Lun. Jun 14th, 2021

Un estudio científico auspiciado por la profesora de Historia de la Universidad de Cádiz Ana María Niveau de Villedary y la antropóloga Milagros Macías ha determinado que el esqueleto que se hallaba en el interior del sarcófago femenino de origen fenicio, encontrado hace 40 años en la capital gaditana, no era de una mujer, sino de un hombre.

Ambas investigadoras han llegado a esta conclusión tras analizar los huesos, lo que también les ha permitido calcular su edad cuando falleció y algunos rasgos físicos. En la presentación del estudio, en el Museo de Cádiz, Niveau de Villedary explicó que forma parte de una investigación más amplia sobre restos óseos fenicios encontrados a lo largo del Mediterráneo. El mencionado sarcófago antropomorfo femenino apareció el 26 de septiembre de 1980 y suponía el segundo en Cádiz, tras el masculino hallado en 1887.

Cuando Niveau de Villedary y Mila acudieron al Museo de Cádiz para iniciar su investigación y les entregaron los restos óseos, con el esqueleto casi completo, se preguntaron si aquella caja no era una confusión porque, a simple vista, se podía intuir que eran de un hombre y no de una mujer, de ahí que hayan dedicado este último año a finalizar esta investigación. Se hizo mediante una inspección macroscópica y una oseometría, que corroborararon la masculinidad del individuo enterrado mediante las medidas de la pelvis, el cráneo o el aspecto general del esqueleto.

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Los huesos, además, tienen inserciones musculares muy marcadas, lo que revela que se trataba de un hombre robusto. El estudio también aclara que cuando murió rondaría los 45 o 50 años, y se estima que medía entre 1,68 y 1,72 metros, una altura bastante considerable para la época. Además, presentaba lesiones en costillas y vértebras, cierta artrosis, le faltaban algunos dientes y tenía muy desarrolladas una rodilla y un hombro, algo propio de algún deporte. En el sarcófago apareció también un sello que representaba a un hombre lanzando una honda, actividad que podría provocar las afecciones que presentaba el cuerpo.

La investigación lanza alguna hipótesis sobre por qué se usó un sarcófago con forma de mujer para enterrar a un hombre, como que pudo ser una reutilización familiar y que, incluso, esta reutilización pudo no ser fenicia, sino romana o de una época posterior. Lo cierto es que la investigación sigue abierta y, de hecho, se cree que, igualmente, los restos del sarcófago masculino hallado en 1887 pertenecían, en realidad, a una mujer.,
Un estudio científico auspiciado por la profesora de Historia de la Universidad de Cádiz Ana María Niveau de Villedary y la antropóloga Milagros Macías ha determinado que el esqueleto que se hallaba en el interior del sarcófago femenino de origen fenicio, encontrado hace 40 años en la capital gaditana, no era de una mujer, sino de un hombre.

Ambas investigadoras han llegado a esta conclusión tras analizar los huesos, lo que también les ha permitido calcular su edad cuando falleció y algunos rasgos físicos. En la presentación del estudio, en el Museo de Cádiz, Niveau de Villedary explicó que forma parte de una investigación más amplia sobre restos óseos fenicios encontrados a lo largo del Mediterráneo. El mencionado sarcófago antropomorfo femenino apareció el 26 de septiembre de 1980 y suponía el segundo en Cádiz, tras el masculino hallado en 1887.

Cuando Niveau de Villedary y Mila acudieron al Museo de Cádiz para iniciar su investigación y les entregaron los restos óseos, con el esqueleto casi completo, se preguntaron si aquella caja no era una confusión porque, a simple vista, se podía intuir que eran de un hombre y no de una mujer, de ahí que hayan dedicado este último año a finalizar esta investigación. Se hizo mediante una inspección macroscópica y una oseometría, que corroborararon la masculinidad del individuo enterrado mediante las medidas de la pelvis, el cráneo o el aspecto general del esqueleto.

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Los huesos, además, tienen inserciones musculares muy marcadas, lo que revela que se trataba de un hombre robusto. El estudio también aclara que cuando murió rondaría los 45 o 50 años, y se estima que medía entre 1,68 y 1,72 metros, una altura bastante considerable para la época. Además, presentaba lesiones en costillas y vértebras, cierta artrosis, le faltaban algunos dientes y tenía muy desarrolladas una rodilla y un hombro, algo propio de algún deporte. En el sarcófago apareció también un sello que representaba a un hombre lanzando una honda, actividad que podría provocar las afecciones que presentaba el cuerpo.

La investigación lanza alguna hipótesis sobre por qué se usó un sarcófago con forma de mujer para enterrar a un hombre, como que pudo ser una reutilización familiar y que, incluso, esta reutilización pudo no ser fenicia, sino romana o de una época posterior. Lo cierto es que la investigación sigue abierta y, de hecho, se cree que, igualmente, los restos del sarcófago masculino hallado en 1887 pertenecían, en realidad, a una mujer.

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