Jue. Abr 15th, 2021

En Marea decide desde las 10 de esta mañana en un hotel de Teo, próximo a Santiago, su futuro. Y éste puede pasar por dar carpetazo después de solo cuatro años. Sería un capítulo más, pero no uno cualquiera, en el proceso de descomposición del rutpurismo gallego. Como se avanzó desde la formación a través de un comunicado, en el plenario extraordinario de este sábado se decidirá «entre continuar con el proyecto o no continuar». Si la opción es la terminal, se resolvería «disolviendo la organización, dentro del cumplimiento que las medidas legales y económicas permitan».

En caso de que los inscritos, que tendrán «la última palabra sobre el futuro de En Marea», apuesten por darse otra oportunidad, se valoraría «la convocatoria de un nuevo plenario para iniciar el proceso de elección del nuevo Consello y de la Comisión de Garantías, así como la línea política a seguir». La incógnita se resolverá a partir de las 18 horas de este sábado: para esa hora hay fijada una rueda de prensa en Santiago.

Por lo de pronto, y tras los «pésimos resultados obtenidos en las últimas elecciones autonómicas», donde Marea Galeguista (En Marea junto a Compromiso por Galicia y Partido Galeguista) se quedó en un pírrico 0,22% de apoyos, en el plenario extraordinario se debate la tesis política «En Marea después de las elecciones de julio de 2020».

En dicho documento se consigna tal calificativo, «pésimos», para referirse a los resultados cosechados el 12-J, que dejaron a la formación en una situación, se constata, de «enorme debilidad». «Debemos enfrentarnos a una profunda crisis política y organizativa», advierten, para matizar que no toca elaborar un texto programático o actualizar sus tesis, dado que En Marea se «ratifica» en su programa y también en las bases ideológico-políticas que aprobaron en el plenario de julio de 2019.

Balance
El documento hace balance del periplo del rupturismo gallego durante los últimos años, reiterando el lamento porque, a pesar del resultado en las autonómicas de 2016, que les aupó a primera fuerza de la oposición, «enseguida surgirían las discrepancias y los problemas de ámbito interno que nos harían entrar en una espiral autodestructiva». No se menciona a Podemos y sus injerencias, pero se apunta al «irresponsable comportamiento de aquellas organizaciones que impulsaron el proyecto» y que trataron de «patrimonializar» el proyecto instrumental «en consonancia con sus intereses partidarios».

«La oportunidad de cambio (…) para las elecciones gallegos de 2020 se esfumaba a una velocidad de vértigo a causa de actitudes sectarias, izquierdismos infantiles y una imperdonable falta de madurez política por parte de las élites de los partidos que formaban parte esencial de En Marea», se expone. El resultado es conocido: una «agónica fractura en la que Podemos, EU-IU, Anova y algunas Mareas locales emprendía su camino como simple coalición electoral al margen de En Marea».

Por ese camino quedaba el magistrado Luís Villares. Quien fuera portavoz de En Marea tiraba la toalla el pasado mes de febrero, cuando anunciaba que dejaba la política. Atrás quedaban largos meses de desgaste, que incluso se saldaron con el cisma en el grupo parlamentario: Villares acabó con un puñado de fieles en el Grupo Mixto, y el resto, en el Grupo Común da Esquerda. Negro presagio para el espacio rupturista de cara a las autonómicas. Las urnas así lo confirmaron. Las consecuencias de estas desavenencias fueron «letales» para todos, plasma la tesis que este sábado se debate en Teo. La coalición encabezada por Antón Gómez-Reino como cabeza visible de Podemos también se estrellaba: cero escaños.

Hay cierta autocrítica por parte de En Marea en el documento, al asumir «falta de capacidad para madurar un proyecto político» una vez constatada la ruptura ante el 12-J, así como incapacidad para «articular una estructura territorial» que les diera solidez. Y no faltan los tirones de orejas al BNG, a quien se reprocha su «tradicional visión exclusivista y excluyente», que hizo imposible una confluencia de izquierdas. Para En Marea, actualmente «resulta absolutamente imposible llegar a acuerdos» para conformar una «alternativa» en condiciones de «poner en cuestión la hegemonía de la derecha» en Galicia.

