Dom. Ago 1st, 2021

No son solo los niños lo que tienen «problemas» con la verdura: son muchos los que llegan a la edad adulta y se encuentran con que son incapaces de comerla. Ya sea porque no están acostumbrados a su sabor, o porque de pequeños les generaba tanta animadversión que no pueden ni verla, son muchos los que quieren llevar una alimentación saludable y tienen dificultad para incluir las verduras en su menú.

«Las verduras tienen un efecto protector frente a muchas patologías y disminuyen el riesgo cardiovascular. Su consumo debe ser la base de nuestra alimentación, ya que nos aporta fibra, vitaminas y minerales, además son muy saciantes y nos ayudan a controlar el apetito», argumenta la dietista-nutricionista Beatriz Cerdán. Es por ello la razón por la que, aunque no nos guste la verdura, debemos esforzarnos por consumirla.

Explica la profesional que la clave está en «reeducar nuestro paladar». Y es que, cuando no estamos acostumbrados al consumo de verduras, y además lo unimos al consumo de alimentos ultraprocesados con regularidad, nos encontramos con que rechazamos de primeras estos sabores, ya que se ha generado «una alteración de nuestro paladar». Este cambio, comenta la nutricionista, requiere tiempo y aprendizaje.

Ir a lo seguro
El primer consejo de la dietista es tener claro desde el primer momento que no es obligatorio consumir ninguna verdura en concreto, pero tenemos que aumentar la variedad de la alimentación. «Para aumentar su consumo, podemos empezar por elegir verduras con las que nos sintamos más familiarizados y sepamos que nos gustan. La cosa es empezar poco a poco a aumentar su consumo y tenerlas siempre de recurso “comodín” en casa», recomienda.

Aun así, nos invita a no cerrarnos a descubrir nuevas verduras y aconseja comprar en mercados, pues son lugares en los que encontramos gran variedad de estas. «Quizás encontremos verduras que no conocemos, por lo que será más fácil que alguna nos llame la atención y nos apetezca probarla. Además, evitaremos el riesgo de pasar por los pasillos insanos del supermercado y comprar productos de peor calidad», dice la profesional.

Otro factor de gran importancia es la técnica culinaria que utilizamos para preparar las verdura
s. Es importante que empecemos preparándolas de manera que sepamos que nos gustan. En el caso de las verduras, las opciones son casi infinitas. Podemos tomarlas en crudo, salteadas, cocidas, al horno o al vapor. Una opción muy buena si no nos gustan mucho es prepararla en puré, siempre más fácil de comer. «También puedes utilizar las verduras como si fueran chips, es decir horneadas y sazonadas con las especias que mas te gusten, incluso puedes hacer espaguetis de calabacín o incluirlas en hamburguesas; es otra manera de engañar a tus sentidos», explica Beatriz Cerdán.

¿Cómo podemos «esconder» la verdura?
Una opción, muy típica para conseguir que los niños pequeños coman verdura, es combinar estas con otros alimentos para poder «rebajar su sabor» hasta que nos acostumbremos. «Por ejemplo, una de las combinaciones que ayuda mucho a introducir la verdura es en formato revuelto o tortilla, así como utilizar verduras rellenas con queso, como en calabacín o berenjenas», explica la nutricionista.

Por último, la profesional nos anima a utilizar la «regla de los tres intentos»: «Si probamos una nueva verdura y no nos gusta, no debemos rendirnos, lo mejor es dejarla para dentro de unas semanas y probarla de nuevo, pero en una elaboración totalmente diferente: por ejemplo, no es lo mismo comer brócoli al vapor, que una crema con brócoli». «Debemos utilizar esta “regla”, es decir probar mínimo un mismo alimento de tres formas diferentes. Si no nos gusta, podemos descartarlo y seguir probando otros alimentos», concluye.

