Mar. Jun 22nd, 2021

Este 2020 no podrá ser el año de los grandes conciertos multitudinarios en la Praza Horta do Seminario en Lugo, cuyas piedras han temblado al ritmo de Amaral, Melendi o, más recientemente, Don Patricio. Tampoco se podrá acudir a las orquestas, que bien se situaban en la Praza Maior, para deleite de jóvenes pero también de los más mayores, que no se negaban a un pasodoble frente al Concello, o en la Praza Horta do Seminario, reservada ya para las grandes orquestas, que podían así tocar frente a un auditorio mayor, gracias a las amplias dimensiones de la plaza situada en la Acea de Olga, sin duda de las zonas más boyantes de la ciudad.

No habrá (o por lo menos se intentará que no haya) el mítico botellón en el Parque Rosalía de Castro, ni estarán los pubs abiertos. Tampoco los lucenses ni los miles de visitantes, que vienen de todos los rincones de Galicia, pero también de España, y que llenan los diferentes hoteles de la ciudad, podrán subirse al Ratón Vacilón o jugar unas partidas en la Tómbola del Jamón o en el Bingo. Todo ello acompañado de unos churros de los puestos instalados a las puertas del recinto ferial, que este año no encenderá las letras gigantes que presiden el espacio.

Las limitaciones implican, evidentemente, un nuevo palo en las ruedas para la economía lucense. Un palo obligado por la situación sanitaria, que para la maltrecha hostelería supone reducir su caja en estas fiestas, básicas junto al Arde Lucus –también fulminado por la pandemia– es una especie de puntilla. Ahora tratarán de hacer la mayor caja posible en este San Froilán, del que hoy 5 de octubre es su día grande, y que se extiende hasta el próximo día 12, también festivo, aunque en todo el país.

Por una parte, las tradicionales casetas que instalan algunos restaurantes lucenses, y que son conocidas por las reuniones de familiares, amigos o empresas, no se instalarán en las cuestas del Parque Rosalía de Castro, junto a donde estarían ubicadas las barracas. Esas reuniones, en muchos casos multitudinarias, son ahora mismo impensables, y más con las restricciones que siguen pesando sobre la ciudad amurallada. Estas casetas están instaladas más tiempo del que duran las propias fiestas, para obtener así un mayor retorno económico.

Pero esto no significa que no vaya a haber pulpo, la seña de identidad de esta gran fiesta de Galicia, y sin duda, la que pone el broche del oro a la temporada fiestera, adentrándose ya en el otoño. «Va a ser un San Froilán de perfil muy bajo. Solicitamos, para facilitar los ingresos del sector, poner calderos del pulpo en los establecimientos, en las calles. Habrá calderos, bien compartidos entre varios establecimientos o con un caldero para cada uno, pero la fórmula yo pienso que será compartir», cuenta al otro lado del teléfono el presidente de la Asociación Provincial de Hosteleros de Lugo (Apehl), Cheché Real, que de esta manera mantendrán la tradición de ver a los pulperos y las pulperas en la calle preparando este cefalópodo, otra de las marcas de la casa de la fiesta lucense. Las raciones de pulpo, con su picante (o sin él)y sus cachelos quedan así a salvo.

La hostelería además se marca otro objetivo mayor: permitir a la ciudadanía su desconexión. Señala Real que intentarán traer «esa alegría que falta y sacar a la gente a la calle», aunque siempre, remarca en varias ocasiones, siguiendo las normas sanitarias, que insiste en que los locales de la hostelería se cumplen. De todas maneras, a la hostelería lucense no le ha gustado que sigan en vigor las medidas restrictivas sobre la ciudad, que limitan las reuniones a diez personas o prohíben el uso de la barra.

También se queja del cierre del ocio nocturno y recuerda que en el mundo de la hostelería, que alimenta a miles de personas, sigue habiendo «gastos, impuestos» y muchos también tienen «hipotecas» o «reformas» que afrontar. Y esos pagos, lamentablemente, no descansan. Además, señala que las reservas en los diferentes locales este año no son tan cruciales como podrían ser otros años, ya que no están siendo extrañas las cancelaciones. «No se reserva como antes», asegura. Antes, un día como el 5 de octubre podrían encontrarse verdaderas dificultades para sentarse a comer en una mesa de buena parte de los establecimientos lugueses sin reserva previa. No se queda ahí el mandatario de Apehl, que asegura que «ahora no somos dueños de nuestros establecimientos, no tenemos facultades sobre el negocio», a pesar de que no resta importancia a la situación sanitaria «grave».

