Lun. Jun 14th, 2021

En la recta final de la campaña electoral se esperaban sorpresas, pero por alguna extraña razón el contagio del presidente y su mujer no estaba en la lista de las más probables. Al dar positivo, los Trump se unen a los más de siete millones de norteamericanos infectados, de los que 200.000 han fallecido. Por su edad y sobrepeso, el presidente pertenece a grupo de riesgo y deberá confinarse en la Casa Blanca al menos catorce días, hasta que, esperemos, se recupere.

La campaña más extraña que se recuerda se ha complicado todavía más. El staff de Donald Trump, de donde viene el contagio, puede estar también afectado. El presidente se empeñaba en viajar sin mascarilla y despreciaba las medidas de protección, una actitud seguida por su entorno, así como en buena parte del país. En teoría, el terremoto favorece a Joe Biden, porque sitúa de nuevo en el centro de los debates públicos la pandemia y la desastrosa gestión de la crisis sanitaria por Trump.

El asalto al Tribunal Supremo por los conservadores, los impuestos que el presidente ha dejado de pagar o los problemas del racismo y la brutalidad policial son asuntos que pasan a un segundo plano. Esta es al menos la percepción más extendida en Wall Street que ha reaccionado con pesimismo ante la noticia del contagio de un candidato republicano favorable a sus intereses. Pero Biden, ganador del primer debate, no puede aún cantar victoria. Es muy posible que no se celebre ningún cara a cara más, pero Trump es capaz de volver a la contienda electoral para presentarse como el triunfador sobre el «virus chino». Tendría a su favor además la corriente de simpatía y patriotismo que despierta su enfermedad.

En un escenario tan incierto se pueden hacer dos predicciones: la injerencia de países extranjeros en las elecciones aumentará, al percibirse una mayor debilidad institucional. A cambio, muchos ciudadanos norteamericanos se darán cuenta por primera vez de la gravedad del Covid-19 y empezará a seguir las recomendaciones de las agencias sanitarias del gobierno federal, las mismas que Trump ha ignorado.,
En la recta final de la campaña electoral se esperaban sorpresas, pero por alguna extraña razón el contagio del presidente y su mujer no estaba en la lista de las más probables. Al dar positivo, los Trump se unen a los más de siete millones de norteamericanos infectados, de los que 200.000 han fallecido. Por su edad y sobrepeso, el presidente pertenece a grupo de riesgo y deberá confinarse en la Casa Blanca al menos catorce días, hasta que, esperemos, se recupere.

La campaña más extraña que se recuerda se ha complicado todavía más. El staff de Donald Trump, de donde viene el contagio, puede estar también afectado. El presidente se empeñaba en viajar sin mascarilla y despreciaba las medidas de protección, una actitud seguida por su entorno, así como en buena parte del país. En teoría, el terremoto favorece a Joe Biden, porque sitúa de nuevo en el centro de los debates públicos la pandemia y la desastrosa gestión de la crisis sanitaria por Trump.

El asalto al Tribunal Supremo por los conservadores, los impuestos que el presidente ha dejado de pagar o los problemas del racismo y la brutalidad policial son asuntos que pasan a un segundo plano. Esta es al menos la percepción más extendida en Wall Street que ha reaccionado con pesimismo ante la noticia del contagio de un candidato republicano favorable a sus intereses. Pero Biden, ganador del primer debate, no puede aún cantar victoria. Es muy posible que no se celebre ningún cara a cara más, pero Trump es capaz de volver a la contienda electoral para presentarse como el triunfador sobre el «virus chino». Tendría a su favor además la corriente de simpatía y patriotismo que despierta su enfermedad.

En un escenario tan incierto se pueden hacer dos predicciones: la injerencia de países extranjeros en las elecciones aumentará, al percibirse una mayor debilidad institucional. A cambio, muchos ciudadanos norteamericanos se darán cuenta por primera vez de la gravedad del Covid-19 y empezará a seguir las recomendaciones de las agencias sanitarias del gobierno federal, las mismas que Trump ha ignorado.

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