Mié. May 5th, 2021

El Papa Francisco ha concedido a la directora de la revista «Il Mio Papa España», Carmen Magallón, una entrevista para abordar las claves de la crisis sanitaria que se ha cobrado la vida de más de un millón de personas en todo el planeta. Coincidiendo con la reanudación de la edición española de esta publicación, editada por Romana Editorial, el Santo Padre ofrece el camino para superar este tiempo de crisis. «Este es el momento de hacer opciones, salir mejores de la crisis, cambiando todo lo que sea descarte por fraternidad, por inclusión», señala.

Para el Santo Padre, la vía para construir la vida tras la pandemia requiere una visión integradora de las generaciones futuras, porque «el modo en que salgamos depende de las decisiones que tomemos durante la crisis. Y son decisiones no solo morales, sino humanas, que tocan a lo humano, que tocan al futuro de la humanidad».

Este es el extracto de la entrevista que reproducimos a continuación por cortesía de esta publicación. Y puede leer la entrevista completa en el siguiente enlace.

La pandemia de Covid-19 está cambiando el mundo. ¿Hacia qué tipo de sociedad estamos caminando?

Sí, la pandemia está cambiando el mundo. Más aún nos está haciendobailar, nos puso en crisis. ¿Hacia qué tipo de sociedad estamos caminando? No lo sabemos. Puede ser mejor o peor. Porque hay un principio claro: de una crisis no se sale igual. O salimos mejores o salimos peores. Y el modo en que salgamos depende de las decisiones que tomemos durante la crisis. Y son decisiones no solo morales, sino humanas, que tocan a lo humano, que tocan al futuro de la humanidad, que tocan a los que van a venir después de nosotros. Hay una frase de Bonhoeffer, el mártir, protestante, gran teólogo, que dice más o menos así: el problema no es cómo me las arreglo para salir de este problema, sino cuál será el modo de vida que le dejaremos a la futura generación. Si nosotros en este momento solamente pensamos en cómo arreglar nuestra situación y buscamos «zafar», como decimos en Argentina, somos personas centradas en nosotros mismos, humanamente infecundas porque no sabemos mirar y comprometernos con la fecundidad del futuro. Estamos muy obsesionados con el ahora y corremos el riesgo de descuidar la herencia que dejamos a las generaciones futuras. La grandeza de un alma se puede medir por cómo responde a esta pregunta: ¿qué herencia les vamos a dejar a las generaciones futuras? Debemos hacernos cargo del futuro, de preparar la tierra para que otros la trabajen. Y esta es la cultura que tenemos que elaborar en la pandemia, según este gran principio que de una crisis no se sale igual. Salimos peor o mejor; pero nunca iguales.

¿Cómo se afronta el duelo de las víctimas de la pandemia?

El dolor, la impotencia, a veces el modo mismo inhumano, en que muchos tuvieron que enfrentar la muerte –y con esto no quiero culpar a nadie–, fue muy doloroso. Porque en algunos lugares, no había puesto en los hospitales para ellos o no podían estar acompañados por sus seres más queridos: morir sin un hijo, una hija, un nieto al lado sumaba un doble dolor para todos. Pero también pudimos escuchar cuántas enfermeras y enfermeros contaron que viejitos, viejitas que sabían que se estaban yendo les decían «quisiera decirle algo a mi hijo o a mi nieto» y ellos sacaban el teléfono celular y los ponían en contacto. Ese tacto de las personas que están habituadas a convivir con el dolor y el sufrimiento y se las ingenian para poder aliviarlo y socorrerlo nos dice que todavía hay mucha grandeza entre nosotros. Es un duelo, además sin poder celebrar funerales, sin poder despedirnos. Ha sido una prueba muy dura donde muchas familias vivieron la soledad del dolor; el dolor en la pérdida y en la falta de sostén. Y ¿cómo se afronta ese duelo? Solamente intentando ser cercanos. Hay momentos en la vida en los cuales las palabras no sirven, las palabras parecen estar de más; más aún, hacen daño. Es el momento del silencio, de la cercanía y de hacer lo posible para estar juntos; como se pueda, con todas las precauciones necesarias pero acompañarse, llorar juntos, darse un tiempo de duelo. Me gustó en España la iniciativa de la Conferencia Episcopal de celebrar un funeral por las víctimas del Covid. Necesitamos como comunidad y como sociedad llorar juntos por nuestros seres queridos y unirnos en el dolor y en la oración común. Este es el momento de afrontar juntos el duelo de tantas familias que en un día han perdido a papá, a mamá, a algún hermano.