Las actividades
Por lo demás, habrá conciertos, pero con un aforo muy limitado y algún que otro acto por las calles. El Concello diseñó una semana de actividades culturales que contará con la participación de 57 agrupaciones locales. Contarán con «elementos clásicos del San Froilán que se vienen celebrando en los últimos años», explicó la edil de Cultura, Maite Ferreiro, pero «adaptándolos a la situación actual».

Ferreiro precisó que «las agrupaciones locales tendrán el protagonismo en conciertos y actividades de calle» con más de 50 grupos que prestarán atención a la alta calidad musical que se puede encontrar en Galicia. Habrá recitales de De Vacas, Rosa Cedrón o Verto, con aforo limitado, sillas y distancia de seguridad. La entrada es gratuita pero debe ser retirada previamente.

La periodista Tonina Gay fue la encargada en la noche de ayer de realizar el pregón con el que comienza la fiesta, que es de Interés Turístico Nacional. Los Pelúdez, símbolo de las fiestas y que representan a la tradicional familia que pasea por las calles de la ciudad durante las fiestas, tampoco faltará a la cita. Pelúdez y el resto de la familia conseguirán sacar punta a la situación que se está viviendo.

También seguirá en alto el San Froilán Miúdo, que son las actividades destinadas para los más pequeños de la casa. De esa manera se intentará que haya San Froilán, pese a todo. Todo para intentar que una celebración que ha sacado a la calle a los lucenses desde el siglo XIX aguante también los embates de la pandemia de coronavirus. No pudo aguantarlos en 1918 con la conocida como gripe española, que acabó interrumpiendo las fiestas, según recoge la edición de «El Progreso» de la época.,
Este 2020 no podrá ser el año de los grandes conciertos multitudinarios en la Praza Horta do Seminario en Lugo, cuyas piedras han temblado al ritmo de Amaral, Melendi o, más recientemente, Don Patricio. Tampoco se podrá acudir a las orquestas, que bien se situaban en la Praza Maior, para deleite de jóvenes pero también de los más mayores, que no se negaban a un pasodoble frente al Concello, o en la Praza Horta do Seminario, reservada ya para las grandes orquestas, que podían así tocar frente a un auditorio mayor, gracias a las amplias dimensiones de la plaza situada en la Acea de Olga, sin duda de las zonas más boyantes de la ciudad.

No habrá (o por lo menos se intentará que no haya) el mítico botellón en el Parque Rosalía de Castro, ni estarán los pubs abiertos. Tampoco los lucenses ni los miles de visitantes, que vienen de todos los rincones de Galicia, pero también de España, y que llenan los diferentes hoteles de la ciudad, podrán subirse al Ratón Vacilón o jugar unas partidas en la Tómbola del Jamón o en el Bingo. Todo ello acompañado de unos churros de los puestos instalados a las puertas del recinto ferial, que este año no encenderá las letras gigantes que presiden el espacio.

Las limitaciones implican, evidentemente, un nuevo palo en las ruedas para la economía lucense. Un palo obligado por la situación sanitaria, que para la maltrecha hostelería supone reducir su caja en estas fiestas, básicas junto al Arde Lucus –también fulminado por la pandemia– es una especie de puntilla. Ahora tratarán de hacer la mayor caja posible en este San Froilán, del que hoy 5 de octubre es su día grande, y que se extiende hasta el próximo día 12, también festivo, aunque en todo el país.

Por una parte, las tradicionales casetas que instalan algunos restaurantes lucenses, y que son conocidas por las reuniones de familiares, amigos o empresas, no se instalarán en las cuestas del Parque Rosalía de Castro, junto a donde estarían ubicadas las barracas. Esas reuniones, en muchos casos multitudinarias, son ahora mismo impensables, y más con las restricciones que siguen pesando sobre la ciudad amurallada. Estas casetas están instaladas más tiempo del que duran las propias fiestas, para obtener así un mayor retorno económico.

