría, Islandia, Italia, Letonia, Liechtenstein, Lituania, Luxemburgo, Malta, Países Bajos, Noruega, Polonia, Portugal, Eslovaquia, Eslovenia, España, Suecia y Suiza.

Trump también creó un gabinete de crisis, al frente del cual puso primero al secretario de Sanidad, Alex Azar, y después al vicepresidente. Ese equipo dio ruedas de prensa diarias al principio de la crisis, pero la tendencia del presidente a improvisar forzó a cancelarlas. Muy polémica fue su enardecida defensa de un medicamento que no estaba todavía probado, la hidroxicloroquina, que finalmente desaconsejó la propia Agencia del Medicamento porque puede tener efectos secundarios graves para personas con otras dolencias previas. En marzo, hombre murió tras beber líquido para limpiar acuarios porque uno de sus componentes era esa sustancia. Aun así, y desoyendo a la comunidad médica, Trump lo tomó como medida preventiva durante dos semanas, según el mismo dijo en mayo.

Luz ultravioleta y lejía
En una sonada rueda de prensa, Trump también propuso «golpear el cuerpo con una luz tremenda, ultravioleta o simplemente muy potente» y dijo que «el desinfectante mata [al virus] en un minuto y lo mismo hay una manera de hacer algo así inyectándolo en el interior, casi como una limpieza». Aquellas palabras provocaron la hilaridad de los demócratas y acabaron con las ruedas de prensa diarias del presidente.

Mientras, las tensiones entre la Agencia del Medicamento y el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades, cada uno con sus competencias, a veces superpuestas, provocaban demoras en la búsqueda de vacunas y tratamiento. El material médico escaseaba, y el 19 de marzo Trump activó la llamada Ley de Producción de la Defensa, que le ha permitido al sector público apoderarse de los medios de producción privados en caso de emergencia nacional, para acelerar la fabricación de mascarillas y respiradores que escaseaban en los hospitales.

En el curso de la crisis, el presidente renunció a aplicar una serie de exigencias de aislamiento y cuarentena obligatorias, y dejó que fueran los diferentes gobernadores de los Estados los que decidieran a partir de unas recomendaciones voluntarias de la Casa Blanca. Eso le ha permitido a Trump, en semanas recientes, decir que la responsabilidad real de reducir los contagios recae en última instancia en los estados, y no en el ejecutivo federal.

Una de las recomendaciones de la Casa Blanca y su gabinete de crisis era que los estadounidenses lleven mascarillas en público, para prevenir contagios. El presidente se resistió casi hasta el final, y apareció finalmente en público, durante una visita a una fábrica, con una, con el sello presidencial estampado, el 12 de julio. Por aquel entonces ya habían muerto 135.000 personas en EE.UU.,
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la primera dama, Melania, han dado positivo por Covid-19. La noticia, que ha llegado como una bomba y puede marcar este mes clave antes de las elecciones presidenciales del 3 de noviembre, se ha conocido durante la madrugdada del viernes. En este año, la pandemia se ha convertido en el telón de fondo de la Casa Blanca, gestionada por el presidente de una manera muchas voces han criticado.

Era 22 de enero. Donald Trump estaba en el foro de Davos. Preocupantes noticias llegaban ese día desde China: un hombre de 69 años de Wuhan era la segunda persona oficialmente muerta por una extraña pulmonía vírica de la que se habían contagiado 400 personas. El presidente estadounidense sabía que la situación era mucho peor de lo que dejaba entrever el régimen comunista chino. En un aparte con periodistas, Trump dijo: «Todo bajo control».

Han pasado ocho meses. El presidente ha pasado de decir que el Covid era como una gripe común a describirlo como «una plaga». Y EE.UU. se ha convertido en el primer país del mundo en infecciones, 7,3 millones, y de fallecimientos, 208.000 hasta la fecha.

Un libro del prestigioso periodista Bob Woodward reveló recientemente unas incendiarias declaraciones efectuadas por Trump en el curso de 18 entrevistas, todas ellas grabadas, que revelan que el presidente minimizó conscientemente el riesgo del virus, con la intención, dice él, de no provocar miedo. El 19 de marzo, el presidente le dijo al periodista: «Siempre he querido minimizar [el virus], y lo sigo haciendo porque no quiero generar pánico». Aquel día había habido 4.000 nuevos casos.