Necesarios, ¿pero viables?
A partir de aquí, en el documento «En Marea, después de las elecciones de julio de 2020» se postula que «la senda política (…) sigue estando absolutamente vigente y no existe en este momento ninguna organización que ocupe ese espacio». Y añaden que su organización «será muy necesaria en los difíciles momentos que se avecinan». Desgranan los motivos por los que se siguen viendo necesarios, pero a renglón seguido avisan: «Una cosa es la necesidad de esta organización y otra su viabilidad». «Sin apoyo popular solo podemos confiar en la energía organizativa con la que contamos para la travesía que tenemos por delante».

«Recomponer el espacio político precisará constancia, tiempo y humildad». Casi tres años hasta las próximas elecciones, las municipales, salvo adelanto. Una larga travesía, en efecto. Se aprecia como «imprescindible» el «protagonismo de las mareas municipales (…) en esta reconstrucción» y se anticipa como «reto inmediato (…) establecer una comunicación efectiva con todas las mareas y buscar fórmulas de colaboración».

Pero todo esto quedará en papel mojado si los inscritos deciden que ha llegado el momento de apretar el botón de apagado por entender que «estamos ante el final de En Marea tal y como fue concebida hace ahora cuatro años. Aquel proyecto de unidad (…), que venía para cambiarlo todo, fracasó». «Llegamos a esta conclusión sin dramatismos», asumiendo que los partidos políticos, «cuando dejan de ser útiles (…), simplemente deben desecharse». Este es el escenario más adverso, el terminal, que plantea el documento.

El opuesto pasaría por seguir, entendiendo que «las emergencias que fundamentan el programa político de En Marea siguen presentes, incluso de forma más fuerte y evidente (…). Es viable rehacer la organización desde la base de los territorios y volver a generar ilusión».

La respuesta, este sábado.,
En Marea decide desde las 10 de esta mañana en un hotel de Teo, próximo a Santiago, su futuro. Y éste puede pasar por dar carpetazo después de solo cuatro años. Sería un capítulo más, pero no uno cualquiera, en el proceso de descomposición del rutpurismo gallego. Como se avanzó desde la formación a través de un comunicado, en el plenario extraordinario de este sábado se decidirá «entre continuar con el proyecto o no continuar». Si la opción es la terminal, se resolvería «disolviendo la organización, dentro del cumplimiento que las medidas legales y económicas permitan».

En caso de que los inscritos, que tendrán «la última palabra sobre el futuro de En Marea», apuesten por darse otra oportunidad, se valoraría «la convocatoria de un nuevo plenario para iniciar el proceso de elección del nuevo Consello y de la Comisión de Garantías, así como la línea política a seguir». La incógnita se resolverá a partir de las 18 horas de este sábado: para esa hora hay fijada una rueda de prensa en Santiago.

Por lo de pronto, y tras los «pésimos resultados obtenidos en las últimas elecciones autonómicas», donde Marea Galeguista (En Marea junto a Compromiso por Galicia y Partido Galeguista) se quedó en un pírrico 0,22% de apoyos, en el plenario extraordinario se debate la tesis política «En Marea después de las elecciones de julio de 2020».

En dicho documento se consigna tal calificativo, «pésimos», para referirse a los resultados cosechados el 12-J, que dejaron a la formación en una situación, se constata, de «enorme debilidad». «Debemos enfrentarnos a una profunda crisis política y organizativa», advierten, para matizar que no toca elaborar un texto programático o actualizar sus tesis, dado que En Marea se «ratifica» en su programa y también en las bases ideológico-políticas que aprobaron en el plenario de julio de 2019.

