Lun. Jun 21st, 2021

El artista británico más famoso del mundo inauguró “Archaeology Now” en la Galleria Borghese: más de 80 obras suyas se entremezclan con pinturas y esculturas de los grandes genios de la antiguedad y el Rancimiento italiano,

ROMA.- ¿Verdadero o falso? ¿Realidad o ficción? ¿Mármoles con más de 1500 años o fakes del siglo XXI? ¿Mito o historia? Recorrer Archaeology Now, la muestra de Damien Hirst, el “niño malo” del arte contemporáneo, que se inauguró con bombos y platillos esta semana en la Galleria Borghese, uno de los museos más lindos del mundo, descoloca. Pero, al mismo tiempo, cautiva.

Damien Hirst, el rey del marketing

Allí, las maravillosas telas de Caravaggio, Rafael, Tiziano, Antonello da Messina, Giovanni Bellini y las grandiosas esculturas de Gian Lorenzo Bernini y Antonio Canova se entremezclan con las excéntricas obras en mármol, oro, bronce, lapislázuli y jade de Hirst, el artista británico más conocido del mundo (Bristol, 1965). Y la combinación, que al principio puede aparecer chocante, sobre todo si uno tiene prejuicios, resulta no sólo explosiva, sino también, divertida. Como si se tratara de un juego.

Un bronce azul de Neptuno en la exposición "Archaeology Now"

Un bronce azul de Neptuno en la exposición “Archaeology Now”
(Alberto Novelli /)

Curada por Anna Coliva y Mario Codognato, la muestra en la espléndida Galleria Borghese de Hirst, amado y odiado por igual en el mundo del arte contemporáneo, que podrá verse hasta el 7 de noviembre -y que en verdad debería haberse realizado el año pasado pero debió postergarse por la pandemia-, es para Roma el evento cultural del año. Y otra provocación de Hirst, artista que es sinónimo de glamour, famoso por su calavera con 8610 diamantes valuada en 100 millones de dólares.

A treinta años de su otra obra icónica, el tiburón sumergido en formol titulado The Phisical Impossibility of Death in the Mind of Someone Living (1991), con su flamante muestra en la Galleria Borghese para algunos expertos Hirst pasa a entrar en la gran historia del arte.

"Mujer reclinada [Mujer mentirosa]", 2012, mármol rosa de Damien Hirst

“Mujer reclinada [Mujer mentirosa]”, 2012, mármol rosa de Damien Hirst (Alberto Novelli /)

Más de 80 obras de su serie ‘Treasures from the Wreck of the Unbelievable’ (Tesoros del naufragio del Increíble), megamuestra que exhibió en 2017 en Palazzo Grassi y en Punta della Dogana, las dos sedes venecianas de la Pinault Collection, aparecen ahora en medio de grandes capolavori de la antiguedad, del Renacimiento y del siglo XVII que ostenta la Galleria Borghese, un museo que es meta de turistas de todos el mundo (que lentamente empiezan a reaparecer).

¿Qué hubiera dicho de este llamativo proyecto -auspiciado por Prada- el cardenal Scipione Caffarelli Borghese (1577-1633), sobrino preferido de Camillo Borghese, luego papa Pablo V (1605-1621), coleccionista en su tiempo de centenares de tesoros envidiados por todas las cortes europeas?

Lo cierto es que desde el principio el visitante, ya aturdido por la “villa”, un espacio magnífico, marcado por frescos y mármoles, entra en una suerte de mundo fantástico. Al lado de El Rapto de Proserpina, de Bernini, irrumpe una típica estatua de bronce sin cabeza de Hirst, recuperada (en teoría) del fondo del mar, recubierta de anémonas, algas y corales petrificados. Rodeada de estatuas romanas antiguas de mármol, también puede verse la serie de amigos del artista británico: Mickey Mouse, Minnie, Goofy, Pluto y el Pato Donald, semiocultos debajo de los mismos restos marinos de un naufragio inventado, en una operación artística y de marketing inédita, que en su momento dio que hablar en todo el mundo.

Junto a "El Rapto de Proserpina", de Bernini, irrumpe una típica estatua de bronce sin cabeza de Hirst, recuperada en teoría del fondo del mar y recubierta de anémonas, algas y corales petrificados

Junto a “El Rapto de Proserpina”, de Bernini, irrumpe una típica estatua de bronce sin cabeza de Hirst, recuperada en teoría del fondo del mar y recubierta de anémonas, algas y corales petrificados (Alberto Novelli /)

En la Sala de Caravaggio, tres medusas de Hirst –en oro y plata, verdosas porque también salieron del fondo del mar, y de malaquita-, miran al Joven con canasto de fruta, el San Gerónimo, el Bautista y demás obras de Michelangelo Merisi (Caravaggio). En otro espacio, la cándida escultura de Paulina Borghese de Bonaparte recostada como Venus victoriosa, realizada por Antonio Canova (1757-1822), dialoga con bustos de mujeres coralinas del artista británico. En la sala egipcia, que hospeda las estatuas de la antigua colección de la noble familia Borghese –dueña en su momento del homónimo parque, hoy público, donde se levanta el museo-, un Faraón de granito azul, oro y ágata blanca de Hirst y otros tesoros del artista, tampoco desentonan.

En el piso superior siguen las sorpresas. Al lado de cuadros de Rafael, Rubens, Canaletto, Tiziano y Antonello da Messina, Hirst exhibe por primera vez en Italia varias pinturas de su serie Colour Space: diversas versiones de llamativos redondeles de color sobre tela. Y otra vez aparece el juego: a metros de la famosa Dama con Liocorno de Rafael también se exhiben dos calaveras de unicornio de Hirst, una en plata, la otra en bronce y citrino.

Y no es todo. Afuera, en la terraza del delicioso Jardín Secreto de la Uccelliera, realizado en el siglo XVII, se levanta la colosal (y casi espantosa) escultura en bronce Hydra and Kali, que vuelve a encontrarse adentro, en versión reducida y en otros materiales por el artista que creció en Leeds, hipercotizado.

La muestra de Hirst en la Galleria Borghese seguramente se convertirá en un must para los amantes del arte, tanto clásico como contemporáneo, y encenderá discusiones. Por supuesto es necesario reservar con anticipación la entrada debido a las normas anti-Covid, que permiten números limitados en diversos turnos. Aunque el llamado “rey Damien” no viajó para la esperada inauguración de Archaeology Now –al parecer es hipocondríaco y le tiene muchísimo miedo al coronavirus-, en una entrevista con el suplemento cultural del diario La Repubblica dijo lo que todo el mundo se pregunta al salir de la muestra. ¿Cómo se sintió al exhibir en medio de semejantes genios? “No me asusta exponer al lado de Caravaggio, Bernini, Canova… Yo también soy un artista”, aseguró. ¿Y realmente no le teme a la comparación? “No me interesa la comparación. El mundo en el que vivimos es muy distinto al de los maestros que están en la Galleria Borghese. Y hoy uno es artista de modo diferente”.

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