Sáb. Jul 31st, 2021

«Vengo a echar el cierre», confiesa relajado Fernando Trueba desde el interior del hotel María Cristina, donde encuentra refugio después de los dos días de galerna que han empapado San Sebastián. Su película, «El olvido que seremos», clausuró la 68 edición del festival, la del Covid y los cines al 40 por ciento de aforo, un certamen que baja el telón pero cuyo triunfo está en haber dado algo de luz a una industria que se marchita con las salas medio vacías.

Regresa Trueba a San Sebastián con la luminosa, amable y hagiográfica «El olvido que seremos», su primera producción fuera de España, en la que adapta la novela homónima de Héctor Abad Faciolince: la historia de un padre y un hijo, o mejor dicho, la historia de amor de un hijo por un padre al que asesinan en el Medellín de los 80. Es la biografía del médico Héctor Abad Gómez, padre del escritor, un líder social y destacado activista por los derechos humanos que molestaba a los dirigentes de uno y otro lado del panorama político.

P – El canto a la vida y a la familia que hace Héctor Abad en «El olvido que seremos» parece que lo ha asimilado como propio…

R – Es que esta familia, la familia Abad, que fue una familia de mujeres, era el negativo de la mía: éramos todo hermanos menos una niña. Es curioso ese contraste, pero de alguna manera algo de eso lo has vivido. El que es hijo único no sabe qué son esas casas llenas de gritos de la mañana a la noche, de risas, de peleas, de gritos, abrazos… Todo eso tan bonito de recrear en el cine y de darlo vida. Para mí, esas escenas son muy bonitas.

P – Héctor Abad Faciolince dice que «era escritor antes de saber escribir». Usted, ¿era cineasta antes de coger una cámara?

R – A lo mejor. Quizá ya hacía películas en mi cabeza. Lo que más feliz me hace es cuando Cecilia, que tiene 95 años, y que es excepcional, la adoro, me dijo que quería ver la película 25 veces más porque las escenas de todos los niños en casa las recordaba así, y me dijo que quería revivir aquellos momentos. Eso es lo máximo que te pueden decir cuando haces una película de este tipo.

P – Se ha tenido que ir a Colombia a rodar. ¿Cómo fue?

R – La producen ellos, yo soy el invitado. Siempre vas con un poco de miedo o precaución cuando vas al territorio que no es el tuyo, con un equipo que no es el tuyo habitual. Pero eran tan profesionales y tan buenos humanamente que me han hecho disfrutar muchísimo. E iba con cierta precaución de ver qué iba a pasar. Ha sido una maravilla.

P – ¿Cómo espera la recepción allí?

R – La primera sensación es muy buena. Estoy loco porque la vean allí porque esta historia es parte de su historia, y el libro es probablemente el más importante desde “Cien años años de soledad”.

P – En España, ¿sigue existiendo el cine de autor?

R – El cine de autor no ha desaparecido, lo que ha desaparecido, y que me perdonen las excepciones, es la figura del productor independiente que fue tan importante en la renovación del cine español en la transición.

P – Y ahora, ¿vendrá otra «renovación»?

R – Siempre va a haber gente que se va a negar a que le dicten el cine que hay que hacer. Y esa es la gente que salva el cine, que hace que el cine avance. También gente que tiene la capacidad de adaptarse y hacer algo bueno dentro del sistema, como lo había en Hollywood, que lo dominaban media docena de estudios con unas reglas comerciales muy fuertes, y dentro de ese esquema hubo gente que conseguía hacer joyas artísticas.

P – La influencia de las televisiones, el dominio de sus producciones, ¿puede hacer que haya menos voces, que el cine se estandarice?

R – La influencia de las televisiones ha empobrecido mucho el cine. La televisión es un aliado natural del cine, pero no puede ser la que decide el cine que se hace, porque eso lleva a un empobrecimiento absoluto.

P – Y la «cultura de la cancelación», ¿cómo puede afectar a ese cine?

R – Eso está afectando a todo: a la cultura, a la vida, a la política… Eso afecta a la vida. Están sonando voces de alarma de cosas que en principio podían ser fenomenales en cuanto a la libertad o la democracia y que sin embargo también pueden ser su enemiga. El semanario de “Le Monde” decía: “Las redes sociales están minando la democracia”. El artículo ponía los pelos de punta. Estaba centrado en whatsapp, en cómo era una esperanza y en lo que se ha convertido . Esas reflexiones, que antes no existían porque son muy nuevas, tendrán que hacerse.

