Lun. Jun 14th, 2021

El hombre que más minutos de televisión ha acaparado en el año más extraño de lo que va siglo fue el protagonista de una edición especial de «Planeta Calleja». Hablamos, claro, del zaragozano Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES).

Consciente del interés suscitado por su invitado especial, ya incluso desde el momento del rodaje, Mediaset hizo tantos avances de la entrevista que acabó haciendo un «spoiler» de libro. Antes de empezar la emisión, ya sabíamos qué sitios habían visitado juntos, qué impresión le causó al empático presentador el famoso funcionario y también buena parte de las reflexiones del médico epidemiólogo.

«Le he invitado para escuchar su historia, la de un funcionario público anónimo lanzado de repente al corazón de la tragedia sanitaria más importante que hemos conocido». Así arrancó el presentador el programa, por cuyo rodaje en

Mallorca
su protagonista sacrificó cuatro de sus siete días de vacaciones. La gente de su entorno le decía que, tras tantos minutos de tele, lógicamente ya era un famoso: «Yo no seré famoso hasta que me llame Calleja», les contestaba Simón. Y Calleja le llamó.

Fueron sus segundas vacaciones desde la pandemia: las primeras fueron aquellas en las que surfeó en Portugal, donde explicó que se le vio sin mascarilla en la playa porque en el país vecino no se requiere su uso. «El surf lo hago muy mal, pero me lo paso muy bien», apuntó. Sus otros deportes favoritos son la escalada, el windsurf y el rugby.

Presuntamente bajo de forma
Calleja ofreció uno de sus clásicos menús deportivos imbatibles: tierra, mar y aire. Así, vimos a Simón caminando, pedaleando, escalando, buceando y volando. No podemos decir que acudiese a la cita engañado: «Te tengo preparado un lío aquí de miedo», dijo ya de entrada el leonés. A sus 57 años, el rostro (informativo) de la pandemia dio el callo y estuvo a la altura física, aunque de entrada fue de farol: «Estoy muy bajo de forma, pero sé sufrir, no te imaginas lo bien que sé sufrir», dijo antes del inicio de la aventura el médico, que lamentó haberse pasado «sentado los últimos nueve meses», por los motivos laborales que todos conocemos.

Como es habitual, Calleja aprovechó la complicidad creada en la práctica deportiva para plantear cuestiones personales y laborales en los momentos de relax. Así fue que Simón, como tantos otros antes, acabó hablando con el asturiano como si fuesen viejos amigos delante de una cerveza. El ayer, el hoy y el mañana de la pandemia de la covid-19 salió a colación, como también aspectos puramente familiares y, por tanto, mucho más íntimos del entrevistado.

La aventura se inició en el Castillo de Sant Elm, en Andratx, desde donde partieron en barca hacia Isla Dragonera, y de ahí, caminando cuesta arriba hasta el Far Vell, situado a unos 350 metros sobre el nivel del mar.

Fue en ese momento cuando se remontó al inicio de la crisis. «El problema en Europa se extendió cuando en Italia empezó a haber transmisión masiva», recordó. «Llegamos tarde», apuntó el presentador. «Ahí tenemos problemas de entender cómo funcionaba la enfermedad. La enfermedad, hasta ese momento se pensaba que se transmitía fundamentalmente a través de sintomáticos», replicó Simón, para apuntar después que hubo un cierre parcial en Italia, e intercambio de viajeros de ese país al nuestro. «Y es por ahí por donde entra el virus» a España, aseguró.

Sin influencia del 8-M
En nuestro país, «hasta el 9 o 10 de marzo no hubo un salto cualitativo», acotó. El 8 fue el día de las masivas manifestaciones feministas, recordó Calleja. «Eso no tiene nada que ver», dijo sobre las concentraciones del 8-M y particularmente de Madrid. «El riesgo de participar en esa manifestación era equivalente al riesgo de ir en el Metro todos los días en Madrid en aquel momento», categorizó.

