Sáb. May 8th, 2021

El salto de la empresa a la política y de la política a la empresa ha sido habitual durante la democracia. Independientemente del color político son numerosos los ministros o secretarios de Estado, especialmente de ramas económicas, que luego han pasado a formar parte de los consejos o equipos directivos de grandes empresas: Felipe González, Aznar, Solchaga, Piqué, Ana Palacio, Elena Salgado, Isabel Tocino, Cristina Garmendia, José Borrell, Arias Cañete, Teresa Ribera… Esta misma semana Iberdrola ha anunciado el fichaje de dos ministras del Gobierno de Rajoy, Fátima Báñez, ex ministra de Empleo, e Isabel García Tejerina, exministra de Agricultura, para formar parte de consejos en sus filiales de México y Brasil, respectivamente. Y cómo no podía ser de otra manera, el vicepresidente Iglesias ha puesto el grito en el cielo. Le parece corrupción que la ministra que aprobó una reforma laboral que permitió a España recuperar dos millones de empleos, y que ha dado a nuestro mercado de trabajo la flexibilidad suficiente para poder teletrabajar durante el confinamiento, o para poder aplicar ERTE en vez de despidos sea fichada por una gran empresa eléctrica española. O que haya fichado a la exministra que defendió con uñas y dientes a los agricultores españoles en Bruselas primero de la mano de Arias Cañete y luego sola logrando un buen acuerdo sobre la Política Agraria Común. ¡Cuánto postureo!

Al populismo y a la izquierda radical le molesta que las grandes empresas privadas fichen a personas que han ocupado altos cargos en la Administración e intentan convencer «al pueblo» de que eso es corrupción. Y les molesta porque, aunque estemos en pleno siglo XXI, y tengan suficiente experiencia histórica para ver lo que han supuesto los regímenes comunistas en el mundo, siguen sin creer en la iniciativa privada y solo ven en las empresas demonios opresores de los trabajadores. Y ¿cuál es su alternativa? Nacionalizar las empresas privadas para dirigirlas ellos, los políticos, como ocurre en su admirada Venezuela a cuyos mandatarios asesoraron y que han llevado a la ruina a uno de los países más ricos en recursos naturales del mundo. Y tampoco parece molestarle mucho a Iglesias que el presidente de su Gobierno, Pedro Sánchez, el mismo que también criticaba las puertas giratorias en el Gobierno de Rajoy cuando estaba en la oposición, haya puesto a políticos amigos al frente de aquellas empresas que todavía tienen participaciones públicas. Así, por ejemplo, Juanma Serrano, que fue su jefe de gabinete, es ahora el presidente de Correos; Oscar López, secretario de organización del PSOE, preside Paradores; Maurici Lucena, ex portavoz del PSC, preside Aena, y la lista continúa.

No obstante, y aparte de la hipocresía que supone criticar que expolíticos fichen por la empresa privada mientras yo coloco a mis amigos en la pública, no por currículum precisamente, hay otro motivo de calado que justifica las puertas giratorias, y es que no podemos conformarnos con un gobierno de mediocres. Necesitamos que nos gobiernen los mejores y eso no se consigue cerrando puertas. ¿Quién se prestaría a dedicar varios años de su vida a formar parte de un gobierno de un país, de una región o de un municipio sabiendo que eso te va a impedir tener un desarrollo profesional en la gran empresa privada el resto de tu vida? Y en lo que se refiere a las puertas giratorias en el sentido opuesto, no se ustedes, pero yo a la hora de encargar la gestión de mi país prefiero dársela a alguien que tenga experiencia profesional, si es en una gran empresa mejor, que a quien ha vivido de la política toda su vida. Eso no significa que no haya que estar vigilantes y que se establezcan los controles y las incompatibilidades que sean necesarias para evitar que se use el cargo público para favorecer intereses particulares.