P – ¿Y por qué el cine no cuenta esas nuevas realidades, por qué se ha alejado de ese día a día?

R – El que conozca ese mundo de las redes que lo haga, yo no lo conozco mucho ni me interesa demasiado… No voy a hacer películas sobre cosas que no me interesan.

Fernando Trueba

P – Y las series, ¿le interesan?

R – Sí, a veces veo series muy buenas, pero no soy de los que están viendo series todo el rato. Me gustaría probar ese viaje: tuve un proyecto pero vi que no suscitaba entusiasmo, creo que sería una serie cojonuda, pero ellos se lo pierden.

P – Ha cumplido los 65 pero veo que no piensa jubilarse…

R – Cuanto más mayor soy, más ideas tengo, no pierdo las ganas. ¿Te imaginas a Picasso jubilado a los sesenta? Me gusta todo Picasso, soy un fanático, pero el Picasso viejo me encanta porque es un salvaje, una especie de fiera. Normalmente se le descuida esa etapa: la gente habla del cubismo, de la epoca azul… y su última etapa se olvida, es como que son cosas de viejo, pero ese viejo es tremendo.

P – Y usted, ¿se ha pacificado o asalvajado?

R – He madurado. Y a la vez he conservado, dentro de lo posible, mi personalidad, mi relación con el cine. Mantengo mi amor por el cine y sigo viendo las películas que me gustan y yendo al cine a ver nuevas.

P – ¿Cómo va «They Shot the Piano Player», la película que prepara con Mariscal?

R – Llevamos mucho trabajando, no la hemos terminado del todo de montar y seguimos trabajando en ella, pero se ve muy bien.

P – ¿Le duele no haber podido estar en Cannes? [«El olvido que seremos» estaba en la selección del certamen francés, cancelado por el coronavirus]

R – Bueno, hemos formado parte de la selección, y eso es un honor. Este año las cosas son así, como que estemos hoy tu y yo con mascarilla y no nos veamos la mitad de nuestras caras.

P – ¿Aprovechó la pandemia para trabajar?

No pude adelantar mucho. Seguí trabajando por Skype en el proyecto de animación, pero sobre todo lo que he hecho ha sido leer como hacía años que no leía y ver todos los días una película. Pero sobre todo leer.,
«Vengo a echar el cierre», confiesa relajado Fernando Trueba desde el interior del hotel María Cristina, donde encuentra refugio después de los dos días de galerna que han empapado San Sebastián. Su película, «El olvido que seremos», clausuró la 68 edición del festival, la del Covid y los cines al 40 por ciento de aforo, un certamen que baja el telón pero cuyo triunfo está en haber dado algo de luz a una industria que se marchita con las salas medio vacías.

Regresa Trueba a San Sebastián con la luminosa, amable y hagiográfica «El olvido que seremos», su primera producción fuera de España, en la que adapta la novela homónima de Héctor Abad Faciolince: la historia de un padre y un hijo, o mejor dicho, la historia de amor de un hijo por un padre al que asesinan en el Medellín de los 80. Es la biografía del médico Héctor Abad Gómez, padre del escritor, un líder social y destacado activista por los derechos humanos que molestaba a los dirigentes de uno y otro lado del panorama político.

P – El canto a la vida y a la familia que hace Héctor Abad en «El olvido que seremos» parece que lo ha asimilado como propio…

R – Es que esta familia, la familia Abad, que fue una familia de mujeres, era el negativo de la mía: éramos todo hermanos menos una niña. Es curioso ese contraste, pero de alguna manera algo de eso lo has vivido. El que es hijo único no sabe qué son esas casas llenas de gritos de la mañana a la noche, de risas, de peleas, de gritos, abrazos… Todo eso tan bonito de recrear en el cine y de darlo vida. Para mí, esas escenas son muy bonitas.

P – Héctor Abad Faciolince dice que «era escritor antes de saber escribir». Usted, ¿era cineasta antes de coger una cámara?

R – A lo mejor. Quizá ya hacía películas en mi cabeza. Lo que más feliz me hace es cuando Cecilia, que tiene 95 años, y que es excepcional, la adoro, me dijo que quería ver la película 25 veces más porque las escenas de todos los niños en casa las recordaba así, y me dijo que quería revivir aquellos momentos. Eso es lo máximo que te pueden decir cuando haces una película de este tipo.

P – Se ha tenido que ir a Colombia a rodar. ¿Cómo fue?

