Lun. Jun 21st, 2021

Salvando la excepción, rotunda, de Ansu Fati, La Masía de los últimos años ha dado más noticias por sus fugas de jugadores que por lo que ha logrado aportar al primer equipo del Barça. La cantera azulgrana ya no es aquella fábrica monumental de talento que eclosionó a finales del siglo pasado y de la que tanto han presumido los dirigentes culés. Entre lo mucho que se ha escapado en las épocas más recientes está Adama Traoré, a quien el sueño de jugar y triunfar en el Barça se le truncó nada más cumplir la mayoría de edad. Hoy, con 24 años, el extremo triunfa en la Premier y forma parte por tercera vez de la convocatoria de la selección española. En las dos anteriores las lesiones, las presiones de Malí y el coronavirus le dejaron sin poder debutar. Luis Enrique cruza los dedos porque la tercera llamada sea la buena. También el jugador, ilusionado por la insistencia en contar con él.

De padres malienses y nacido y criado en Hospitalet de Llobregat, Adama llegó al Barça con ocho años y fue quemando las etapas habituales hasta llegar al Barça B. Con buen regate y capacidad de desborde, su altísima velocidad le daba un plus ante el resto de chavales. En su generación coincidió con Munir, Sandro, Grimaldo o el croata Halilovic, el Odegaard azulgrana de la época. En 2014 llegó a debutar en el primer equipo de la mano del Tata Martino, pero al año siguiente se torció su idilio con el club azulgrana. Curiosamente, coincidiendo con el aterrizaje en el banquillo de Luis Enrique.

Sin oportunidades

Messi, Luis Suárez y Neymar formaban entonces un trío ofensivo insustituible. Y para los pocos descansos que se les concedía, el asturiano prefirió dar chance a Munir y a Sandro. El remate fue quedarse fuera de la pretemporada de 2015. Ahí decidió marcharse. Nunca ha negado que se fue del Barça dolido, sintiendo que no le daban una oportunidad que merecía.

Se habló de que lo quería el Liverpool, pero acabó en el Aston Villa. Para entonces ya lucía un físico portentoso fruto de cientos de horas en el gimnasio. Su obsesión por evitar las lesiones musculares y explotar la aceleración moldeó su figura hasta convertirla en una más propia de alguien que se gana la vida con el fútbol americano o a las distancias más cortas del atletismo.

Con el Middlesbrough de Karanka comenzó a despuntar. El vasco cuenta, como anécdota, que en los descansos de los partidos le cambiaba de banda para tenerle siempre cerca del banquillo. No quería que se desbocase y se perdiera tácticamente. Era un error. Solo cuando tuvo libertad ofensiva comenzó a rendir de verdad.

El Wolverhampton, su tercer equipo en Inglaterra, le ha llevado al primer plano internacional. Va a hacer un año desde que Robert Moreno le convocase por primera vez para defender a España. Entró en la última lista del catalán como sustituto del lesionado Rodrigo. Solo un día después era él quien se caía por problemas físicos. Ya entonces se habló de las injerencias de Malí.

Luis Enrique, ahora ya convencido de su calidad, también se acordó de él en su primer reclutamiento tras la pandemia. Esta vez fue el coronavirus quien tumbó su estreno. Adama llegó a concentrarse con el resto de internacionales, pero una recomendación de la UEFA le volvió a sacar de la expedición. Ya no puede haber más obstáculos.,
Salvando la excepción, rotunda, de Ansu Fati, La Masía de los últimos años ha dado más noticias por sus fugas de jugadores que por lo que ha logrado aportar al primer equipo del Barça. La cantera azulgrana ya no es aquella fábrica monumental de talento que eclosionó a finales del siglo pasado y de la que tanto han presumido los dirigentes culés. Entre lo mucho que se ha escapado en las épocas más recientes está Adama Traoré, a quien el sueño de jugar y triunfar en el Barça se le truncó nada más cumplir la mayoría de edad. Hoy, con 24 años, el extremo triunfa en la Premier y forma parte por tercera vez de la convocatoria de la selección española. En las dos anteriores las lesiones, las presiones de Malí y el coronavirus le dejaron sin poder debutar. Luis Enrique cruza los dedos porque la tercera llamada sea la buena. También el jugador, ilusionado por la insistencia en contar con él.

De padres malienses y nacido y criado en Hospitalet de Llobregat, Adama llegó al Barça con ocho años y fue quemando las etapas habituales hasta llegar al Barça B. Con buen regate y capacidad de desborde, su altísima velocidad le daba un plus ante el resto de chavales. En su generación coincidió con Munir, Sandro, Grimaldo o el croata Halilovic, el Odegaard azulgrana de la época. En 2014 llegó a debutar en el primer equipo de la mano del Tata Martino, pero al año siguiente se torció su idilio con el club azulgrana. Curiosamente, coincidiendo con el aterrizaje en el banquillo de Luis Enrique.

Sin oportunidades

Messi, Luis Suárez y Neymar formaban entonces un trío ofensivo insustituible. Y para los pocos descansos que se les concedía, el asturiano prefirió dar chance a Munir y a Sandro. El remate fue quedarse fuera de la pretemporada de 2015. Ahí decidió marcharse. Nunca ha negado que se fue del Barça dolido, sintiendo que no le daban una oportunidad que merecía.

Se habló de que lo quería el Liverpool, pero acabó en el Aston Villa. Para entonces ya lucía un físico portentoso fruto de cientos de horas en el gimnasio. Su obsesión por evitar las lesiones musculares y explotar la aceleración moldeó su figura hasta convertirla en una más propia de alguien que se gana la vida con el fútbol americano o a las distancias más cortas del atletismo.

Con el Middlesbrough de Karanka comenzó a despuntar. El vasco cuenta, como anécdota, que en los descansos de los partidos le cambiaba de banda para tenerle siempre cerca del banquillo. No quería que se desbocase y se perdiera tácticamente. Era un error. Solo cuando tuvo libertad ofensiva comenzó a rendir de verdad.

El Wolverhampton, su tercer equipo en Inglaterra, le ha llevado al primer plano internacional. Va a hacer un año desde que Robert Moreno le convocase por primera vez para defender a España. Entró en la última lista del catalán como sustituto del lesionado Rodrigo. Solo un día después era él quien se caía por problemas físicos. Ya entonces se habló de las injerencias de Malí.

Luis Enrique, ahora ya convencido de su calidad, también se acordó de él en su primer reclutamiento tras la pandemia. Esta vez fue el coronavirus quien tumbó su estreno. Adama llegó a concentrarse con el resto de internacionales, pero una recomendación de la UEFA le volvió a sacar de la expedición. Ya no puede haber más obstáculos.

Por