Jue. Jun 17th, 2021

En Marea asume que «los resultados electorales del 12-J constatan el agotamiento de nuestro movimiento» y desde la formación rupturista se indica que «acabada esta etapa», a partir de este momento «ampliamos proceso de reflexión de nuestro espacio político y animamos a todas las personas que participaron (…) a reflexionar sobre los problemas de la sociedad gallega y a seguir luchando por los valores que inspiraron en su día la creación» del partido instrumental, pensando singularmente en «las más de cuarenta mareas locales activas».

En Marea ha celebrado este sábado su último plenario, para valorar sus cuatro años de andadura, a la que dieron la estocada los «pésimos resultados», como se admitía desde la formación, cosechados en las autonómicas del 12 de julio. A la vista de que apenas lograron un 0,22% de los apoyos, dejaron en manos de sus inscritos decidir si seguir o no con el proyecto.

La suerte de la formación se ha dirimido en un hotel de Teo, próximo a Santiago. Un capítulo más, pero no uno cualquiera, en el proceso de descomposición del rutpurismo gallego. Como se avanzó este viernes a través de un comunicado, ante la opción de dar carpetazo se resolvería «disolviendo la organización, dentro del cumplimiento que las medidas legales y económicas permitan».

Está previsto que a partir de las 18 horas se celebre una rueda de prensa donde se ampliará la decisión adoptada por la formación, que en 2016 llegó a ser segunda fuerza en Galicia y liderar a la oposición.

Pleno extraordinario
En el plenario extraordinario de este sábado se ha debatido la tesis política «En Marea después de las elecciones de julio de 2020». En dicho documento se consigna tal calificativo, «pésimos», para referirse a los resultados cosechados el 12-J, que dejaron a la formación en una situación, se constata, de «enorme debilidad». «Debemos enfrentarnos a una profunda crisis política y organizativa», advierten, para matizar que no toca elaborar un texto programático o actualizar sus tesis, dado que En Marea se «ratifica» en su programa y también en las bases ideológico-políticas que aprobaron en el plenario de julio de 2019.

El documento hace balance del periplo del rupturismo gallego durante los últimos años, reiterando el lamento porque, a pesar del resultado en las autonómicas de 2016, que les aupó a primera fuerza de la oposición, «enseguida surgirían las discrepancias y los problemas de ámbito interno que nos harían entrar en una espiral autodestructiva». No se menciona a Podemos y sus injerencias, pero se apunta al «irresponsable comportamiento de aquellas organizaciones que impulsaron el proyecto» y que trataron de «patrimonializar» el proyecto instrumental «en consonancia con sus intereses partidarios».

«La oportunidad de cambio (…) para las elecciones gallegos de 2020 se esfumaba a una velocidad de vértigo a causa de actitudes sectarias, izquierdismos infantiles y una imperdonable falta de madurez política por parte de las élites de los partidos que formaban parte esencial de En Marea», se expone. El resultado es conocido: una «agónica fractura en la que Podemos, EU-IU, Anova y algunas Mareas locales emprendía su camino como simple coalición electoral al margen de En Marea».

Por ese camino quedaba el magistrado Luís Villares. Quien fuera portavoz de En Marea tiraba la toalla el pasado mes de febrero, cuando anunciaba que dejaba la política. Atrás quedaban largos meses de desgaste, que incluso se saldaron con el cisma en el grupo parlamentario: Villares acabó con un puñado de fieles en el Grupo Mixto, y el resto, en el Grupo Común da Esquerda. Negro presagio para el espacio rupturista de cara a las autonómicas. Las urnas así lo confirmaron. Las consecuencias de estas desavenencias fueron «letales» para todos, plasma la tesis que este sábado se debate en Teo. La coalición encabezada por Antón Gómez-Reino como cabeza visible de Podemos también se estrellaba: cero escaños.

Hay cierta autocrítica por parte de En Marea en el documento, al asumir «falta de capacidad para madurar un proyecto político» una vez constatada la ruptura ante el 12-J, así como incapacidad para «articular una estructura territorial» que les diera solidez. Y no faltan los tirones de orejas al BNG, a quien se reprocha su «tradicional visión exclusivista y excluyente», que hizo imposible una confluencia de izquierdas. Para En Marea, actualmente «resulta absolutamente imposible llegar a acuerdos» para conformar una «alternativa» en condiciones de «poner en cuestión la hegemonía de la derecha» en Galicia.

Necesarios, ¿pero viables?
A partir de aquí, en el documento «En Marea, después de las elecciones de julio de 2020» se postula que «la senda política (…) sigue estando absolutamente vigente y no existe en este momento ninguna organización que ocupe ese espacio». Y añaden que su organización «será muy necesaria en los difíciles momentos que se avecinan». Desgranan los motivos por los que se siguen viendo necesarios, pero a renglón seguido avisan: «Una cosa es la necesidad de esta organización y otra su viabilidad». «Sin apoyo popular solo podemos confiar en la energía organizativa con la que contamos para la travesía que tenemos por delante».