Las cifras
El sector energético es, sin duda, el que más expolíticos tiene en sus consejos y entre sus directivos. Iberdrola, Endesa, Enagás, Repsol… tienen en sus filas a personas que han ocupado altos cargos en la Administración. El sector financiero, que hasta hace no mucho se colocaba el segundo en el ranking, y no solo por el peso de las cajas de ahorros que estaban dirigidas y controladas por políticos, ha ido vaciando sus consejos de exministros. Es el caso de Banco Santander, en cuyas filas estuvieron exministros como Isabel Tocino, Abel Matutes o Rato.,
El salto de la empresa a la política y de la política a la empresa ha sido habitual durante la democracia. Independientemente del color político son numerosos los ministros o secretarios de Estado, especialmente de ramas económicas, que luego han pasado a formar parte de los consejos o equipos directivos de grandes empresas: Felipe González, Aznar, Solchaga, Piqué, Ana Palacio, Elena Salgado, Isabel Tocino, Cristina Garmendia, José Borrell, Arias Cañete, Teresa Ribera… Esta misma semana Iberdrola ha anunciado el fichaje de dos ministras del Gobierno de Rajoy, Fátima Báñez, ex ministra de Empleo, e Isabel García Tejerina, exministra de Agricultura, para formar parte de consejos en sus filiales de México y Brasil, respectivamente. Y cómo no podía ser de otra manera, el vicepresidente Iglesias ha puesto el grito en el cielo. Le parece corrupción que la ministra que aprobó una reforma laboral que permitió a España recuperar dos millones de empleos, y que ha dado a nuestro mercado de trabajo la flexibilidad suficiente para poder teletrabajar durante el confinamiento, o para poder aplicar ERTE en vez de despidos sea fichada por una gran empresa eléctrica española. O que haya fichado a la exministra que defendió con uñas y dientes a los agricultores españoles en Bruselas primero de la mano de Arias Cañete y luego sola logrando un buen acuerdo sobre la Política Agraria Común. ¡Cuánto postureo!

Al populismo y a la izquierda radical le molesta que las grandes empresas privadas fichen a personas que han ocupado altos cargos en la Administración e intentan convencer «al pueblo» de que eso es corrupción. Y les molesta porque, aunque estemos en pleno siglo XXI, y tengan suficiente experiencia histórica para ver lo que han supuesto los regímenes comunistas en el mundo, siguen sin creer en la iniciativa privada y solo ven en las empresas demonios opresores de los trabajadores. Y ¿cuál es su alternativa? Nacionalizar las empresas privadas para dirigirlas ellos, los políticos, como ocurre en su admirada Venezuela a cuyos mandatarios asesoraron y que han llevado a la ruina a uno de los países más ricos en recursos naturales del mundo. Y tampoco parece molestarle mucho a Iglesias que el presidente de su Gobierno, Pedro Sánchez, el mismo que también criticaba las puertas giratorias en el Gobierno de Rajoy cuando estaba en la oposición, haya puesto a políticos amigos al frente de aquellas empresas que todavía tienen participaciones públicas. Así, por ejemplo, Juanma Serrano, que fue su jefe de gabinete, es ahora el presidente de Correos; Oscar López, secretario de organización del PSOE, preside Paradores; Maurici Lucena, ex portavoz del PSC, preside Aena, y la lista continúa.

No obstante, y aparte de la hipocresía que supone criticar que expolíticos fichen por la empresa privada mientras yo coloco a mis amigos en la pública, no por currículum precisamente, hay otro motivo de calado que justifica las puertas giratorias, y es que no podemos conformarnos con un gobierno de mediocres. Necesitamos que nos gobiernen los mejores y eso no se consigue cerrando puertas. ¿Quién se prestaría a dedicar varios años de su vida a formar parte de un gobierno de un país, de una región o de un municipio sabiendo que eso te va a impedir tener un desarrollo profesional en la gran empresa privada el resto de tu vida? Y en lo que se refiere a las puertas giratorias en el sentido opuesto, no se ustedes, pero yo a la hora de encargar la gestión de mi país prefiero dársela a alguien que tenga experiencia profesional, si es en una gran empresa mejor, que a quien ha vivido de la política toda su vida. Eso no significa que no haya que estar vigilantes y que se establezcan los controles y las incompatibilidades que sean necesarias para evitar que se use el cargo público para favorecer intereses particulares.

Las cifras
El sector energético es, sin duda, el que más expolíticos tiene en sus consejos y entre sus directivos. Iberdrola, Endesa, Enagás, Repsol… tienen en sus filas a personas que han ocupado altos cargos en la Administración. El sector financiero, que hasta hace no mucho se colocaba el segundo en el ranking, y no solo por el peso de las cajas de ahorros que estaban dirigidas y controladas por políticos, ha ido vaciando sus consejos de exministros. Es el caso de Banco Santander, en cuyas filas estuvieron exministros como Isabel Tocino, Abel Matutes o Rato.

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