La vacuna no puede ser propiedad del país del laboratorio que la encontró o de un grupo de países que se alían para esto

¿Cuál sería el criterio que debe regir la distribución de la vacuna contra el coronavirus?

Bueno, ojalá venga pronto la vacuna porque pienso que, mientras no haya vacuna, la amenaza siempre va a seguir. Como en la gripe o como en el sarampión, hace falta la vacuna. Son vacunas que nos liberan de todo esto. Y la vacuna contra el coronavirus tiene que ser universal. La vacuna no puede ser propiedad del país del laboratorio que la encontró o de un grupo de países que se alían para esto; si esto fuera así no habremos aprendido nada de tanto sufrimiento. La vacuna es patrimonio de la humanidad, de toda la humanidad, es universal; porque la salud de nuestros pueblos como la pandemia nos enseña es patrimonio común, pertenece al bien común… y ese debe ser el criterio.

¿Cuáles serían las prioridades para después de la pandemia?

Hablé de las periferias pero también tenemos que incluir la casa común, que es el mundo, el cuidado del universo. Estamos en una situación de destrucción de la naturaleza humana. Basta ver las estadísticas de deforestación de la Amazonia. Anteayer leía en el diario de dos glaciares enormes en la Antártida a la orilla del Mar de Amundsen que se están cayendo. Eso supone una elevación del nivel del mar muy grande y que nos va hacer mucho daño. Cuidar la casa común. Retomar esa cultura del cuidado que nos recuerda que no somos dueños del universo, de la naturaleza y así como la heredamos estamos llamadas a cuidarla para legarla a otros en mejores condiciones.,
El Papa Francisco ha concedido a la directora de la revista «Il Mio Papa España», Carmen Magallón, una entrevista para abordar las claves de la crisis sanitaria que se ha cobrado la vida de más de un millón de personas en todo el planeta. Coincidiendo con la reanudación de la edición española de esta publicación, editada por Romana Editorial, el Santo Padre ofrece el camino para superar este tiempo de crisis. «Este es el momento de hacer opciones, salir mejores de la crisis, cambiando todo lo que sea descarte por fraternidad, por inclusión», señala.

Para el Santo Padre, la vía para construir la vida tras la pandemia requiere una visión integradora de las generaciones futuras, porque «el modo en que salgamos depende de las decisiones que tomemos durante la crisis. Y son decisiones no solo morales, sino humanas, que tocan a lo humano, que tocan al futuro de la humanidad».

Este es el extracto de la entrevista que reproducimos a continuación por cortesía de esta publicación. Y puede leer la entrevista completa en el siguiente enlace.

La pandemia de Covid-19 está cambiando el mundo. ¿Hacia qué tipo de sociedad estamos caminando?

Sí, la pandemia está cambiando el mundo. Más aún nos está haciendobailar, nos puso en crisis. ¿Hacia qué tipo de sociedad estamos caminando? No lo sabemos. Puede ser mejor o peor. Porque hay un principio claro: de una crisis no se sale igual. O salimos mejores o salimos peores. Y el modo en que salgamos depende de las decisiones que tomemos durante la crisis. Y son decisiones no solo morales, sino humanas, que tocan a lo humano, que tocan al futuro de la humanidad, que tocan a los que van a venir después de nosotros. Hay una frase de Bonhoeffer, el mártir, protestante, gran teólogo, que dice más o menos así: el problema no es cómo me las arreglo para salir de este problema, sino cuál será el modo de vida que le dejaremos a la futura generación. Si nosotros en este momento solamente pensamos en cómo arreglar nuestra situación y buscamos «zafar», como decimos en Argentina, somos personas centradas en nosotros mismos, humanamente infecundas porque no sabemos mirar y comprometernos con la fecundidad del futuro. Estamos muy obsesionados con el ahora y corremos el riesgo de descuidar la herencia que dejamos a las generaciones futuras. La grandeza de un alma se puede medir por cómo responde a esta pregunta: ¿qué herencia les vamos a dejar a las generaciones futuras? Debemos hacernos cargo del futuro, de preparar la tierra para que otros la trabajen. Y esta es la cultura que tenemos que elaborar en la pandemia, según este gran principio que de una crisis no se sale igual. Salimos peor o mejor; pero nunca iguales.