«Recomponer el espacio político precisará constancia, tiempo y humildad». Casi tres años hasta las próximas elecciones, las municipales, salvo adelanto. Una larga travesía, en efecto. Se aprecia como «imprescindible» el «protagonismo de las mareas municipales (…) en esta reconstrucción» y se anticipa como «reto inmediato (…) establecer una comunicación efectiva con todas las mareas y buscar fórmulas de colaboración».,
En Marea asume que «los resultados electorales del 12-J constatan el agotamiento de nuestro movimiento» y desde la formación rupturista se indica que «acabada esta etapa», a partir de este momento «ampliamos proceso de reflexión de nuestro espacio político y animamos a todas las personas que participaron (…) a reflexionar sobre los problemas de la sociedad gallega y a seguir luchando por los valores que inspiraron en su día la creación» del partido instrumental, pensando singularmente en «las más de cuarenta mareas locales activas».

En Marea ha celebrado este sábado su último plenario, para valorar sus cuatro años de andadura, a la que dieron la estocada los «pésimos resultados», como se admitía desde la formación, cosechados en las autonómicas del 12 de julio. A la vista de que apenas lograron un 0,22% de los apoyos, dejaron en manos de sus inscritos decidir si seguir o no con el proyecto.

La suerte de la formación se ha dirimido en un hotel de Teo, próximo a Santiago. Un capítulo más, pero no uno cualquiera, en el proceso de descomposición del rutpurismo gallego. Como se avanzó este viernes a través de un comunicado, ante la opción de dar carpetazo se resolvería «disolviendo la organización, dentro del cumplimiento que las medidas legales y económicas permitan».

Está previsto que a partir de las 18 horas se celebre una rueda de prensa donde se ampliará la decisión adoptada por la formación, que en 2016 llegó a ser segunda fuerza en Galicia y liderar a la oposición.

Pleno extraordinario
En el plenario extraordinario de este sábado se ha debatido la tesis política «En Marea después de las elecciones de julio de 2020». En dicho documento se consigna tal calificativo, «pésimos», para referirse a los resultados cosechados el 12-J, que dejaron a la formación en una situación, se constata, de «enorme debilidad». «Debemos enfrentarnos a una profunda crisis política y organizativa», advierten, para matizar que no toca elaborar un texto programático o actualizar sus tesis, dado que En Marea se «ratifica» en su programa y también en las bases ideológico-políticas que aprobaron en el plenario de julio de 2019.

El documento hace balance del periplo del rupturismo gallego durante los últimos años, reiterando el lamento porque, a pesar del resultado en las autonómicas de 2016, que les aupó a primera fuerza de la oposición, «enseguida surgirían las discrepancias y los problemas de ámbito interno que nos harían entrar en una espiral autodestructiva». No se menciona a Podemos y sus injerencias, pero se apunta al «irresponsable comportamiento de aquellas organizaciones que impulsaron el proyecto» y que trataron de «patrimonializar» el proyecto instrumental «en consonancia con sus intereses partidarios».

«La oportunidad de cambio (…) para las elecciones gallegos de 2020 se esfumaba a una velocidad de vértigo a causa de actitudes sectarias, izquierdismos infantiles y una imperdonable falta de madurez política por parte de las élites de los partidos que formaban parte esencial de En Marea», se expone. El resultado es conocido: una «agónica fractura en la que Podemos, EU-IU, Anova y algunas Mareas locales emprendía su camino como simple coalición electoral al margen de En Marea».

Por ese camino quedaba el magistrado Luís Villares. Quien fuera portavoz de En Marea tiraba la toalla el pasado mes de febrero, cuando anunciaba que dejaba la política. Atrás quedaban largos meses de desgaste, que incluso se saldaron con el cisma en el grupo parlamentario: Villares acabó con un puñado de fieles en el Grupo Mixto, y el resto, en el Grupo Común da Esquerda. Negro presagio para el espacio rupturista de cara a las autonómicas. Las urnas así lo confirmaron. Las consecuencias de estas desavenencias fueron «letales» para todos, plasma la tesis que este sábado se debate en Teo. La coalición encabezada por Antón Gómez-Reino como cabeza visible de Podemos también se estrellaba: cero escaños.

Hay cierta autocrítica por parte de En Marea en el documento, al asumir «falta de capacidad para madurar un proyecto político» una vez constatada la ruptura ante el 12-J, así como incapacidad para «articular una estructura territorial» que les diera solidez. Y no faltan los tirones de orejas al BNG, a quien se reprocha su «tradicional visión exclusivista y excluyente», que hizo imposible una confluencia de izquierdas. Para En Marea, actualmente «resulta absolutamente imposible llegar a acuerdos» para conformar una «alternativa» en condiciones de «poner en cuestión la hegemonía de la derecha» en Galicia.

Necesarios, ¿pero viables?
A partir de aquí, en el documento «En Marea, después de las elecciones de julio de 2020» se postula que «la senda política (…) sigue estando absolutamente vigente y no existe en este momento ninguna organización que ocupe ese espacio». Y añaden que su organización «será muy necesaria en los difíciles momentos que se avecinan». Desgranan los motivos por los que se siguen viendo necesarios, pero a renglón seguido avisan: «Una cosa es la necesidad de esta organización y otra su viabilidad». «Sin apoyo popular solo podemos confiar en la energía organizativa con la que contamos para la travesía que tenemos por delante».

«Recomponer el espacio político precisará constancia, tiempo y humildad». Casi tres años hasta las próximas elecciones, las municipales, salvo adelanto. Una larga travesía, en efecto. Se aprecia como «imprescindible» el «protagonismo de las mareas municipales (…) en esta reconstrucción» y se anticipa como «reto inmediato (…) establecer una comunicación efectiva con todas las mareas y buscar fórmulas de colaboración».

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