«Vamos a hacer lo que hay que hacer. Cerrar la actividad no esencial. Nunca me hubiera imaginado que un presidente tuviera el valor de cerrar un país. Luego muchos lo han hecho. Pero me dije: ‘Ese hombre tiene mucho valor’. A mí al salir me flojeaban un poco las piernas».

¿Se actuó tarde? «Alguna decisión se podría haber tomado un poco antes. Alguna se podría haber tomado de forma más drástica. Alguna se podría haber tomado después. Pero lo que hemos hecho lo hemos hecho sabiendo que íbamos a salvar vidas. Pero ha habido gente que se ha muerto. Y cada uno de ellos pesa».

Tras gastar suela, tocó darle caña al pulmón. Cuando uno escucha cuevas y Mallorca, la mente de la mayoría se va a las cuevas del Drach, y, si es muy cinéfilo, de aquella memorable escena de «El verdugo». Pero Calleja está lejos de caer en lo convencional, así que llevó a su invitado a Ses Lágrimes, descubierta en 1999. «Me siento un auténtico invasor sin ningún derecho a estar aquí. ¿Qué puñetas hago yo aquí?», reflexionó el médico entre estalactitas y estalagmitas. Los corredores naturales le dejaron impresionado. «Arrastrado pero contento», avanzó y avanzó hasta una gran galería central con unas impresionantes columnas obra de la señora Naturaleza. Y quedó «sobrecogido».

Deportista y amante de la aventurero, tenía
Simón
una
asignatura pendiente
: volar en
globo aerostático
. Ya no. La aprobó en
Cala Millor
.

Antes, habló de los políticos con los que ha trabajado. «Yo no he tenido grandes influencias de uno o de otro a la hora de desarrollar el trabajo. Nadie ha tratado de controlar el trabajo que hacemos», subrayó.

Con la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría trabajó cuando el ébola, «Me pareció una persona súper operativa, con una capacidad de toma decisiones espectacular. Igual que me lo parece ahora el presidente o el ministro Illa. Son gente que no están ahí por casualidad», destacó.

Fue en ese momento, a muchos pies de altura, cuando el epidemiólogo conectó su toma de tierra y se puso familiar y evocativo. «Mi padre siempre me decía: ‘Hijo, aún estoy esperando que hagas psiquiatría para quedarte con la consulta. Y este año me dijo: ‘Qué bien que no me hiciste caso. Estoy orgulloso de la carrera profesional que has llevado’».

Del aire, a la tierra. La del municipio de Buñola, donde Calleja y Simón, ya uña y carne a esas alturas, emprendieron una ruta en bici eléctrica.

Escalaron y escalaron, pero en bici, a lo Perico Delgado. Y después pararon. Para seguir hablando. De cómo nos tenemos que relacionar los españoles. «No tenemos que cambiar la forma de ser. Tenemos que cambiar algunos detalles sin dejar de ser quiénes somos. No hay ningún problema en que nos relacionemos parecido, con un poquito más de distancia. En que nos sigamos queriendo, pero con menos abrazos». «Los mayores no han de tener miedo. Han de ser prudentes», recomendó.

Después el leonés le preguntó que impresión le causa la política, él que la conoce tan de cerca.

– Simón: Yo no quiero ser político, no es mi mundo.

– Calleja: ¿No te atrae nada ser político?

– Simón: No es mi mundo. Quizá hablo demasiado, quizá soy demasiado idealista, quizá soy demasiado práctico para las cosas que no son mi práctica profesional.

Buceo en la Isla del Toro
La bici fue un aperitivo comparado con lo que vino después. El médico sí tenía aprobada la asignatura del buceo, pero el problema es que hace mucho tiempo de ello. Dos decenios. Pero ya dice la canción que veinte años no es nada. En la
Isla del Toro
,
Simón
se dio de bruces con
morenas
,
barracudas
,
dentones
y
meros
. Lo acompañaron en la aventura subacuática el presentador y
María March
, una clásica del programa.,
El hombre que más minutos de televisión ha acaparado en el año más extraño de lo que va siglo fue el protagonista de una edición especial de «Planeta Calleja». Hablamos, claro, del zaragozano Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES).

