Lun. Ago 2nd, 2021

El veto del Ejecutivo que ha impedido la asistencia del Rey a la entrega de despachos de nuevos jueces que se celebra hoy en Barcelona ha generado un profundo malestar en la judicatura y cierta ruptura dentro del órgano de Gobierno, que no ha logrado ponerse de acuerdo para emitir un posicionamiento unánime de la institución ante la insólita ausencia de Don Felipe en la Escuela Judicial.

La Comisión Permanente, reunida ayer, debatió con intensidad la propuesta de tres vocales de emitir un acuerdo en forma de comunicado para reivindicar la importancia de la figura del Rey en un acto que es emblemático, pues se trata de una suerte de jura y un cambio de etapa: el punto de partida para una hornada de 62 profesionales que impartirán Justicia en nombre del Jefe del Estado.

Sin embargo, la propuesta no salió adelante pues se impuso una mayoría de cinco votos, incluido el del propio presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Carlos Lesmes, a favor de que sea él quien verbalice en su discurso de entrega de los despachos -que este viernes se celebra en Barcelona- esa frustración de la judicatura que es un denominador común.

Según informaron a ABC en fuentes del Consejo, la discrepancia no era tanto en el «qué», porque el malestar y la percepción de que hay que expresarlo es «unánime»; sino en el «cómo», una fricción que se ha salvado en ocasiones anteriores. Sin ir más lejos, se posicionó a la Comisión Permanente, y así, a toda la institución, para deplorar por acuerdo y en dos ocasiones los ataques a la independencia judicial de parte del vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias. Ahora, el origen del malestar no está en Iglesias sino en el conjunto del Ejecutivo y la reacción no llegará de esa versión reducida del Pleno que es la Permanente, sino en el discurso institucional de su presidente durante la entrega de despachos.

Las fuentes consultadas que ven acertada esta decisión no aprecian excesiva diferencia, habida cuenta de que el CGPJ se rige por un sistema presidencialista y Lesmes es la máxima autoridad: habla por todos. De igual modo, quienes apostaban por un texto institucional apoyan que el presidente verbalice también el sentir colectivo. La clave está, de nuevo, en el «qué» y el «cómo»: Que efectivamente exprese a micro abierto la frustración de la judicatura y que lo haga en términos a la altura de las expectativas de los suyos.

No se esperan grandes reproches al Gobierno y de hecho, el comunicado que la Comisión Permanente rechazó suscribir no llevaba siquiera mención expresa. Fue suscrito por seis vocales, todos elegidos a propuesta del PP, y difundido este jueves: en tres párrafos lamentaban «profundamente» la ausencia del Rey en la entrega de despachos porque su presencia «es símbolo del valor que la Justicia tiene en un Estado de Derecho». Tras recordar que la promoción saliente de la Escuela Judicial impartirá Justicia en su nombre, el comunicado añadía que «las circunstancias que impiden la presencia del Rey» en ese acto les reafirma en la admiración y respeto de su figura, «símbolo de la unidad y permanencia del Estado».

Fueron más contundentes algunas asociaciones de jueces en la jornada anterior, tachando de injustificado e inexplicable el veto a la asistencia del Rey habiendo confirmado ya asistencia y contra la práctica de los últimos veinte años, una decisión que además, el Gobierno aún no ha explicado.

El ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, se ciñó ayer en la SER a que «la decisión la ha tomado quien la tenía que tomar» y «hay todo un paquete de razones que han aconsejado tomar esa decisión». No concretó cuáles, pero sí explicó que «en la ponderación de bienes hay que sacrificarse por algo más seguro». «Creo que la mayor obligación del Gobierno es proteger las instituciones y la Monarquía lo es», añadió. Lo que no dijo es de qué hay que «proteger» al Rey, dando alas a nuevas especulaciones sobre la seguridad del acto.

Un escenario atípico
Asisten
entre estupefactos y decepcionados
los 62 miembros de la sexagesimo novena promoción de la Escuela Judicial, que, a diferencia de sus antecesores, no podrán contar en ese gran día, que sin duda será para ellos, con la presencia del Rey, que cada año preside la ceremonia. Y también pena entre los organizadores, sobre todo pensando en la ilusión de quienes hoy reciben sus despachos, que con este acto cierran una etapa en sus vidas: «Hay cierta tristeza por no contar con el Rey», reconocía en declaraciones a ABC Jorge Jiménez, director de la Escuela Judicial, que cree que la ausencia del Monarca, por razones ajenas a ellos, no debe empañar la ilusión de quienes se incorporan a la carrera judicial.

Son 62 los integrantes de la última promoción que hoy reciben sus despachos en una ceremonia, que, excepcionalmente por la situación de pandemia, se celebrará en la misma sede de la Escuela Judicial, en Barcelona. Y la mayoría no se tendrán que ir luego muy lejos a trabajar, pues 56 de ellos tendrán como primer destino juzgados de Cataluña, mientras que los otros seis se trasladarán a Balencia, Canarias y Extremadura. Son 29 hombres y 33 mujeres, que accedieron a la Escuela Judicial con una media de edad de 28 años.

