Dom. Ago 1st, 2021

El escita fue un pueblo nómada indoeuropeo, que pobló la vasta región esteparia entre Europa Oriental y Mongolia -la zona que hoy se conoce como Siberia- en el primer milenio antes de nuestra era. Los historiógrafos antiguos los describieron como violento y dedicado a la guerra y el saqueo. Sin embargo, se dispone de pocos datos arqueológicos y antropológicos que lo corroboren.

Una de las principales fuentes de conocimiento actual proviene en buena medida de las excavaciones en los territorios de Tuvá, al sur de Siberia. Ahora un equipo internacional e interdisciplinario de antropólogos, arqueólogos y especialistas en ciencias forenses liderado por Marco Milella de la Universidad de Berna ha realizado un análisis detallado y revelador de los traumas en restos humanos de 1.700 años.

Se encontraban Tunnug1, una de las primeras tumbas «reales» de la citada civilización. Estos enterramientos eran espectaculares túmulos funerarios con ricos objetos de oro y caballos sacrificados. Las excavaciones más recientes en Tunnug1 revelaron la existencia de un cementerio periférico que data de los siglos II-IV d.C., en el que se encontraban restos esqueléticos de 87 individuos.

De acuerdo con el estudio, que se ha publicado en la revista especializada «American Journal of Physical Anthropology», algunos de ellos presentan brutales rastros de violencia, no siempre relacionada con la guerra, sino que también apuntan a la existencia de rituales sangrientos.

En concreto, la investigación demuestra que el 25% de los individuos murieron como consecuencia de violentos combates cuerpo a cuerpo. La mayoría de las marcas de cortes se ubicaron en el cráneo, la mandíbula y la columna vertebral superior de numerosas víctimas, lo que indica que estas heridas se infligieron durante los intentos de decapitación. Asimismo, se encontraron signos de rastros de degüello y corte de cuero cabelludo.

Si bien la violencia afectó principalmente a hombres, los especialistas señalan que también se encontraron en mujeres y niños. «Esto sugiere que la violencia no solo estaba relacionada con incursiones y batallas, sino que probablemente también fue debida a rituales específicos, aún misteriosos, que implican la matanza de humanos y la recolección de trofeos de guerra», ha afirmado en un comunicado Marco Milella, al frente de la investigación.

«Nuestros datos muestran que las personas enterradas en Tunnug1 experimentaron altos niveles de violencia. Durante los primeros siglos de nuestra era, toda el área del sur de Siberia atravesó un período de inestabilidad política. Nuestro estudio demuestra cómo afectaron los cambios políticos en el pasado la vida y la muerte de las personas», concluye el especialista.,
El escita fue un pueblo nómada indoeuropeo, que pobló la vasta región esteparia entre Europa Oriental y Mongolia -la zona que hoy se conoce como Siberia- en el primer milenio antes de nuestra era. Los historiógrafos antiguos los describieron como violento y dedicado a la guerra y el saqueo. Sin embargo, se dispone de pocos datos arqueológicos y antropológicos que lo corroboren.

Una de las principales fuentes de conocimiento actual proviene en buena medida de las excavaciones en los territorios de Tuvá, al sur de Siberia. Ahora un equipo internacional e interdisciplinario de antropólogos, arqueólogos y especialistas en ciencias forenses liderado por Marco Milella de la Universidad de Berna ha realizado un análisis detallado y revelador de los traumas en restos humanos de 1.700 años.

Se encontraban Tunnug1, una de las primeras tumbas «reales» de la citada civilización. Estos enterramientos eran espectaculares túmulos funerarios con ricos objetos de oro y caballos sacrificados. Las excavaciones más recientes en Tunnug1 revelaron la existencia de un cementerio periférico que data de los siglos II-IV d.C., en el que se encontraban restos esqueléticos de 87 individuos.

De acuerdo con el estudio, que se ha publicado en la revista especializada «American Journal of Physical Anthropology», algunos de ellos presentan brutales rastros de violencia, no siempre relacionada con la guerra, sino que también apuntan a la existencia de rituales sangrientos.

En concreto, la investigación demuestra que el 25% de los individuos murieron como consecuencia de violentos combates cuerpo a cuerpo. La mayoría de las marcas de cortes se ubicaron en el cráneo, la mandíbula y la columna vertebral superior de numerosas víctimas, lo que indica que estas heridas se infligieron durante los intentos de decapitación. Asimismo, se encontraron signos de rastros de degüello y corte de cuero cabelludo.

Si bien la violencia afectó principalmente a hombres, los especialistas señalan que también se encontraron en mujeres y niños. «Esto sugiere que la violencia no solo estaba relacionada con incursiones y batallas, sino que probablemente también fue debida a rituales específicos, aún misteriosos, que implican la matanza de humanos y la recolección de trofeos de guerra», ha afirmado en un comunicado Marco Milella, al frente de la investigación.

«Nuestros datos muestran que las personas enterradas en Tunnug1 experimentaron altos niveles de violencia. Durante los primeros siglos de nuestra era, toda el área del sur de Siberia atravesó un período de inestabilidad política. Nuestro estudio demuestra cómo afectaron los cambios políticos en el pasado la vida y la muerte de las personas», concluye el especialista.

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