R – La producen ellos, yo soy el invitado. Siempre vas con un poco de miedo o precaución cuando vas al territorio que no es el tuyo, con un equipo que no es el tuyo habitual. Pero eran tan profesionales y tan buenos humanamente que me han hecho disfrutar muchísimo. E iba con cierta precaución de ver qué iba a pasar. Ha sido una maravilla.

P – ¿Cómo espera la recepción allí?

R – La primera sensación es muy buena. Estoy loco porque la vean allí porque esta historia es parte de su historia, y el libro es probablemente el más importante desde “Cien años años de soledad”.

P – En España, ¿sigue existiendo el cine de autor?

R – El cine de autor no ha desaparecido, lo que ha desaparecido, y que me perdonen las excepciones, es la figura del productor independiente que fue tan importante en la renovación del cine español en la transición.

P – Y ahora, ¿vendrá otra «renovación»?

R – Siempre va a haber gente que se va a negar a que le dicten el cine que hay que hacer. Y esa es la gente que salva el cine, que hace que el cine avance. También gente que tiene la capacidad de adaptarse y hacer algo bueno dentro del sistema, como lo había en Hollywood, que lo dominaban media docena de estudios con unas reglas comerciales muy fuertes, y dentro de ese esquema hubo gente que conseguía hacer joyas artísticas.

P – La influencia de las televisiones, el dominio de sus producciones, ¿puede hacer que haya menos voces, que el cine se estandarice?

R – La influencia de las televisiones ha empobrecido mucho el cine. La televisión es un aliado natural del cine, pero no puede ser la que decide el cine que se hace, porque eso lleva a un empobrecimiento absoluto.

P – Y la «cultura de la cancelación», ¿cómo puede afectar a ese cine?

R – Eso está afectando a todo: a la cultura, a la vida, a la política… Eso afecta a la vida. Están sonando voces de alarma de cosas que en principio podían ser fenomenales en cuanto a la libertad o la democracia y que sin embargo también pueden ser su enemiga. El semanario de “Le Monde” decía: “Las redes sociales están minando la democracia”. El artículo ponía los pelos de punta. Estaba centrado en whatsapp, en cómo era una esperanza y en lo que se ha convertido . Esas reflexiones, que antes no existían porque son muy nuevas, tendrán que hacerse.

P – ¿Y por qué el cine no cuenta esas nuevas realidades, por qué se ha alejado de ese día a día?

R – El que conozca ese mundo de las redes que lo haga, yo no lo conozco mucho ni me interesa demasiado… No voy a hacer películas sobre cosas que no me interesan.

Fernando Trueba

P – Y las series, ¿le interesan?

R – Sí, a veces veo series muy buenas, pero no soy de los que están viendo series todo el rato. Me gustaría probar ese viaje: tuve un proyecto pero vi que no suscitaba entusiasmo, creo que sería una serie cojonuda, pero ellos se lo pierden.

P – Ha cumplido los 65 pero veo que no piensa jubilarse…

R – Cuanto más mayor soy, más ideas tengo, no pierdo las ganas. ¿Te imaginas a Picasso jubilado a los sesenta? Me gusta todo Picasso, soy un fanático, pero el Picasso viejo me encanta porque es un salvaje, una especie de fiera. Normalmente se le descuida esa etapa: la gente habla del cubismo, de la epoca azul… y su última etapa se olvida, es como que son cosas de viejo, pero ese viejo es tremendo.

P – Y usted, ¿se ha pacificado o asalvajado?

R – He madurado. Y a la vez he conservado, dentro de lo posible, mi personalidad, mi relación con el cine. Mantengo mi amor por el cine y sigo viendo las películas que me gustan y yendo al cine a ver nuevas.

P – ¿Cómo va «They Shot the Piano Player», la película que prepara con Mariscal?

R – Llevamos mucho trabajando, no la hemos terminado del todo de montar y seguimos trabajando en ella, pero se ve muy bien.

P – ¿Le duele no haber podido estar en Cannes? [«El olvido que seremos» estaba en la selección del certamen francés, cancelado por el coronavirus]

R – Bueno, hemos formado parte de la selección, y eso es un honor. Este año las cosas son así, como que estemos hoy tu y yo con mascarilla y no nos veamos la mitad de nuestras caras.

P – ¿Aprovechó la pandemia para trabajar?

No pude adelantar mucho. Seguí trabajando por Skype en el proyecto de animación, pero sobre todo lo que he hecho ha sido leer como hacía años que no leía y ver todos los días una película. Pero sobre todo leer.

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