Mar. Jun 22nd, 2021

En los últimos años, la desconfianza hacia la política y la crisis del 2008, con mayor o menor intensidad, han producido en muchos países fragmentación de partidos y populismos, con la consecuencia de confrontaciones sociales y gobernabilidades precarias.

Si las complicaciones antes de la pandemia eran tantas exactamente por la crisis del 2008 de la cual no habíamos salido todavía, ahora la crisis sanitaria, las restricciones y las conflictivas actitudes políticas están produciendo una crisis económica aún más grave.

En momentos como estos, para hacer frente a las dificultades y superarlas, habría sido ideal tener una politica con capacidad de encontrar consenso y favorecer las interacciones sociales y económicas; una política con visión que emplee el liderazgo en la reconstrucción de un nuevo mejor futuro para todos y no en la afirmación o en la conservación del poder.

Quiero recordar cuatro conceptos:

1) La convivencia social es fruto del consenso sobre normas y valores compartidos.

2) La libertad y la democracia alcanzan sus máximos cuanto más prevalece el valor del respeto.

3) La energía de una sociedad es la suma de las capacidades y de las iniciativas individuales que la política tiene que estimular y mantener vivas.

4) Las grandes dificultades requieren la colaboración de todos y los grandes proyectos generan ilusión colectiva, hacen fuerte y unida una sociedad.

Insistir en estos conceptos que parecen obvios es necesario para recordar la olvidada función de la POLÍTICA en mayúscula.

Tenemos que poder creer en la política y en su fundamental función pública, pero ella tiene que cumplir con su importantísima tarea de ejercer el único poder que se le ha delegado: servir a la sociedad en el interés general. Esto tenemos que pretender de la política. Que deje de centrarse en el ejercicio del poder por el poder y cambie de paso. La situación no ofrece otras opciones.

La responsabilidad de los actuales políticos es altísima, sus nombres podrán ser recordados como los que han hecho resurgir la humanidad o como los que la han aniquilado.

Todavía podemos vencer las dificultades y trabajar para un nuevo Renacimiento pero tenemos que actuar ya. Los que quieran construir que se junten, el tiempo no es nuestro mejor aliado.,
En los últimos años, la desconfianza hacia la política y la crisis del 2008, con mayor o menor intensidad, han producido en muchos países fragmentación de partidos y populismos, con la consecuencia de confrontaciones sociales y gobernabilidades precarias.

Si las complicaciones antes de la pandemia eran tantas exactamente por la crisis del 2008 de la cual no habíamos salido todavía, ahora la crisis sanitaria, las restricciones y las conflictivas actitudes políticas están produciendo una crisis económica aún más grave.

En momentos como estos, para hacer frente a las dificultades y superarlas, habría sido ideal tener una politica con capacidad de encontrar consenso y favorecer las interacciones sociales y económicas; una política con visión que emplee el liderazgo en la reconstrucción de un nuevo mejor futuro para todos y no en la afirmación o en la conservación del poder.

Quiero recordar cuatro conceptos:

1) La convivencia social es fruto del consenso sobre normas y valores compartidos.

2) La libertad y la democracia alcanzan sus máximos cuanto más prevalece el valor del respeto.

3) La energía de una sociedad es la suma de las capacidades y de las iniciativas individuales que la política tiene que estimular y mantener vivas.

4) Las grandes dificultades requieren la colaboración de todos y los grandes proyectos generan ilusión colectiva, hacen fuerte y unida una sociedad.

Insistir en estos conceptos que parecen obvios es necesario para recordar la olvidada función de la POLÍTICA en mayúscula.

Tenemos que poder creer en la política y en su fundamental función pública, pero ella tiene que cumplir con su importantísima tarea de ejercer el único poder que se le ha delegado: servir a la sociedad en el interés general. Esto tenemos que pretender de la política. Que deje de centrarse en el ejercicio del poder por el poder y cambie de paso. La situación no ofrece otras opciones.

La responsabilidad de los actuales políticos es altísima, sus nombres podrán ser recordados como los que han hecho resurgir la humanidad o como los que la han aniquilado.

Todavía podemos vencer las dificultades y trabajar para un nuevo Renacimiento pero tenemos que actuar ya. Los que quieran construir que se junten, el tiempo no es nuestro mejor aliado.

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