Mié. Ago 4th, 2021

En el momento más delicado de la crisis, y con la Comunidad de Madrid a las puertas de un nuevo confinamiento en diez de sus mayores municipios, una nueva bomba cayó sobre el Gobierno madrileño: la dimisión de su consejero de Políticas Sociales, Alberto Reyero. El hombre encargado de la gestión de las residencias de mayores se marchaba tocado en lo personal tras meses de durísimos enfrentamientos con otra parte del Gobierno regional, y sin haber sentido el aliento de su presidenta, Isabel Díaz Ayuso. A la que no dudó en enviar un consejo cargado de veneno en su carta de despedida: «La unidad entre las instituciones es el camino más acertado para vencer al virus».

El ya ex consejero va a quedarse como diputado en la Asamblea madrileña, manteniendo su escaño. Le sustituirá en el Gobierno regional su hasta ahora número dos, Javier Luengo, con quien ha trabajado codo con codo desde el inicio de la legislatura y que ha formado también a sus equipos.

Reyero cumple poco más de un año en un cargo en el que ha vivido durísimos momentos por la evolución de la pandemia, pero también por su choque frontal con el consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, a cuenta de la gestión de las residencias de mayores.

Mando único
Los desencuentros comenzaron cuando arreció la primera ola de la pandemia. La presidenta Díaz Ayuso decidió, el 26 de marzo, crear un mando único que se ocupara de las residencias. Formaban parte del mismo, junto a Reyero, otros dos consejeros: el de Justicia, Enrique López, y el de Sanidad, Ruiz Escudero, quedando éste como máximo responsable. El movimiento fue interpretado como una retirada de competencias a Reyero, en el momento en que el número de víctimas por el Covid-19 en las residencias de mayores madrileñas llegaba al millar. Un primer golpe que acusó el consejero.

La pelea con Ruiz Escudero fue primero soterrada, pero pronto saltó a la luz por las críticas cada vez más abiertas de Reyero a la falta de atención médica en las residencias, cuya medicalización exigía una y otra vez en los medios de comunicación.

El choque detrenes fue frontal cuando salieron a la luz los protocolos -o borradores, en la versión del Gobierno madrileño- en los que se indicaba que no se derivaran a los hospitales a los ancianos de residencias que tuvieran enfermedades añadidas, o problemas de movilidad o deterioro cognitivo. Unas órdenes que Reyero calificó, durante una comisión en la Asamblea de Madrid, de faltas de éticas y posiblemente no legales.

Ambos políticos se enfrentaron desde entonces a cara de perro. Y cuando llegó a la Asamblea la votación de la reprobación de Ruiz Escudero, presentada por la oposición, se especuló con que Reyero no se presentara en la votación, o se negara a votar contra la misma. Tratando de forzar la máquina, desde Unidas Podemos incluso se forzó que el voto fuera secreto. Tuvo que intervenir la dirección nacional del partido para convencerle de que se quedara en su escaño y votara a favor de su compañero de Gobierno.

«Derivación hospitalaria fluida»
En la tarde de ayer, envió su carta de renuncia a la presidenta Díaz Ayuso, en la que le expone que es una decisión «meditada» porque «creo necesario cerrar una etapa, dar un paso al lado y volver a mi trabajo en la Asamblea». Se va, considera, con las residencias en una situación «bastante controlada», porque en esta segunda ola, «a diferencia de la anterior», cuentan con más conocimientos, más equipos y «está funcionando adecuadamente la coordinación sociosanitaria y la derivación hospitalaria es fluida».

A la presidenta termina deseándola «suerte y acierto» en la tarea, y se permite un consejo, en el día en que la presidenta ha planteado un recurso contra la orden del Ministerio de Sanidad de cerrar Madrid: «La unidad entre las instituciones es el camino más acertado para vencer al virus». Ayuso habló ayer tarde con Reyero y se limitó a señalar que era una decisión personal que «respetamos», y agradeció «su esfuerzo y dedicación».

