Jue. May 6th, 2021

Una bebé prematura murió el pasado mes de enero y otro ha sufrido secuelas por un «error farmacológico» de la Unidad de Neonatos del hospital Donostia de San Sebastián, tal y como informa El Correo. Según el informe entregado por Osakidetza a las familias, en lugar del habitual suero alimenticio Smoflipid se les suministró un potente fármaco, el anestésico Propofol.

Después del tratamiento y «al menos durante 48 horas», empezó a empeorar el estado de salud de las dos prematuras, que nacieron pesando 600 y 800 gramos y estaban en la incubadora, escribe Ainhoa de las Heras en El Correo.

Al percatarse del «error farmacológico», la Unidad de Neonatos del hospital Donostia de San Sebastián interrumpió el suministro equivocado y se lo notificó a la familia de las dos prematuras extremas. Una de los bebés falleció tres días después de que se detectara el fallo y, aún después de ese tiempo, se le detectó gran cantidad de Propofol en los resultados de los análisis de sangre que se le realizaron el día de su muerte.

Las dos recién nacidas cambiaron a partir del 2 de enero, fecha en la que se estima se les empezó a suministrar el Propofol, cambiaron su actitud «movida y vital» y dejaron de moverse. Incluso la madre de la bebé fallecida alertó a una enfermera de que su hija, Ane, que nació pesando 600 gramos, estaba demasiado parada, pero la profesional la tranquilizó.

Tal y como informan en El Correo, la bebé superviviente nació pesando 800 gramos y tuvo que someterse a varias operaciones, pero siguió adelante. Debido a su corta edad, todavía no se conoce el alcance de las secuelas, pero, después del error farmacológico del hospital Donostia, necesita una sonda permanente con oxígeno.

A pesar de que las cajas del suero alimenticio y el anestésico son parecidas y eso pudo motivar el error, el abogado bilbaíno Carlos Gómez Menchaca, que representa a los padres de las prematuras, ha asegurado de que se trata de un fallo «absolutamente injustificable», ya que el Propofol, como cualquier anestésico, «tiene un circuito especial para su dispensación y debe ser autorizado por un anestesista» y no debería estar en una unidad de neonatos.

Los familiares de las prematuras reclaman indemnizaciones según el baremo de los accidentes de tráfico, que oscila entre los 150.000 euros para cada uno de los padres de la niña fallecida, 60.000 para la madre de la cría que ha sobrevivido con secuelas y 400.000 para ella. «Queremos que tenga consecuencias, que nadie pueda volver a cometer ese error y que al menos nos pidan perdón», resume Ion, padre de Ane.,
Una bebé prematura murió el pasado mes de enero y otro ha sufrido secuelas por un «error farmacológico» de la Unidad de Neonatos del hospital Donostia de San Sebastián, tal y como informa El Correo. Según el informe entregado por Osakidetza a las familias, en lugar del habitual suero alimenticio Smoflipid se les suministró un potente fármaco, el anestésico Propofol.

Después del tratamiento y «al menos durante 48 horas», empezó a empeorar el estado de salud de las dos prematuras, que nacieron pesando 600 y 800 gramos y estaban en la incubadora, escribe Ainhoa de las Heras en El Correo.

Al percatarse del «error farmacológico», la Unidad de Neonatos del hospital Donostia de San Sebastián interrumpió el suministro equivocado y se lo notificó a la familia de las dos prematuras extremas. Una de los bebés falleció tres días después de que se detectara el fallo y, aún después de ese tiempo, se le detectó gran cantidad de Propofol en los resultados de los análisis de sangre que se le realizaron el día de su muerte.

Las dos recién nacidas cambiaron a partir del 2 de enero, fecha en la que se estima se les empezó a suministrar el Propofol, cambiaron su actitud «movida y vital» y dejaron de moverse. Incluso la madre de la bebé fallecida alertó a una enfermera de que su hija, Ane, que nació pesando 600 gramos, estaba demasiado parada, pero la profesional la tranquilizó.

Tal y como informan en El Correo, la bebé superviviente nació pesando 800 gramos y tuvo que someterse a varias operaciones, pero siguió adelante. Debido a su corta edad, todavía no se conoce el alcance de las secuelas, pero, después del error farmacológico del hospital Donostia, necesita una sonda permanente con oxígeno.

A pesar de que las cajas del suero alimenticio y el anestésico son parecidas y eso pudo motivar el error, el abogado bilbaíno Carlos Gómez Menchaca, que representa a los padres de las prematuras, ha asegurado de que se trata de un fallo «absolutamente injustificable», ya que el Propofol, como cualquier anestésico, «tiene un circuito especial para su dispensación y debe ser autorizado por un anestesista» y no debería estar en una unidad de neonatos.

Los familiares de las prematuras reclaman indemnizaciones según el baremo de los accidentes de tráfico, que oscila entre los 150.000 euros para cada uno de los padres de la niña fallecida, 60.000 para la madre de la cría que ha sobrevivido con secuelas y 400.000 para ella. «Queremos que tenga consecuencias, que nadie pueda volver a cometer ese error y que al menos nos pidan perdón», resume Ion, padre de Ane.

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