Vie. Jul 23rd, 2021

Nasrin Sotoudeh, una de las más combativas abogadas de los derechos humanos en el país donde las mujeres –además de verse obligadas a llevar el velo– son las que de verdad portan los pantalones, podría morir en breve en la infausta prisión de Evine, en Teherán. Nasrin lleva más de 40 días en huelga de hambre, y tras un breve paso por el hospital a raíz de un paro cardiaco, ha regresado a prisión, y esta vez además a una celda de castigo. Es la segunda vez que la abogada, de 57 años, famosa por su defensa de los derechos humanos en el país de los ayatolás, es condenada simplemente por su labor de defensa en los tribunales de otros activistas, hoy prisioneros de conciencia como ella. En plena pandemia, y en un país especialmente castigado por el Covid-19, las autoridades de Irán han concedido la libertad condicionada a decenas de miles de presos comunes. Pero no a los presos políticos, en particular a los que tienen notoriedad en el extranjero como Nasrin Sotoudeh.

En el coro de voces de gobiernos y organismos internacionales que han alzado su voz de protesta destaca el silencio del organismo de la ONU creado, precisamente, para lograr un acercamiento apolítico al régimen integrista iraní. Se denomina Alianza de Civilizaciones, y partió de una iniciativa de Rodríguez Zapatero en 2004, en la Asamblea General de la ONU de aquel otoño. Recogía, casi literalmente, el guante lanzado años antes por el presidente iraní reformista, Jatamí, autor del término «Diálogo de Civilizaciones» entre el Occidente cristiano y el islam. Desde febrero de 2019 el Alto Representante de la ONU para la Alianza de Civilizaciones es Miguel Ángel Moratinos. ¿Qué labor ha desarrollado en casi dos años el exministro socialista? Se desconoce. ¿Cuántos prisioneros políticos ha logrado excarcelar con su diplomacia de diálogo hacia Irán? Que se sepa ninguno.,
Nasrin Sotoudeh, una de las más combativas abogadas de los derechos humanos en el país donde las mujeres –además de verse obligadas a llevar el velo– son las que de verdad portan los pantalones, podría morir en breve en la infausta prisión de Evine, en Teherán. Nasrin lleva más de 40 días en huelga de hambre, y tras un breve paso por el hospital a raíz de un paro cardiaco, ha regresado a prisión, y esta vez además a una celda de castigo. Es la segunda vez que la abogada, de 57 años, famosa por su defensa de los derechos humanos en el país de los ayatolás, es condenada simplemente por su labor de defensa en los tribunales de otros activistas, hoy prisioneros de conciencia como ella. En plena pandemia, y en un país especialmente castigado por el Covid-19, las autoridades de Irán han concedido la libertad condicionada a decenas de miles de presos comunes. Pero no a los presos políticos, en particular a los que tienen notoriedad en el extranjero como Nasrin Sotoudeh.

En el coro de voces de gobiernos y organismos internacionales que han alzado su voz de protesta destaca el silencio del organismo de la ONU creado, precisamente, para lograr un acercamiento apolítico al régimen integrista iraní. Se denomina Alianza de Civilizaciones, y partió de una iniciativa de Rodríguez Zapatero en 2004, en la Asamblea General de la ONU de aquel otoño. Recogía, casi literalmente, el guante lanzado años antes por el presidente iraní reformista, Jatamí, autor del término «Diálogo de Civilizaciones» entre el Occidente cristiano y el islam. Desde febrero de 2019 el Alto Representante de la ONU para la Alianza de Civilizaciones es Miguel Ángel Moratinos. ¿Qué labor ha desarrollado en casi dos años el exministro socialista? Se desconoce. ¿Cuántos prisioneros políticos ha logrado excarcelar con su diplomacia de diálogo hacia Irán? Que se sepa ninguno.

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