El acto no solo será atípico por la ausencia del Monarca sino por el cambio de escenario obligado por el Covid. Ante la imposibilidad de reunir, como en otras ocasiones, a medio millar de asistentes, los organizadores han decidido prescindir del habitual Auditorio de Barcelona y se decantaron por un acto más recogido en la Escuela Judicial, con un aforo de 81 personas. Ni los familiares podrán compartir sala con los patrocinados.,
El veto del Ejecutivo que ha impedido la asistencia del Rey a la entrega de despachos de nuevos jueces que se celebra hoy en Barcelona ha generado un profundo malestar en la judicatura y cierta ruptura dentro del órgano de Gobierno, que no ha logrado ponerse de acuerdo para emitir un posicionamiento unánime de la institución ante la insólita ausencia de Don Felipe en la Escuela Judicial.

La Comisión Permanente, reunida ayer, debatió con intensidad la propuesta de tres vocales de emitir un acuerdo en forma de comunicado para reivindicar la importancia de la figura del Rey en un acto que es emblemático, pues se trata de una suerte de jura y un cambio de etapa: el punto de partida para una hornada de 62 profesionales que impartirán Justicia en nombre del Jefe del Estado.

Sin embargo, la propuesta no salió adelante pues se impuso una mayoría de cinco votos, incluido el del propio presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Carlos Lesmes, a favor de que sea él quien verbalice en su discurso de entrega de los despachos -que este viernes se celebra en Barcelona- esa frustración de la judicatura que es un denominador común.

Según informaron a ABC en fuentes del Consejo, la discrepancia no era tanto en el «qué», porque el malestar y la percepción de que hay que expresarlo es «unánime»; sino en el «cómo», una fricción que se ha salvado en ocasiones anteriores. Sin ir más lejos, se posicionó a la Comisión Permanente, y así, a toda la institución, para deplorar por acuerdo y en dos ocasiones los ataques a la independencia judicial de parte del vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias. Ahora, el origen del malestar no está en Iglesias sino en el conjunto del Ejecutivo y la reacción no llegará de esa versión reducida del Pleno que es la Permanente, sino en el discurso institucional de su presidente durante la entrega de despachos.

Las fuentes consultadas que ven acertada esta decisión no aprecian excesiva diferencia, habida cuenta de que el CGPJ se rige por un sistema presidencialista y Lesmes es la máxima autoridad: habla por todos. De igual modo, quienes apostaban por un texto institucional apoyan que el presidente verbalice también el sentir colectivo. La clave está, de nuevo, en el «qué» y el «cómo»: Que efectivamente exprese a micro abierto la frustración de la judicatura y que lo haga en términos a la altura de las expectativas de los suyos.

No se esperan grandes reproches al Gobierno y de hecho, el comunicado que la Comisión Permanente rechazó suscribir no llevaba siquiera mención expresa. Fue suscrito por seis vocales, todos elegidos a propuesta del PP, y difundido este jueves: en tres párrafos lamentaban «profundamente» la ausencia del Rey en la entrega de despachos porque su presencia «es símbolo del valor que la Justicia tiene en un Estado de Derecho». Tras recordar que la promoción saliente de la Escuela Judicial impartirá Justicia en su nombre, el comunicado añadía que «las circunstancias que impiden la presencia del Rey» en ese acto les reafirma en la admiración y respeto de su figura, «símbolo de la unidad y permanencia del Estado».

Fueron más contundentes algunas asociaciones de jueces en la jornada anterior, tachando de injustificado e inexplicable el veto a la asistencia del Rey habiendo confirmado ya asistencia y contra la práctica de los últimos veinte años, una decisión que además, el Gobierno aún no ha explicado.

El ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, se ciñó ayer en la SER a que «la decisión la ha tomado quien la tenía que tomar» y «hay todo un paquete de razones que han aconsejado tomar esa decisión». No concretó cuáles, pero sí explicó que «en la ponderación de bienes hay que sacrificarse por algo más seguro». «Creo que la mayor obligación del Gobierno es proteger las instituciones y la Monarquía lo es», añadió. Lo que no dijo es de qué hay que «proteger» al Rey, dando alas a nuevas especulaciones sobre la seguridad del acto.

Un escenario atípico
Asisten
entre estupefactos y decepcionados
los 62 miembros de la sexagesimo novena promoción de la Escuela Judicial, que, a diferencia de sus antecesores, no podrán contar en ese gran día, que sin duda será para ellos, con la presencia del Rey, que cada año preside la ceremonia. Y también pena entre los organizadores, sobre todo pensando en la ilusión de quienes hoy reciben sus despachos, que con este acto cierran una etapa en sus vidas: «Hay cierta tristeza por no contar con el Rey», reconocía en declaraciones a ABC Jorge Jiménez, director de la Escuela Judicial, que cree que la ausencia del Monarca, por razones ajenas a ellos, no debe empañar la ilusión de quienes se incorporan a la carrera judicial.

Son 62 los integrantes de la última promoción que hoy reciben sus despachos en una ceremonia, que, excepcionalmente por la situación de pandemia, se celebrará en la misma sede de la Escuela Judicial, en Barcelona. Y la mayoría no se tendrán que ir luego muy lejos a trabajar, pues 56 de ellos tendrán como primer destino juzgados de Cataluña, mientras que los otros seis se trasladarán a Balencia, Canarias y Extremadura. Son 29 hombres y 33 mujeres, que accedieron a la Escuela Judicial con una media de edad de 28 años.

El acto no solo será atípico por la ausencia del Monarca sino por el cambio de escenario obligado por el Covid. Ante la imposibilidad de reunir, como en otras ocasiones, a medio millar de asistentes, los organizadores han decidido prescindir del habitual Auditorio de Barcelona y se decantaron por un acto más recogido en la Escuela Judicial, con un aforo de 81 personas. Ni los familiares podrán compartir sala con los patrocinados.

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