Sáb. May 8th, 2021

Por más que se empeñe el aparato de propaganda del Gobierno, los nuevos Presupuestos Generales que diseña el Ejecutivo de Pedro Sánchez no serán, si se aprueban, la panacea de todos los males. Hasta entonces España continuará dependiendo de las cuentas públicas aprobadas durante el mandato de Mariano Rajoy, mal que le pese a Sánchez. El bosquejo de presupuestos que ahora inicia su tramitación eleva el techo de gasto un 53%, hasta casi los 200.000 millones, debido a los 31.000 en transferencias del Estado a la Seguridad Social y a las comunidades, y a los 27.000 que España recibirá de la UE en 2021. Además. La deuda pública superará el 118%, la recesión se acentuará más de lo previsto ya que el propio Gobierno ha empeorado su pronóstico, y España caerá el 11,3 por ciento del PIB respecto al 9,3 previsto. Poco consuelo es que a octubre de 2020 el Gobierno incurra en el triunfalismo de prever que el próximo PIB crecerá un 7,2 en lugar del 6,8. No se trata de ser catastrofistas, sino realistas. Pero la realidad sí es catastrófica porque la vigencia del virus podrá ser coyuntural, pero el daño económico será duradero y muy devastador.

Es un dato objetivo que España está amenazando con lastrar el crecimiento europeo, y en este sentido las previsiones hechas ayer por el Banco de España resultan alarmantes: la recuperación será «parcial y de efectos continuados»; «la incertidumbre es muy elevada»; habrá que dejar caer a miles de empresas no viables ya; y el techo de gasto previsto por Sánchez es una amenaza para la sostenibilidad de la deuda. Si a ello se unen la «barra libre» de gasto y déficit concedida a las autonomías, las previsiones de desempleo tras el oasis virtual de los ERTE, la condicionalidad que imponga Europa para disponer del rescate de 140.000 millones, y la inestabilidad política española, el cóctel resulta peligroso.

No es cierto que Sánchez tenga aún cerrada la aprobación de los Presupuestos con Ciudadanos o ERC, que en breve entrarán en una imprevisible dinámica preelectoral en Cataluña. Y tampoco es verdad que el Ejecutivo sea un ejemplo de unidad interna porque la guerra civil entre ministros socialistas y de Podemos ya trasciende de los despachos de La Moncloa. Europa no va a caer fácilmente en las trampas de Sánchez, ni va a sucumbir a su perfil buenista de falso progresismo. Y tampoco va a creer las mentiras con las que trata de pervertir ideológicamente el gasto público. Son los Presupuestos más expansivos de nuestra historia, pero ni el «escudo social» de Sánchez es tal, ni podrá acometer la ofensiva fiscal que pretende Pablo Iglesias. Hoy España está en la ruina, y los Presupuestos apuntan a ser un peligro para abordar las reformas estructurales que exigen la pandemia y Europa.,
Por más que se empeñe el aparato de propaganda del Gobierno, los nuevos Presupuestos Generales que diseña el Ejecutivo de Pedro Sánchez no serán, si se aprueban, la panacea de todos los males. Hasta entonces España continuará dependiendo de las cuentas públicas aprobadas durante el mandato de Mariano Rajoy, mal que le pese a Sánchez. El bosquejo de presupuestos que ahora inicia su tramitación eleva el techo de gasto un 53%, hasta casi los 200.000 millones, debido a los 31.000 en transferencias del Estado a la Seguridad Social y a las comunidades, y a los 27.000 que España recibirá de la UE en 2021. Además. La deuda pública superará el 118%, la recesión se acentuará más de lo previsto ya que el propio Gobierno ha empeorado su pronóstico, y España caerá el 11,3 por ciento del PIB respecto al 9,3 previsto. Poco consuelo es que a octubre de 2020 el Gobierno incurra en el triunfalismo de prever que el próximo PIB crecerá un 7,2 en lugar del 6,8. No se trata de ser catastrofistas, sino realistas. Pero la realidad sí es catastrófica porque la vigencia del virus podrá ser coyuntural, pero el daño económico será duradero y muy devastador.

Es un dato objetivo que España está amenazando con lastrar el crecimiento europeo, y en este sentido las previsiones hechas ayer por el Banco de España resultan alarmantes: la recuperación será «parcial y de efectos continuados»; «la incertidumbre es muy elevada»; habrá que dejar caer a miles de empresas no viables ya; y el techo de gasto previsto por Sánchez es una amenaza para la sostenibilidad de la deuda. Si a ello se unen la «barra libre» de gasto y déficit concedida a las autonomías, las previsiones de desempleo tras el oasis virtual de los ERTE, la condicionalidad que imponga Europa para disponer del rescate de 140.000 millones, y la inestabilidad política española, el cóctel resulta peligroso.

No es cierto que Sánchez tenga aún cerrada la aprobación de los Presupuestos con Ciudadanos o ERC, que en breve entrarán en una imprevisible dinámica preelectoral en Cataluña. Y tampoco es verdad que el Ejecutivo sea un ejemplo de unidad interna porque la guerra civil entre ministros socialistas y de Podemos ya trasciende de los despachos de La Moncloa. Europa no va a caer fácilmente en las trampas de Sánchez, ni va a sucumbir a su perfil buenista de falso progresismo. Y tampoco va a creer las mentiras con las que trata de pervertir ideológicamente el gasto público. Son los Presupuestos más expansivos de nuestra historia, pero ni el «escudo social» de Sánchez es tal, ni podrá acometer la ofensiva fiscal que pretende Pablo Iglesias. Hoy España está en la ruina, y los Presupuestos apuntan a ser un peligro para abordar las reformas estructurales que exigen la pandemia y Europa.

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