La primera víctima en EE.UU. falleció el 29 de febrero. Ese mismo día, en la Casa Blanca, Trump dijo: «Lo estamos haciendo muy bien. Nuestro país está preparado para cualquier circunstancia». Dos semanas después había ya 40 muertes y en una conferencia de prensa, el presidente dijo una frase que le persigue hasta la campaña electoral.

Preguntado por si asumiría alguna responsabilidad si la pandemia quedaba descontrolada, Trump dijo: «No, no asumo en absoluto ninguna responsabilidad, porque se dio un conjunto de circunstancias y se heredamos unas reglas, regulaciones y especificaciones de una época diferente».

Lo cierto es que a pesar de que en público intentó restar importancia al virus y ha defendido hasta el final que la situación estaba bajo control, en privado Trump admitía la gravedad de la pandemia, según queda patente en las grabaciones de Woodward. Muy temprano, el 7 de febrero, el presidente le dijo al periodista: «Es más mortífero incluso que la peor gripe. Es mortal».

Cierre de fronteras
Muestra de que era consciente de la gravedad del virus, Trump cerró las fronteras a ciudadanos extranjeros procedentes de China el 31 de enero. Después amplió la medida a Corea e Irán. Y finalmente acabó incluyendo a los 26 países en la zona de libre circulación de la llamada área Schengen: Austria, Bélgica, República Checa, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Francia, Alemania, Grecia, Hungría, Islandia, Italia, Letonia, Liechtenstein, Lituania, Luxemburgo, Malta, Países Bajos, Noruega, Polonia, Portugal, Eslovaquia, Eslovenia, España, Suecia y Suiza.

Trump también creó un gabinete de crisis, al frente del cual puso primero al secretario de Sanidad, Alex Azar, y después al vicepresidente. Ese equipo dio ruedas de prensa diarias al principio de la crisis, pero la tendencia del presidente a improvisar forzó a cancelarlas. Muy polémica fue su enardecida defensa de un medicamento que no estaba todavía probado, la hidroxicloroquina, que finalmente desaconsejó la propia Agencia del Medicamento porque puede tener efectos secundarios graves para personas con otras dolencias previas. En marzo, hombre murió tras beber líquido para limpiar acuarios porque uno de sus componentes era esa sustancia. Aun así, y desoyendo a la comunidad médica, Trump lo tomó como medida preventiva durante dos semanas, según el mismo dijo en mayo.

Luz ultravioleta y lejía
En una sonada rueda de prensa, Trump también propuso «golpear el cuerpo con una luz tremenda, ultravioleta o simplemente muy potente» y dijo que «el desinfectante mata [al virus] en un minuto y lo mismo hay una manera de hacer algo así inyectándolo en el interior, casi como una limpieza». Aquellas palabras provocaron la hilaridad de los demócratas y acabaron con las ruedas de prensa diarias del presidente.

Mientras, las tensiones entre la Agencia del Medicamento y el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades, cada uno con sus competencias, a veces superpuestas, provocaban demoras en la búsqueda de vacunas y tratamiento. El material médico escaseaba, y el 19 de marzo Trump activó la llamada Ley de Producción de la Defensa, que le ha permitido al sector público apoderarse de los medios de producción privados en caso de emergencia nacional, para acelerar la fabricación de mascarillas y respiradores que escaseaban en los hospitales.

En el curso de la crisis, el presidente renunció a aplicar una serie de exigencias de aislamiento y cuarentena obligatorias, y dejó que fueran los diferentes gobernadores de los Estados los que decidieran a partir de unas recomendaciones voluntarias de la Casa Blanca. Eso le ha permitido a Trump, en semanas recientes, decir que la responsabilidad real de reducir los contagios recae en última instancia en los estados, y no en el ejecutivo federal.

Una de las recomendaciones de la Casa Blanca y su gabinete de crisis era que los estadounidenses lleven mascarillas en público, para prevenir contagios. El presidente se resistió casi hasta el final, y apareció finalmente en público, durante una visita a una fábrica, con una, con el sello presidencial estampado, el 12 de julio. Por aquel entonces ya habían muerto 135.000 personas en EE.UU.

Por