Pero esto no significa que no vaya a haber pulpo, la seña de identidad de esta gran fiesta de Galicia, y sin duda, la que pone el broche del oro a la temporada fiestera, adentrándose ya en el otoño. «Va a ser un San Froilán de perfil muy bajo. Solicitamos, para facilitar los ingresos del sector, poner calderos del pulpo en los establecimientos, en las calles. Habrá calderos, bien compartidos entre varios establecimientos o con un caldero para cada uno, pero la fórmula yo pienso que será compartir», cuenta al otro lado del teléfono el presidente de la Asociación Provincial de Hosteleros de Lugo (Apehl), Cheché Real, que de esta manera mantendrán la tradición de ver a los pulperos y las pulperas en la calle preparando este cefalópodo, otra de las marcas de la casa de la fiesta lucense. Las raciones de pulpo, con su picante (o sin él)y sus cachelos quedan así a salvo.

La hostelería además se marca otro objetivo mayor: permitir a la ciudadanía su desconexión. Señala Real que intentarán traer «esa alegría que falta y sacar a la gente a la calle», aunque siempre, remarca en varias ocasiones, siguiendo las normas sanitarias, que insiste en que los locales de la hostelería se cumplen. De todas maneras, a la hostelería lucense no le ha gustado que sigan en vigor las medidas restrictivas sobre la ciudad, que limitan las reuniones a diez personas o prohíben el uso de la barra.

También se queja del cierre del ocio nocturno y recuerda que en el mundo de la hostelería, que alimenta a miles de personas, sigue habiendo «gastos, impuestos» y muchos también tienen «hipotecas» o «reformas» que afrontar. Y esos pagos, lamentablemente, no descansan. Además, señala que las reservas en los diferentes locales este año no son tan cruciales como podrían ser otros años, ya que no están siendo extrañas las cancelaciones. «No se reserva como antes», asegura. Antes, un día como el 5 de octubre podrían encontrarse verdaderas dificultades para sentarse a comer en una mesa de buena parte de los establecimientos lugueses sin reserva previa. No se queda ahí el mandatario de Apehl, que asegura que «ahora no somos dueños de nuestros establecimientos, no tenemos facultades sobre el negocio», a pesar de que no resta importancia a la situación sanitaria «grave».

Las actividades
Por lo demás, habrá conciertos, pero con un aforo muy limitado y algún que otro acto por las calles. El Concello diseñó una semana de actividades culturales que contará con la participación de 57 agrupaciones locales. Contarán con «elementos clásicos del San Froilán que se vienen celebrando en los últimos años», explicó la edil de Cultura, Maite Ferreiro, pero «adaptándolos a la situación actual».

Ferreiro precisó que «las agrupaciones locales tendrán el protagonismo en conciertos y actividades de calle» con más de 50 grupos que prestarán atención a la alta calidad musical que se puede encontrar en Galicia. Habrá recitales de De Vacas, Rosa Cedrón o Verto, con aforo limitado, sillas y distancia de seguridad. La entrada es gratuita pero debe ser retirada previamente.

La periodista Tonina Gay fue la encargada en la noche de ayer de realizar el pregón con el que comienza la fiesta, que es de Interés Turístico Nacional. Los Pelúdez, símbolo de las fiestas y que representan a la tradicional familia que pasea por las calles de la ciudad durante las fiestas, tampoco faltará a la cita. Pelúdez y el resto de la familia conseguirán sacar punta a la situación que se está viviendo.

También seguirá en alto el San Froilán Miúdo, que son las actividades destinadas para los más pequeños de la casa. De esa manera se intentará que haya San Froilán, pese a todo. Todo para intentar que una celebración que ha sacado a la calle a los lucenses desde el siglo XIX aguante también los embates de la pandemia de coronavirus. No pudo aguantarlos en 1918 con la conocida como gripe española, que acabó interrumpiendo las fiestas, según recoge la edición de «El Progreso» de la época.

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