Balance
El documento hace balance del periplo del rupturismo gallego durante los últimos años, reiterando el lamento porque, a pesar del resultado en las autonómicas de 2016, que les aupó a primera fuerza de la oposición, «enseguida surgirían las discrepancias y los problemas de ámbito interno que nos harían entrar en una espiral autodestructiva». No se menciona a Podemos y sus injerencias, pero se apunta al «irresponsable comportamiento de aquellas organizaciones que impulsaron el proyecto» y que trataron de «patrimonializar» el proyecto instrumental «en consonancia con sus intereses partidarios».

«La oportunidad de cambio (…) para las elecciones gallegos de 2020 se esfumaba a una velocidad de vértigo a causa de actitudes sectarias, izquierdismos infantiles y una imperdonable falta de madurez política por parte de las élites de los partidos que formaban parte esencial de En Marea», se expone. El resultado es conocido: una «agónica fractura en la que Podemos, EU-IU, Anova y algunas Mareas locales emprendía su camino como simple coalición electoral al margen de En Marea».

Por ese camino quedaba el magistrado Luís Villares. Quien fuera portavoz de En Marea tiraba la toalla el pasado mes de febrero, cuando anunciaba que dejaba la política. Atrás quedaban largos meses de desgaste, que incluso se saldaron con el cisma en el grupo parlamentario: Villares acabó con un puñado de fieles en el Grupo Mixto, y el resto, en el Grupo Común da Esquerda. Negro presagio para el espacio rupturista de cara a las autonómicas. Las urnas así lo confirmaron. Las consecuencias de estas desavenencias fueron «letales» para todos, plasma la tesis que este sábado se debate en Teo. La coalición encabezada por Antón Gómez-Reino como cabeza visible de Podemos también se estrellaba: cero escaños.

Hay cierta autocrítica por parte de En Marea en el documento, al asumir «falta de capacidad para madurar un proyecto político» una vez constatada la ruptura ante el 12-J, así como incapacidad para «articular una estructura territorial» que les diera solidez. Y no faltan los tirones de orejas al BNG, a quien se reprocha su «tradicional visión exclusivista y excluyente», que hizo imposible una confluencia de izquierdas. Para En Marea, actualmente «resulta absolutamente imposible llegar a acuerdos» para conformar una «alternativa» en condiciones de «poner en cuestión la hegemonía de la derecha» en Galicia.

Necesarios, ¿pero viables?
A partir de aquí, en el documento «En Marea, después de las elecciones de julio de 2020» se postula que «la senda política (…) sigue estando absolutamente vigente y no existe en este momento ninguna organización que ocupe ese espacio». Y añaden que su organización «será muy necesaria en los difíciles momentos que se avecinan». Desgranan los motivos por los que se siguen viendo necesarios, pero a renglón seguido avisan: «Una cosa es la necesidad de esta organización y otra su viabilidad». «Sin apoyo popular solo podemos confiar en la energía organizativa con la que contamos para la travesía que tenemos por delante».

«Recomponer el espacio político precisará constancia, tiempo y humildad». Casi tres años hasta las próximas elecciones, las municipales, salvo adelanto. Una larga travesía, en efecto. Se aprecia como «imprescindible» el «protagonismo de las mareas municipales (…) en esta reconstrucción» y se anticipa como «reto inmediato (…) establecer una comunicación efectiva con todas las mareas y buscar fórmulas de colaboración».

Pero todo esto quedará en papel mojado si los inscritos deciden que ha llegado el momento de apretar el botón de apagado por entender que «estamos ante el final de En Marea tal y como fue concebida hace ahora cuatro años. Aquel proyecto de unidad (…), que venía para cambiarlo todo, fracasó». «Llegamos a esta conclusión sin dramatismos», asumiendo que los partidos políticos, «cuando dejan de ser útiles (…), simplemente deben desecharse». Este es el escenario más adverso, el terminal, que plantea el documento.

El opuesto pasaría por seguir, entendiendo que «las emergencias que fundamentan el programa político de En Marea siguen presentes, incluso de forma más fuerte y evidente (…). Es viable rehacer la organización desde la base de los territorios y volver a generar ilusión».

La respuesta, este sábado.

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