¿Cómo se afronta el duelo de las víctimas de la pandemia?

El dolor, la impotencia, a veces el modo mismo inhumano, en que muchos tuvieron que enfrentar la muerte –y con esto no quiero culpar a nadie–, fue muy doloroso. Porque en algunos lugares, no había puesto en los hospitales para ellos o no podían estar acompañados por sus seres más queridos: morir sin un hijo, una hija, un nieto al lado sumaba un doble dolor para todos. Pero también pudimos escuchar cuántas enfermeras y enfermeros contaron que viejitos, viejitas que sabían que se estaban yendo les decían «quisiera decirle algo a mi hijo o a mi nieto» y ellos sacaban el teléfono celular y los ponían en contacto. Ese tacto de las personas que están habituadas a convivir con el dolor y el sufrimiento y se las ingenian para poder aliviarlo y socorrerlo nos dice que todavía hay mucha grandeza entre nosotros. Es un duelo, además sin poder celebrar funerales, sin poder despedirnos. Ha sido una prueba muy dura donde muchas familias vivieron la soledad del dolor; el dolor en la pérdida y en la falta de sostén. Y ¿cómo se afronta ese duelo? Solamente intentando ser cercanos. Hay momentos en la vida en los cuales las palabras no sirven, las palabras parecen estar de más; más aún, hacen daño. Es el momento del silencio, de la cercanía y de hacer lo posible para estar juntos; como se pueda, con todas las precauciones necesarias pero acompañarse, llorar juntos, darse un tiempo de duelo. Me gustó en España la iniciativa de la Conferencia Episcopal de celebrar un funeral por las víctimas del Covid. Necesitamos como comunidad y como sociedad llorar juntos por nuestros seres queridos y unirnos en el dolor y en la oración común. Este es el momento de afrontar juntos el duelo de tantas familias que en un día han perdido a papá, a mamá, a algún hermano.

La vacuna no puede ser propiedad del país del laboratorio que la encontró o de un grupo de países que se alían para esto

¿Cuál sería el criterio que debe regir la distribución de la vacuna contra el coronavirus?

Bueno, ojalá venga pronto la vacuna porque pienso que, mientras no haya vacuna, la amenaza siempre va a seguir. Como en la gripe o como en el sarampión, hace falta la vacuna. Son vacunas que nos liberan de todo esto. Y la vacuna contra el coronavirus tiene que ser universal. La vacuna no puede ser propiedad del país del laboratorio que la encontró o de un grupo de países que se alían para esto; si esto fuera así no habremos aprendido nada de tanto sufrimiento. La vacuna es patrimonio de la humanidad, de toda la humanidad, es universal; porque la salud de nuestros pueblos como la pandemia nos enseña es patrimonio común, pertenece al bien común… y ese debe ser el criterio.

¿Cuáles serían las prioridades para después de la pandemia?

Hablé de las periferias pero también tenemos que incluir la casa común, que es el mundo, el cuidado del universo. Estamos en una situación de destrucción de la naturaleza humana. Basta ver las estadísticas de deforestación de la Amazonia. Anteayer leía en el diario de dos glaciares enormes en la Antártida a la orilla del Mar de Amundsen que se están cayendo. Eso supone una elevación del nivel del mar muy grande y que nos va hacer mucho daño. Cuidar la casa común. Retomar esa cultura del cuidado que nos recuerda que no somos dueños del universo, de la naturaleza y así como la heredamos estamos llamadas a cuidarla para legarla a otros en mejores condiciones.

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