Lun. Ago 2nd, 2021

En su discurso a la Asamblea General de Naciones Unidas, enviado como videomensaje este viernes, el papa Francisco ha advertido que «nuestro mundo en conflicto necesita que la ONU se convierta en un taller para la paz cada vez más eficaz, lo cual requiere que los miembros del Consejo de Seguridad, especialmente los Permanentes, actúen con mayor unidad y determinación».

Nunca en los últimos treinta años se había visto una triple crisis -sanitaria, económica y climática- de esta magnitud y un Consejo de Seguridad tan paralizado por el enfrentamiento de Estados Unidos con China.

Francisco ha dicho con toda claridad que «de una crisis no se sale igual: o salimos mejores o salimos peores», por lo que esta Asamblea General del 75 aniversario de la ONU es «una oportunidad real para la conversión, para repensar nuestra forma de vida y nuestros sistemas económicos y sociales».

La comunidad internacional debe elegir «entre uno de los dos caminos posibles»: «el fortalecimiento del multilateralismo, expresión de una renovada corresponsabilidad mundial» y de «la unidad de la familia humana», o «el nacionalismo, proteccionismo, individualismo y aislamiento, dejando afuera los más pobres, los más vulnerables».

El Papa considera «doloroso ver cuántos derechos fundamentales continúan siendo violados con impunidad», especialmente el de libertad religiosa, llegando a «todo tipo de persecuciones, incluyendo el genocidio debido a sus creencias», como sucede a los cristianos «obligados a huir de sus tierras ancestrales, aislados de su rica historia y de su cultura».

Por otra parte, debido al creciente abuso de los bombardeos de ciudades «las armas convencionales se están volviendo cada vez menos ‘convencionales’ y cada vez más ‘armas de destrucción masiva’, arruinando ciudades, escuelas, hospitales, sitios religiosos, e infraestructuras y servicios básicos para la población».

Erosión del multilateralismo
Francisco ha recordado su discurso de hace cinco años en Naciones Unidas, al que seguirían la adopción de la Agenda 2030 y la firma del Acuerdo de parís sobre el Cambio Climático.

Era un clima internacional constructivo, a diferencia del actual, en que «la carrera armamentista, incluyendo las armas nucleares, continúa desperdiciando recursos preciosos que sería mejor utilizar en beneficio del desarrollo integral de los pueblos y para proteger el medio ambiente natural».

Al mismo tiempo «estamos presenciando una erosión del multilateralismo que resulta todavía más grave a la luz de nuevas formas de tecnología militar como son los sistemas letales de armas autónomas (LAWS), que están alterando irreversiblemente la naturaleza de la guerra, separándola aún más de la acción humana».

Francisco ha pedido «desmantelar las lógicas perversas que atribuyen a la posesión de armas la seguridad personal y social. Tales lógicas sólo sirven para incrementar las ganancias de la industria bélica, alimentando un clima de desconfianza y de temor entre las personas y los pueblos».

Todavía más perniciosa es «la disuasión nuclear, pues fomenta un espíritu de miedo basado en la amenaza de la aniquilación mutua, que termina envenenando las relaciones entre los pueblos y obstruyendo el diálogo».

El Papa concluyó afirmando que la crisis «subraya aún más los límites de nuestra autosuficiencia y común fragilidad. La pandemia nos ha mostrado que no podemos vivir sin el otro, o peor aún, uno contra el otro».,
En su discurso a la Asamblea General de Naciones Unidas, enviado como videomensaje este viernes, el papa Francisco ha advertido que «nuestro mundo en conflicto necesita que la ONU se convierta en un taller para la paz cada vez más eficaz, lo cual requiere que los miembros del Consejo de Seguridad, especialmente los Permanentes, actúen con mayor unidad y determinación».

Nunca en los últimos treinta años se había visto una triple crisis -sanitaria, económica y climática- de esta magnitud y un Consejo de Seguridad tan paralizado por el enfrentamiento de Estados Unidos con China.

Francisco ha dicho con toda claridad que «de una crisis no se sale igual: o salimos mejores o salimos peores», por lo que esta Asamblea General del 75 aniversario de la ONU es «una oportunidad real para la conversión, para repensar nuestra forma de vida y nuestros sistemas económicos y sociales».

La comunidad internacional debe elegir «entre uno de los dos caminos posibles»: «el fortalecimiento del multilateralismo, expresión de una renovada corresponsabilidad mundial» y de «la unidad de la familia humana», o «el nacionalismo, proteccionismo, individualismo y aislamiento, dejando afuera los más pobres, los más vulnerables».

El Papa considera «doloroso ver cuántos derechos fundamentales continúan siendo violados con impunidad», especialmente el de libertad religiosa, llegando a «todo tipo de persecuciones, incluyendo el genocidio debido a sus creencias», como sucede a los cristianos «obligados a huir de sus tierras ancestrales, aislados de su rica historia y de su cultura».

Por otra parte, debido al creciente abuso de los bombardeos de ciudades «las armas convencionales se están volviendo cada vez menos ‘convencionales’ y cada vez más ‘armas de destrucción masiva’, arruinando ciudades, escuelas, hospitales, sitios religiosos, e infraestructuras y servicios básicos para la población».

Erosión del multilateralismo
Francisco ha recordado su discurso de hace cinco años en Naciones Unidas, al que seguirían la adopción de la Agenda 2030 y la firma del Acuerdo de parís sobre el Cambio Climático.

Era un clima internacional constructivo, a diferencia del actual, en que «la carrera armamentista, incluyendo las armas nucleares, continúa desperdiciando recursos preciosos que sería mejor utilizar en beneficio del desarrollo integral de los pueblos y para proteger el medio ambiente natural».

Al mismo tiempo «estamos presenciando una erosión del multilateralismo que resulta todavía más grave a la luz de nuevas formas de tecnología militar como son los sistemas letales de armas autónomas (LAWS), que están alterando irreversiblemente la naturaleza de la guerra, separándola aún más de la acción humana».

Francisco ha pedido «desmantelar las lógicas perversas que atribuyen a la posesión de armas la seguridad personal y social. Tales lógicas sólo sirven para incrementar las ganancias de la industria bélica, alimentando un clima de desconfianza y de temor entre las personas y los pueblos».

Todavía más perniciosa es «la disuasión nuclear, pues fomenta un espíritu de miedo basado en la amenaza de la aniquilación mutua, que termina envenenando las relaciones entre los pueblos y obstruyendo el diálogo».

El Papa concluyó afirmando que la crisis «subraya aún más los límites de nuestra autosuficiencia y común fragilidad. La pandemia nos ha mostrado que no podemos vivir sin el otro, o peor aún, uno contra el otro».

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