Consciente del interés suscitado por su invitado especial, ya incluso desde el momento del rodaje, Mediaset hizo tantos avances de la entrevista que acabó haciendo un «spoiler» de libro. Antes de empezar la emisión, ya sabíamos qué sitios habían visitado juntos, qué impresión le causó al empático presentador el famoso funcionario y también buena parte de las reflexiones del médico epidemiólogo.

«Le he invitado para escuchar su historia, la de un funcionario público anónimo lanzado de repente al corazón de la tragedia sanitaria más importante que hemos conocido». Así arrancó el presentador el programa, por cuyo rodaje en

Mallorca
su protagonista sacrificó cuatro de sus siete días de vacaciones. La gente de su entorno le decía que, tras tantos minutos de tele, lógicamente ya era un famoso: «Yo no seré famoso hasta que me llame Calleja», les contestaba Simón. Y Calleja le llamó.

Fueron sus segundas vacaciones desde la pandemia: las primeras fueron aquellas en las que surfeó en Portugal, donde explicó que se le vio sin mascarilla en la playa porque en el país vecino no se requiere su uso. «El surf lo hago muy mal, pero me lo paso muy bien», apuntó. Sus otros deportes favoritos son la escalada, el windsurf y el rugby.

Presuntamente bajo de forma
Calleja ofreció uno de sus clásicos menús deportivos imbatibles: tierra, mar y aire. Así, vimos a Simón caminando, pedaleando, escalando, buceando y volando. No podemos decir que acudiese a la cita engañado: «Te tengo preparado un lío aquí de miedo», dijo ya de entrada el leonés. A sus 57 años, el rostro (informativo) de la pandemia dio el callo y estuvo a la altura física, aunque de entrada fue de farol: «Estoy muy bajo de forma, pero sé sufrir, no te imaginas lo bien que sé sufrir», dijo antes del inicio de la aventura el médico, que lamentó haberse pasado «sentado los últimos nueve meses», por los motivos laborales que todos conocemos.

Como es habitual, Calleja aprovechó la complicidad creada en la práctica deportiva para plantear cuestiones personales y laborales en los momentos de relax. Así fue que Simón, como tantos otros antes, acabó hablando con el asturiano como si fuesen viejos amigos delante de una cerveza. El ayer, el hoy y el mañana de la pandemia de la covid-19 salió a colación, como también aspectos puramente familiares y, por tanto, mucho más íntimos del entrevistado.

La aventura se inició en el Castillo de Sant Elm, en Andratx, desde donde partieron en barca hacia Isla Dragonera, y de ahí, caminando cuesta arriba hasta el Far Vell, situado a unos 350 metros sobre el nivel del mar.

Fue en ese momento cuando se remontó al inicio de la crisis. «El problema en Europa se extendió cuando en Italia empezó a haber transmisión masiva», recordó. «Llegamos tarde», apuntó el presentador. «Ahí tenemos problemas de entender cómo funcionaba la enfermedad. La enfermedad, hasta ese momento se pensaba que se transmitía fundamentalmente a través de sintomáticos», replicó Simón, para apuntar después que hubo un cierre parcial en Italia, e intercambio de viajeros de ese país al nuestro. «Y es por ahí por donde entra el virus» a España, aseguró.

Sin influencia del 8-M
En nuestro país, «hasta el 9 o 10 de marzo no hubo un salto cualitativo», acotó. El 8 fue el día de las masivas manifestaciones feministas, recordó Calleja. «Eso no tiene nada que ver», dijo sobre las concentraciones del 8-M y particularmente de Madrid. «El riesgo de participar en esa manifestación era equivalente al riesgo de ir en el Metro todos los días en Madrid en aquel momento», categorizó.