Te dejamos cinco ideas para que puedas empezar a incluir en tu día a día las verduras… aunque no te gusten mucho.,
No son solo los niños lo que tienen «problemas» con la verdura: son muchos los que llegan a la edad adulta y se encuentran con que son incapaces de comerla. Ya sea porque no están acostumbrados a su sabor, o porque de pequeños les generaba tanta animadversión que no pueden ni verla, son muchos los que quieren llevar una alimentación saludable y tienen dificultad para incluir las verduras en su menú.

«Las verduras tienen un efecto protector frente a muchas patologías y disminuyen el riesgo cardiovascular. Su consumo debe ser la base de nuestra alimentación, ya que nos aporta fibra, vitaminas y minerales, además son muy saciantes y nos ayudan a controlar el apetito», argumenta la dietista-nutricionista Beatriz Cerdán. Es por ello la razón por la que, aunque no nos guste la verdura, debemos esforzarnos por consumirla.

Explica la profesional que la clave está en «reeducar nuestro paladar». Y es que, cuando no estamos acostumbrados al consumo de verduras, y además lo unimos al consumo de alimentos ultraprocesados con regularidad, nos encontramos con que rechazamos de primeras estos sabores, ya que se ha generado «una alteración de nuestro paladar». Este cambio, comenta la nutricionista, requiere tiempo y aprendizaje.

Ir a lo seguro
El primer consejo de la dietista es tener claro desde el primer momento que no es obligatorio consumir ninguna verdura en concreto, pero tenemos que aumentar la variedad de la alimentación. «Para aumentar su consumo, podemos empezar por elegir verduras con las que nos sintamos más familiarizados y sepamos que nos gustan. La cosa es empezar poco a poco a aumentar su consumo y tenerlas siempre de recurso “comodín” en casa», recomienda.

Aun así, nos invita a no cerrarnos a descubrir nuevas verduras y aconseja comprar en mercados, pues son lugares en los que encontramos gran variedad de estas. «Quizás encontremos verduras que no conocemos, por lo que será más fácil que alguna nos llame la atención y nos apetezca probarla. Además, evitaremos el riesgo de pasar por los pasillos insanos del supermercado y comprar productos de peor calidad», dice la profesional.

Otro factor de gran importancia es la técnica culinaria que utilizamos para preparar las verdura
s. Es importante que empecemos preparándolas de manera que sepamos que nos gustan. En el caso de las verduras, las opciones son casi infinitas. Podemos tomarlas en crudo, salteadas, cocidas, al horno o al vapor. Una opción muy buena si no nos gustan mucho es prepararla en puré, siempre más fácil de comer. «También puedes utilizar las verduras como si fueran chips, es decir horneadas y sazonadas con las especias que mas te gusten, incluso puedes hacer espaguetis de calabacín o incluirlas en hamburguesas; es otra manera de engañar a tus sentidos», explica Beatriz Cerdán.

¿Cómo podemos «esconder» la verdura?
Una opción, muy típica para conseguir que los niños pequeños coman verdura, es combinar estas con otros alimentos para poder «rebajar su sabor» hasta que nos acostumbremos. «Por ejemplo, una de las combinaciones que ayuda mucho a introducir la verdura es en formato revuelto o tortilla, así como utilizar verduras rellenas con queso, como en calabacín o berenjenas», explica la nutricionista.

Por último, la profesional nos anima a utilizar la «regla de los tres intentos»: «Si probamos una nueva verdura y no nos gusta, no debemos rendirnos, lo mejor es dejarla para dentro de unas semanas y probarla de nuevo, pero en una elaboración totalmente diferente: por ejemplo, no es lo mismo comer brócoli al vapor, que una crema con brócoli». «Debemos utilizar esta “regla”, es decir probar mínimo un mismo alimento de tres formas diferentes. Si no nos gusta, podemos descartarlo y seguir probando otros alimentos», concluye.

Te dejamos cinco ideas para que puedas empezar a incluir en tu día a día las verduras… aunque no te gusten mucho.

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