La marcha coincide con una semana de mucha tensión en el Gobierno regional de coalición, tras ser desautorizado por dos veces el vicepresidente Ignacio Aguado (Cs) en sus peticiones de consenso con las demás instituciones. Una tensión que tal vez haya influido en la decisión de Reyero, aunque éste había intentado ya marcharse en ocasiones anteriores. De hecho, su partido tuvo que pararle con anterioridad. Su nombre sonaba al hablar de una próxima remodelación del Gobierno de Ayuso, como posible pieza que caería por el lado de Cs, mientras que por el del PP sería Ruiz Escudero. Al dimitir, deja a Aguado sin esa baza.

Javier Luengo, el fichaje estrella
Cuando, en abril de 2019, Javier Luengo dijo en casa que se iba a meter en política, su madre le dijo: «¿Qué necesidad tienes?». La anecdota la confesaba él cuando hizo su presentación pública como número 4 en la lista de Ciudadanos a la Asamblea de Madrid. En septiembre, fue nombrado viceconsejero de Políticas Sociales y dejó el escaño para centrarse en la labor de gestión. Luengo se ha pasado la mayor parte de su vida profesional centrado en actividades relacionadas con el apoyo y la inclusión, entre ellas la de ser portavoz de Plena Inclusión, cargo que ocupaba cuando le llamó Ignacio Aguado para formar parte de su equipo.

Aseguraba entonces, cuando se presentó al fichaje, que lo que le ilusionó fue el mensaje de «ver el Madrid de dentro de unos años comparándose con países a la vanguardia en política social». Con esa idea de «mirar no a mañana, sino a 10-15 años», se embarcó en esta aventura que ahora le lleva a convertirse en el máximo responsable de su área. «Eso es una oportunidad y estoy muy comprometido, y voy a poner toda la carne en el asador», decía. Ahora, este diplomado en Magisterio con estudios de Psicopedagogía, Máster en Dirección y Gestión de Bienestar Social y en Captación de Fondos Privados para Organizaciones del Tercer Sector, tiene ocasión de demostrarlo.,
En el momento más delicado de la crisis, y con la Comunidad de Madrid a las puertas de un nuevo confinamiento en diez de sus mayores municipios, una nueva bomba cayó sobre el Gobierno madrileño: la dimisión de su consejero de Políticas Sociales, Alberto Reyero. El hombre encargado de la gestión de las residencias de mayores se marchaba tocado en lo personal tras meses de durísimos enfrentamientos con otra parte del Gobierno regional, y sin haber sentido el aliento de su presidenta, Isabel Díaz Ayuso. A la que no dudó en enviar un consejo cargado de veneno en su carta de despedida: «La unidad entre las instituciones es el camino más acertado para vencer al virus».

El ya ex consejero va a quedarse como diputado en la Asamblea madrileña, manteniendo su escaño. Le sustituirá en el Gobierno regional su hasta ahora número dos, Javier Luengo, con quien ha trabajado codo con codo desde el inicio de la legislatura y que ha formado también a sus equipos.

Reyero cumple poco más de un año en un cargo en el que ha vivido durísimos momentos por la evolución de la pandemia, pero también por su choque frontal con el consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, a cuenta de la gestión de las residencias de mayores.

Mando único
Los desencuentros comenzaron cuando arreció la primera ola de la pandemia. La presidenta Díaz Ayuso decidió, el 26 de marzo, crear un mando único que se ocupara de las residencias. Formaban parte del mismo, junto a Reyero, otros dos consejeros: el de Justicia, Enrique López, y el de Sanidad, Ruiz Escudero, quedando éste como máximo responsable. El movimiento fue interpretado como una retirada de competencias a Reyero, en el momento en que el número de víctimas por el Covid-19 en las residencias de mayores madrileñas llegaba al millar. Un primer golpe que acusó el consejero.

La pelea con Ruiz Escudero fue primero soterrada, pero pronto saltó a la luz por las críticas cada vez más abiertas de Reyero a la falta de atención médica en las residencias, cuya medicalización exigía una y otra vez en los medios de comunicación.