«Vamos a hacer lo que hay que hacer. Cerrar la actividad no esencial. Nunca me hubiera imaginado que un presidente tuviera el valor de cerrar un país. Luego muchos lo han hecho. Pero me dije: ‘Ese hombre tiene mucho valor’. A mí al salir me flojeaban un poco las piernas».

¿Se actuó tarde? «Alguna decisión se podría haber tomado un poco antes. Alguna se podría haber tomado de forma más drástica. Alguna se podría haber tomado después. Pero lo que hemos hecho lo hemos hecho sabiendo que íbamos a salvar vidas. Pero ha habido gente que se ha muerto. Y cada uno de ellos pesa».

Tras gastar suela, tocó darle caña al pulmón. Cuando uno escucha cuevas y Mallorca, la mente de la mayoría se va a las cuevas del Drach, y, si es muy cinéfilo, de aquella memorable escena de «El verdugo». Pero Calleja está lejos de caer en lo convencional, así que llevó a su invitado a Ses Lágrimes, descubierta en 1999. «Me siento un auténtico invasor sin ningún derecho a estar aquí. ¿Qué puñetas hago yo aquí?», reflexionó el médico entre estalactitas y estalagmitas. Los corredores naturales le dejaron impresionado. «Arrastrado pero contento», avanzó y avanzó hasta una gran galería central con unas impresionantes columnas obra de la señora Naturaleza. Y quedó «sobrecogido».

Deportista y amante de la aventurero, tenía
Simón
una
asignatura pendiente
: volar en
globo aerostático
. Ya no. La aprobó en
Cala Millor
.

Antes, habló de los políticos con los que ha trabajado. «Yo no he tenido grandes influencias de uno o de otro a la hora de desarrollar el trabajo. Nadie ha tratado de controlar el trabajo que hacemos», subrayó.

Con la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría trabajó cuando el ébola, «Me pareció una persona súper operativa, con una capacidad de toma decisiones espectacular. Igual que me lo parece ahora el presidente o el ministro Illa. Son gente que no están ahí por casualidad», destacó.

Fue en ese momento, a muchos pies de altura, cuando el epidemiólogo conectó su toma de tierra y se puso familiar y evocativo. «Mi padre siempre me decía: ‘Hijo, aún estoy esperando que hagas psiquiatría para quedarte con la consulta. Y este año me dijo: ‘Qué bien que no me hiciste caso. Estoy orgulloso de la carrera profesional que has llevado’».

Del aire, a la tierra. La del municipio de Buñola, donde Calleja y Simón, ya uña y carne a esas alturas, emprendieron una ruta en bici eléctrica.

Escalaron y escalaron, pero en bici, a lo Perico Delgado. Y después pararon. Para seguir hablando. De cómo nos tenemos que relacionar los españoles. «No tenemos que cambiar la forma de ser. Tenemos que cambiar algunos detalles sin dejar de ser quiénes somos. No hay ningún problema en que nos relacionemos parecido, con un poquito más de distancia. En que nos sigamos queriendo, pero con menos abrazos». «Los mayores no han de tener miedo. Han de ser prudentes», recomendó.

Después el leonés le preguntó que impresión le causa la política, él que la conoce tan de cerca.

– Simón: Yo no quiero ser político, no es mi mundo.

– Calleja: ¿No te atrae nada ser político?

– Simón: No es mi mundo. Quizá hablo demasiado, quizá soy demasiado idealista, quizá soy demasiado práctico para las cosas que no son mi práctica profesional.

Buceo en la Isla del Toro
La bici fue un aperitivo comparado con lo que vino después. El médico sí tenía aprobada la asignatura del buceo, pero el problema es que hace mucho tiempo de ello. Dos decenios. Pero ya dice la canción que veinte años no es nada. En la
Isla del Toro
,
Simón
se dio de bruces con
morenas
,
barracudas
,
dentones
y
meros
. Lo acompañaron en la aventura subacuática el presentador y
María March
, una clásica del programa.

Por