Mar. May 18th, 2021

La lectura, desde este semiconfinamiento –o aislamiento, como si los días transcurriesen en Ogigia, la isla homérica de Calipso–, es una manera de mirar el mundo con ojos creadores ajenos y, en el caso del nuevo libro de relatos y cuentos «Nadie es perfecto», que acaba de publicar Juan Carlos Pantoja Rivero (Toledo, 1961) en la editorial Biblioteca Añil Literaria, las cosas y los hechos se vuelven próximos y extraños, reconocibles y asombrosos. Juan Carlos, profesor, experto en la literatura del Siglo de Oro, avisa con el título, recogido del habla común pero certero e irónico, de los sucesos de unos personajes que viven circunstancias cercanas al tormento, a la obsesión, al miedo… y envueltas, dichas situaciones, con una lámina engañosa de normalidad. Las narraciones de Pantoja oscilan entre hallazgos imposibles, fantásticos, y ocurrencias imprevistas, a veces sutiles, pero cambiando radicalmente el fluir cotidiano de los protagonistas.

El autor consigue con un lenguaje ajustado a los diferentes acontecimientos en las narraciones –y heredero de la magnífica tradición de los padres de la prosa española contemporánea– traer delante el deseo, la pulsión del deseo que, desde tu punto de vista, mueve la palabra y el gesto. Nada sobra en el discurso de Pantoja ni hay adornos superfluos en aquello que cuenta y cómo lo cuenta… La medida lingüística de los textos es la adecuada para que las vidas escritas en ellos salgan de la nada al deseo. El tono a veces melancólico, otras humorístico –con un toque de cierta negrura–, o crítico con lo políticamente correcto hasta llevarlo a la caricatura, o tierno en el afecto, conforma el latido de la imperfección humana, del deseo… Aunque, ¿quién se libra de él? Quizá se nace en la carencia y se va viviendo según el desear da paso a la esperanza…

Aquí, en Ogigia, en apariencia a salvo pero también distante –y también añorando cercanías sin máscaras ni precauciones–, la lectura de «Nadie es perfecto» recobra el encantamiento de la literatura. Juan Carlos Pantoja, amigo tuyo, excelente persona, no se resiste a contar. Faltan el silencio apropiado, la noche, las sombras y el círculo de los escuchadores… No importa, la magia de sus historias prevalece sobre el ruido.,
La lectura, desde este semiconfinamiento –o aislamiento, como si los días transcurriesen en Ogigia, la isla homérica de Calipso–, es una manera de mirar el mundo con ojos creadores ajenos y, en el caso del nuevo libro de relatos y cuentos «Nadie es perfecto», que acaba de publicar Juan Carlos Pantoja Rivero (Toledo, 1961) en la editorial Biblioteca Añil Literaria, las cosas y los hechos se vuelven próximos y extraños, reconocibles y asombrosos. Juan Carlos, profesor, experto en la literatura del Siglo de Oro, avisa con el título, recogido del habla común pero certero e irónico, de los sucesos de unos personajes que viven circunstancias cercanas al tormento, a la obsesión, al miedo… y envueltas, dichas situaciones, con una lámina engañosa de normalidad. Las narraciones de Pantoja oscilan entre hallazgos imposibles, fantásticos, y ocurrencias imprevistas, a veces sutiles, pero cambiando radicalmente el fluir cotidiano de los protagonistas.

El autor consigue con un lenguaje ajustado a los diferentes acontecimientos en las narraciones –y heredero de la magnífica tradición de los padres de la prosa española contemporánea– traer delante el deseo, la pulsión del deseo que, desde tu punto de vista, mueve la palabra y el gesto. Nada sobra en el discurso de Pantoja ni hay adornos superfluos en aquello que cuenta y cómo lo cuenta… La medida lingüística de los textos es la adecuada para que las vidas escritas en ellos salgan de la nada al deseo. El tono a veces melancólico, otras humorístico –con un toque de cierta negrura–, o crítico con lo políticamente correcto hasta llevarlo a la caricatura, o tierno en el afecto, conforma el latido de la imperfección humana, del deseo… Aunque, ¿quién se libra de él? Quizá se nace en la carencia y se va viviendo según el desear da paso a la esperanza…

Aquí, en Ogigia, en apariencia a salvo pero también distante –y también añorando cercanías sin máscaras ni precauciones–, la lectura de «Nadie es perfecto» recobra el encantamiento de la literatura. Juan Carlos Pantoja, amigo tuyo, excelente persona, no se resiste a contar. Faltan el silencio apropiado, la noche, las sombras y el círculo de los escuchadores… No importa, la magia de sus historias prevalece sobre el ruido.

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