El choque detrenes fue frontal cuando salieron a la luz los protocolos -o borradores, en la versión del Gobierno madrileño- en los que se indicaba que no se derivaran a los hospitales a los ancianos de residencias que tuvieran enfermedades añadidas, o problemas de movilidad o deterioro cognitivo. Unas órdenes que Reyero calificó, durante una comisión en la Asamblea de Madrid, de faltas de éticas y posiblemente no legales.

Ambos políticos se enfrentaron desde entonces a cara de perro. Y cuando llegó a la Asamblea la votación de la reprobación de Ruiz Escudero, presentada por la oposición, se especuló con que Reyero no se presentara en la votación, o se negara a votar contra la misma. Tratando de forzar la máquina, desde Unidas Podemos incluso se forzó que el voto fuera secreto. Tuvo que intervenir la dirección nacional del partido para convencerle de que se quedara en su escaño y votara a favor de su compañero de Gobierno.

«Derivación hospitalaria fluida»
En la tarde de ayer, envió su carta de renuncia a la presidenta Díaz Ayuso, en la que le expone que es una decisión «meditada» porque «creo necesario cerrar una etapa, dar un paso al lado y volver a mi trabajo en la Asamblea». Se va, considera, con las residencias en una situación «bastante controlada», porque en esta segunda ola, «a diferencia de la anterior», cuentan con más conocimientos, más equipos y «está funcionando adecuadamente la coordinación sociosanitaria y la derivación hospitalaria es fluida».

A la presidenta termina deseándola «suerte y acierto» en la tarea, y se permite un consejo, en el día en que la presidenta ha planteado un recurso contra la orden del Ministerio de Sanidad de cerrar Madrid: «La unidad entre las instituciones es el camino más acertado para vencer al virus». Ayuso habló ayer tarde con Reyero y se limitó a señalar que era una decisión personal que «respetamos», y agradeció «su esfuerzo y dedicación».

La marcha coincide con una semana de mucha tensión en el Gobierno regional de coalición, tras ser desautorizado por dos veces el vicepresidente Ignacio Aguado (Cs) en sus peticiones de consenso con las demás instituciones. Una tensión que tal vez haya influido en la decisión de Reyero, aunque éste había intentado ya marcharse en ocasiones anteriores. De hecho, su partido tuvo que pararle con anterioridad. Su nombre sonaba al hablar de una próxima remodelación del Gobierno de Ayuso, como posible pieza que caería por el lado de Cs, mientras que por el del PP sería Ruiz Escudero. Al dimitir, deja a Aguado sin esa baza.

Javier Luengo, el fichaje estrella
Cuando, en abril de 2019, Javier Luengo dijo en casa que se iba a meter en política, su madre le dijo: «¿Qué necesidad tienes?». La anecdota la confesaba él cuando hizo su presentación pública como número 4 en la lista de Ciudadanos a la Asamblea de Madrid. En septiembre, fue nombrado viceconsejero de Políticas Sociales y dejó el escaño para centrarse en la labor de gestión. Luengo se ha pasado la mayor parte de su vida profesional centrado en actividades relacionadas con el apoyo y la inclusión, entre ellas la de ser portavoz de Plena Inclusión, cargo que ocupaba cuando le llamó Ignacio Aguado para formar parte de su equipo.

Aseguraba entonces, cuando se presentó al fichaje, que lo que le ilusionó fue el mensaje de «ver el Madrid de dentro de unos años comparándose con países a la vanguardia en política social». Con esa idea de «mirar no a mañana, sino a 10-15 años», se embarcó en esta aventura que ahora le lleva a convertirse en el máximo responsable de su área. «Eso es una oportunidad y estoy muy comprometido, y voy a poner toda la carne en el asador», decía. Ahora, este diplomado en Magisterio con estudios de Psicopedagogía, Máster en Dirección y Gestión de Bienestar Social y en Captación de Fondos Privados para Organizaciones del Tercer Sector, tiene ocasión de demostrarlo.

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